¿Por qué algunas personas temen al amor?

14 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Bernardo Peña Herrera
Tan complicado es poder expresar qué sentimos cuando amamos, como explicarnos por qué algunas personas rechazan el amor

EL amor es maravillo, algo difícil de explicar con palabras. Como dice el dicho: «el amor mueve montañas». Sin embargo, seguramente alguna vez hallamos conocido a alguien que desea permanecer soltero por motivos difíciles de comprender para nosotros (y conste que no lo estamos juzgando, que tiene libertad de vivir como quiera, faltaría más).

Nos preguntamos entonces qué puede estar pasando… Tal vez sea una persona agraciada, exitosa en lo personal y lo profesional y que cuenta con multitud de pretendientes. Sin embargo, no parece tener interés en formar una familia o tener una relación con nadie. ¿Qué puede estar pasando? ¿Es posible que este sea un caso de miedo al amor? Si es así, en qué consiste y cuáles son las razones por las que esto se da.

¿Por qué algunas personas temen al amor?

Tal vez estas sean algunas de las razones por las cuales ciertas personas evitan enamorarse.

1. Miedo al dolor

Posiblemente sea la primera y más común de las razones. Al enamorarnos nos arriesgamos a que nos hieran. Mostramos nuestro lado más sensible, vulnerable e íntimo para permitir que el otro nos conozca. Por este motivo, nos exponemos a sufrir.

Es posible que, en el fondo, no tengamos un buen concepto de nosotros mismos, tengamos inseguridades, no nos guste algo de nuestro cuerpo, de nuestra vida o que tengamos algún trauma o complejo que no queramos compartir con nadie más. Desde este punto de vista, es comprensible el hecho de evitar abrirse con alguien más.

2. Miedo a no ser correspondido y a no corresponder el amor

A pesar de que se repite continuamente que debemos amar a quien nos ame de igual manera, la experiencia nos enseña que el amor no necesariamente es equitativo. Sin embargo, al aceptar el riesgo de entablar una relación con una persona, aun cuando pensamos que no la queremos con la misma intensidad que esta nos quiere (o viceversa), nos abrimos a la oportunidad de desarrollar un sentimiento más profundo.

No hay que olvidar que el primer impulso en el amor, la infatuación o encaprichamiento es un periodo breve que termina rápidamente. El amor debe alimentarse diariamente y tener unos cimientos muy sólidos, que no se vengan abajo a la primera dificultad.

3. Miedo a romper con los lazos familiares por culpa del amor

Consciente o inconscientemente, sabemos que tener una pareja puede significar el paso más firme hacia la madurez, y esto a veces provoca temor. Aun cuando no tengamos que mudarnos lejos de los seres queridos o dejarnos de preocupar por ellos y atenderlos, la pareja exige de nosotros mucha atención y tiempo.

Tiempo que ya no ofreceremos a las personas a quienes asociamos con nuestra infancia. Al madurar y volvernos independientes, adquirimos responsabilidades con nosotros mismos y con otras personas. Somos más libres, pero también más vulnerables.

4. Miedos existenciales

Cuando amamos, apreciamos el valor real de las cosas. La salud, la compañía, la cotidianidad, nos parecen regalos invaluables. Entonces somos conscientes de que nos pueden ser arrebatados en un instante, al igual que la vida. Todo ese castillo de naipes se vendría abajo y, tal vez, no sabríamos ni qué hacer.

Curiosamente, al amar a alguien nos volvemos más sensibles y esto puede ayudarnos a valorar otras muchas cosas. Por ejemplo, el amor y las relaciones profundas suelen hacernos conscientes de la mortalidad, tanto propia como ajena.

5. Miedo a salir de la zona de confort

Es muy fácil acostumbrarse a la soledad y a la comodidad de nuestra vida egoísta y de nuestras rutinas, aun cuando no nos permitan ser felices. Sabemos que para tener una vida más plena debemos realizar cambios en nuestros hábitos y forma de pensar, pero la inercia y el miedo a lo desconocido muchas veces nos hacen preferir quedarnos donde estamos.

Vivir enamorados nos obliga a darnos cuenta de lo felices que podemos ser si nos aventuramos a ceder parte de nuestro protagonismo y cambiar. Y eso, de por sí, para muchos puede resultar atemorizante.

Para finalizar, y en honor a la verdad, todas las relaciones presentan un sinnúmero de desafíos. Sin embargo, muchas veces no son mayores que enfrentarse a una vida en soledad. Por ello, si nuestra intención es construir un vínculo satisfactorio a largo plazo, se vuelve indispensable conocer nuestros propios miedos y de qué manera influyen en nuestro comportamiento.