Personas que rompen promesas: los falsos ilusionistas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 3 agosto, 2018
Valeria Sabater · 3 agosto, 2018

Las personas que rompen promesas un día sí y otro también son falsos ilusionistas. Son perfiles que minan poco a poco el lazo de la confianza para alimentarnos solo de decepciones, de papel mojado, de palabras que lejos de llevarse el viento se quedan para siempre en el rincón de las desilusiones. Porque al fin y al cabo, lo que cuenta en una relación no son las promesas, son los actos cumplidos.

Hay muchos especialistas en el campo de las relaciones que afirman algo en lo que reflexionar: cuantas menos promesas hagamos mucho mejor. Ahora bien, habrá quien esté de acuerdo con esta afirmación; sin embargo, hay otro aspecto que no podemos dejar de lado.

El ser humano necesita seguridad a la hora de crear vínculos con sus semejantes. Las promesas, por tanto son declaraciones de intención con las que afianzar la confianza ante una amplia gama de eventos interpersonales.

“La fuente que es promesa el mar solo la cumple”.

-Luis Cernuda-

Los niños, por ejemplo, necesitan ese tipo de afirmaciones por parte de sus progenitores para experimentar sensación de seguridad a corto y largo plazo. “Papá te promete que cuando salgas del cole irá a recogerte y pasaremos un rato en el parque”.

Asimismo, a nivel de pareja ocurre casi lo mismo: las promesas son altamente valiosas porque añaden ese componente donde las expectativas se revisten de ilusión y certezas. Nos sentimos amados y unidos por un compromiso firme.

Romper una promesa es por tanto la forma más rápida de deteriorar una relación. Más aún si esa persona, es un claro reincidente, un falso ilusionista habituado a alimentar a su entorno con decepciones constantes.

Corazones representando el efecto de las personas que rompen promesas

Personas que rompen promesas, ¿por qué lo hacen?

A menudo, descuidamos un aspecto cuando no dudamos en criticar aquello que hacen o no hacen los demás. A saber, el ser humano es tremendamente complejo, tanto que en ocasiones nos podemos mostrar ambivalentes sin apenas darnos cuenta. Es decir, hay personas que rompen promesas de forma abierta e incluso malintencionada, no hay duda. Sin embargo, hay perfiles que llevan a cabo estos comportamientos por realidades internas de las que no son plenamente conscientes.

A veces es por inseguridad, por no saber dar una negativa cuando nuestro hijo nos pide que le prometamos esto y aquello. Otras veces (la gran mayoría) nos dejamos llevar por esos instantes puntuales de intimidad, bienestar e ilusión donde las promesas emergen solas como la espuma. Las mismas que más tarde se acaban desvaneciendo como el agua que se escapa por las cañerías de una bañera.

Así, algo que deberíamos tener en cuenta sobre la práctica de romper promesas es que no solo decepcionamos a quienes más amamos, también se erosiona parte de nuestra autoestima. El daño efectuado tiene efectos directos pero también colaterales. Se crean conflictos emocionales, perdemos la honestidad y damos forma a entornos familiares habitados por esa enemiga voraz que ocasiona auténticos estragos: la desconfianza.

Veamos a continuación qué puede haber detrás de las personas que rompen promesas.

La personalidad pasivo-agresiva

La personalidad pasivo-agresiva tiene una característica recurrente. Hablamos de esa donde en ciertos momentos, esas figuras se muestran solícitas, amables y corresponden con gran efusividad a todas nuestras opiniones y demandas. Aún más, ellos mismos nos alimentarán con mil y un sueños y propuestas que realizar en común. No obstante, al poco no dudarán en romper cada promesa hecha hace solo unos días o un momento.

Nos contradecirán con rotundidad, afirmarán incluso que jamás llegaron a tal acuerdo, a tal promesa, a tal propuesta. La personalidad pasivo-agresiva es sin duda una gran adicta a romper promesas.

El autoengaño

Hablábamos hace un momento de que las personas que rompen promesas no son todas iguales. Hay quien no es consciente de ello o no tiene la misma mala fe que evidencia por ejemplo, la personalidad pasivo agresiva.

  • Hay quien se deja llevar por el autoengaño, por creer que podrá hacer eso y lo otro. Son perfiles que no calibran la realidad de forma objetiva y que se dejan llevar por la emoción del momento haciendo promesas que sencillamente, no pueden cumplir.
  • Son perfiles a menudo inmaduros que no son conscientes de sus limitaciones. Sin embargo, esas promesas las realizan a menudo de corazón, proyectan cosas con las personas que más quieren empapándose también de esa misma ilusión.

Cabe señalar además que en este caso el impacto de esos acuerdos rotos afecta también a la propia persona. Estas dinámicas donde uno mismo acaba consumiéndose en sus propios fracasos y en las decepciones que genera en los demás, deriva en un alto desgaste psicológico.

chica sosteniendo imagen de un cuadro que simboliza a las personas que rompen promesas

Ilusionar para obtener algo a cambio

Hay promesas de doble cara. Acuerdos de los que obtener algo a cambio. Esto lo vemos a menudo en nuestras relaciones de pareja e incluso en las familiares, ahí donde alguien hace una promesa con la condición de que la otra persona haga algo por la primera.

Este fin de semana haremos una escapada a la playa si primero me ayudas con este proyecto del trabajo” o “Mamá te promete que te llevará al cumpleaños de Marcos si primero apruebas el examen de mates”.

Ahora bien, cuando una de las partes cumple la condición, se da cuenta de que la otra persona incumple la promesa realizada. Esto puede darse de forma puntual (a veces rompemos promesas porque acontecen hechos casuales que no podemos evitar). Sin embargo, hay perfiles habituados a realizar este tipo de manipulaciones, de chantajes al fin y al cabo.

Miedo a decir “no”

Hay personas que rompen promesas por falta de asertividad. Perfiles que actúan como falsos ilusionistas por no saber decir “no” cuando alguien le pide algo, cuando la pareja, los hijos o ese amigo les proponen algo en lo que hay que comprometerse. Así, bien por no saber poner límites o por clara inseguridad, acaban responsabilizándose de algo que saben que no van a cumplir.

Poco a poco la sensación de incompetencia, de incomodidad y malestar consigo mismos les va pesando mucho más. Sobre todo cuando piden ser perdonados y deben hacer frente al rechazo y a la decepción impresa en los rostros ajenos.

chico con barba simbolizando a las personas que rompen promesas

Para concluir, las personas que rompen promesas no siempre lo hacen con mala fe o con la clara intención de hacer daño. A menudo, tras dichos comportamientos tenemos perfiles que necesitan trabajar diferentes áreas de su personalidad. Es gente que libra complejas batallas internas y que están obligadas a desarrollar dimensiones como la asertividad, la autoconfianza, la responsabilidad y a entender el auténtico sentido contenido en las promesas.

Una promesa es un acto de responsabilidad que parte primero de la fe en uno mismo. Si esta no existe, difícilmente cumpliremos con los demás.