¿Por qué me afectan tanto las cosas?

09 Febrero, 2021
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Sientes que últimamente todo te afecta? ¿Te notas superado por muchas de las cosas que te rodean? Es momento de tomar conciencia de que estás al límite de tus fuerzas y que debes hacer cambios...

“¿Por qué me afectan tanto las cosas?”, “¿Por qué últimamente todo me preocupa, me duele y hasta me bloquea?”. Muchos dirán que tienes la piel muy fina y que quizá sobredimensionas en exceso lo que te sucede. Tal vez. Ahora bien, puede que en realidad tras ese malestar constante y ese umbral más sensible, exista una realidad psicológica que estás descuidando.

Estrés, ansiedad, agotamiento emocional… Podríamos justificar que la forma en que nos afectan las cosas en un momento dado puede partir de una condición mental determinada. Bien es cierto que el estrés eleva la susceptibilidad y que la ansiedad, por su parte, hace de un grano de arena una montaña. Sin embargo, hay factores más profundos e interesantes.

En ocasiones, nos encontramos con personas que pierden la calma y el equilibrio emocional ante aspectos insignificantes. Así, ante aquellos eventos mas serios y trascedentes, se sienten completamente superadas e incapaces de aplicar medidas de afrontamiento. Más allá de lo que podamos pensar estas realidades psicológicas son una constante en terapia.

Comprendamos por tanto a qué se debe y qué deberíamos hacer.

Hombre preocupado preguntándose ¿Por qué me afectan tanto las cosas?

Razones de por qué me afectan tanto las cosas

No eres de piedra, tu corazón no es de aluminio ni tus neuronas están hechas de grafeno. Todos somos de carne, hueso y emociones, por tanto, es normal que de vez en cuando el mundo nos duela y determinadas cosas nos afecten. El problema está en ese momento en el que casi cualquier aspecto del día a día nos turba e inflama los miedos, las angustias y las preocupaciones.

De este modo, para empezar a comprender por qué me afectan las cosas, debo visualizar un vaso lleno de agua. El líquido que contiene son mis emociones rebosando y apunto de derramarse. Basta cualquier movimiento, temblor y hasta un ligero suspiro para notar cómo estoy al límite, a punto de explotar y hasta de verter todo lo que se contiene en mi interior.

Ahora bien ¿por qué mis emociones se encuentran a ese nivel? Lo analizamos a continuación.

El pensamiento excesivo que alimenta la preocupación patológica

Rumiar, darle mil vueltas a las cosas, llenar las noches de preocupaciones y las mañanas de cavilaciones. No dar tregua al cerebro. Pasarnos semanas pensando las cosas sin tomar ninguna decisión. Imaginar lo peor y sufrir por ello. Obsesionarnos con el “qué pasaría si’ y el “debería” hasta hacer de nuestra mente un juez implacable que siempre nos castiga, por no hacer esto y lo otro…

Todas estas dinámicas y flujos mentales alimentan el malestar y logran que todo nos afecte más de la cuenta. De este modo, estudios como los realizados en la Universidad de Emory, por ejemplo, inciden en que el pensamiento excesivo es el lenguaje de la angustia y esto puede ser origen no solo de malestar psicológico, también de problemas de salud.

¿Qué puedo hacer?

El pensamiento excesivo no se apaga diciéndonos aquello de “pues ahora voy a pensar menos”. En realidad, la mente es como una fábrica que nunca deja de producir ideas, imágenes y razonamientos. La clave está en lograr que ese pensamiento sea útil. Si algo me preocupa, lo resuelvo. Si no puedo resolverlo, lo acepto y oriento mi enfoque a nuevos intereses.

La herida emocional abierta

La razón de por qué me afectan tanto las cosas puede estar en mi pasado: en un trauma no resuelto. Hay heridas que permanecen abiertas y esto puede hacer que todo me roce, que todo me duela en exceso porque hay una lesión emocional que no he atendido aún. Es por ello que a veces reacciono de manera desproporcionada ante aspectos que en apariencia no son importantes. Mi umbral de sufrimiento es muy sensible y de ahí, la afección.

¿Qué puedo hacer?

Los traumas y las improntas de dolores del ayer deben afrontarse a través de terapia psicológica. Debemos entender que muchas veces los traumas no son el resultado de un hecho puntual. El hecho de no haberlos gestionado en su día hace que esa herida se le hayan añadido otras con el paso del tiempo.

A la hora de afrontar estas realidades, es necesario trabajar los pensamientos intrusivos, manejar las emociones asociadas a los recuerdos traumáticos y a su vez recuperar la sensación de seguridad.

chica pensando en ¿Por qué me afectan tanto las cosas?

¿Por qué me afectan tanto las cosas? La sobrecarga que trae la insatisfacción

Estás al límite, sobrecargado, agotado y lo que es peor: te sientes infeliz. Tal como hemos señalado al inicio, cuando uno se pregunta aquello de por qué me afectan tanto las cosas, es fácil pensar que todo se debe al estrés y la ansiedad. Pero cuidado, el estrés y la ansiedad son síntomas de algo subyacente, no entidades delimitadas que lo expliquen todo por sí mismas.

Así, en muchos casos lo que sucede es que nos sentimos insatisfechos con la vida que llevamos. Puede que ese trabajo esté apagando la motivación, la dignidad, la autoestima. Es posible también que estemos en una relación afectiva infeliz. Hay múltiples factores que dejan la marca de la insatisfacción y cuando no la atendemos, todo nos afecta.

¿Qué puedo hacer?

Si todo te enerva, molesta, duele, afecta o turba… reacciona. Descubre la raíz de ese estado emocional y trata los desencadenantes. Si no actúas y no tomas una decisión valiente, la insatisfacción derivará en una depresión y entonces el sufrimiento será mayor. No normalices el malestar presente y transfórmalo en esperanzas renovadas a través de pequeños cambios o cambios drásticos. 

Para concluir, si bien es cierto que cada cual se toma las cosas de una manera, hay épocas en que todo pesa y duele en exceso. No dejemos para mañana esa sensación y atendámonos como merecemos: con afecto, responsabilidad y compasión.

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