Poder o no poder: alas o límites

06 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Muchas veces utilizamos la afirmación "no puedo" como excusa para no enfrentar retos. La realidad es que, cuanto más la repites, más disminuye tu confianza.

Hay algo esencial que separa a quienes lo consiguen de quienes ni tan siquiera lo intentan. Y no estamos hablando de su capacidad, si no de su confianza. Poder o no poder es, en una gran parte de las ocasiones, cuestión de actitud. Muchas veces no existe en nosotros una incapacidad real para llevar a cabo aquello que se nos plantea, el límite surge íntegramente de nuestra mente.

Lo interesante es que nuestras creencias tienden a verse, tarde o temprano, plasmadas en la realidad. A modo de profecía autocumplida lo que crees de ti mismo termina llevándote en la dirección que confirme dicha idea. Por ello, antes de afirmar que no puedes lograr algo, piénsalo.

No puedo

“No puedo”. Son muchas las personas que tienen estas dos palabras completamente integradas en su vocabulario diario. Sin darle importancia las repiten una y otra vez, empleándolas como excusa ante numerosos retos. De lo que no son conscientes es de que nuestro cerebro se cree todo lo que le decimos, y si le afirmamos una y otra vez que somos incapaces, lo creerá.

Palabras no puedo

De este modo, esta afirmación va minando día a día nuestra seguridad y confianza en nosotros mismos. Se vuelve una respuesta automática y tan integrada que ni siquiera nos damos la oportunidad de probar. Cuanto más dices “no puedo”, más te convences a ti mismo de que esto es así.

Por ejemplo, una persona se dispone a aparcar un coche por primera vez en una calle transitada. Su falta de seguridad lo lleva a ponerse nervioso, bajar del vehículo y pedir a su acompañante que aparque en su lugar. Así, debido a la evitación, cada vez que haya de enfrentarse a una situación similar se sentirá menos capaz y menos proclive a intentarlo.

Pero el fenómeno va mucho más allá. Si un día decide armarse de valor e intentarlo, su diálogo interno se mantendrá constantemente repitiéndole que no puede. De este modo la ansiedad se apoderará de su organismo impidiéndole poner en práctica sus habilidades. El resultado será desastroso y la creencia habrá quedado confirmada: realmente no podía.

La realidad es que, seguramente contase con los recursos necesarios para hacerlo, pero la ansiedad los bloqueó por completo. La limitación, que provenía únicamente de su mente, terminó plasmándose en la realidad.

Mujer con miedo mirando hacia atrás en el camino

Puedo y lo haré

Por otro lado, la persona que cree que puede, evidentemente no habrá nacido con los conocimientos para llevar a cabo cualquier hazaña. No obstante, su confianza le permitirá practicar y desarrollar sus recursos, hasta que finalmente logre lo que se ha propuesto.

Siguiendo con el ejemplo del coche, ante el reto de aparcar por primera vez la persona que confía en si misma enfrentará la situación con tranquilidad. Consciente de que es normal fallar en los primeros intentos, pero seguro también de que es tan capaz como cualquier otra persona de conseguirlo.

Tal vez en las primeras ocasiones necesitará realizar muchas maniobras pero cada intentó lo hará sentir más orgulloso y confiado. Y, en poco tiempo logrará aparcar sin complicaciones. En este caso la creencia también se cumple: finalmente ha podido, pero sólo porque se ha dado la oportunidad de intentarlo. 

Nuestras creencias pueden proporcionarnos alas o ponernos grandes límites. De nosotros depende alimentar un tipo u otro de pensamientos. En nuestra mano está convertir nuestra mente en nuestro mejor aliado o en nuestro juez más severo. Pero hemos de ser conscientes de que las consecuencias que se derivan de cada elección son contundentemente distintas.

Niño vestido de superhéroe con una máscara y una capa rojas

Poder o no poder: una decisión

Si llevas toda una vida saboteando tus oportunidades y tus intentos, es el momento de cambiar de prisma. Destierra de tu vocabulario las palabras “no puedo” y sustitúyelas por “soy capaz de hacerlo”.  Huye del perfeccionismo, el error es una parte fundamental del camino hacia el éxito. Tienes derecho a intentarlo y fallar tantas veces como sea necesario. Pues, además, cada vez que enfrentes tus miedos (aunque no logres tu objetivo) estarás ganando en confianza.

Cada vez te resultará más sencillo asumir retos, cada vez tendrás menos temor a fracasar. A medida que tu seguridad crezca el miedo se irá desvaneciendo. Conviértete en tu propio entrenador personal: confía en tus capacidades y recuérdate a cada instante que eres plenamente capaz de lograrlo. De ti depende construir la valentía y la confianza o permanecer estancado en la limitación.

  • Bertoglia Richards, L. (2008). La ansiedad y su relación con el aprendizaje. Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad4(1), 13-18.
  • Pitoni, D., & Rovella, A. (2013). Ansiedad y perfeccionismo: su relación con la evaluación académica universitaria. Enseñanza e investigación en Psicología18(2), 329-341.