Preocupaciones tipo 1 y tipo 2: ¿en qué se diferencian?

22 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
¿Crees que preocuparse es útil para hallar soluciones? ¿Piensas que quienes no se preocupan son unos irresponsables? Descubre cómo tus creencias afectan tu día a día.
 

Todos experimentamos preocupaciones en algún momento. Estas cumplen una importante función, pues nos orientan y nos preparan para actuar solucionando problemas y previniendo peligros. Sin embargo, en aquellas personas con una cierta predisposición, pueden alcanzar un nivel patológico. Así, diferenciar entre preocupaciones tipo 1 y tipo 2 puede ayudarnos a comprender cómo algo tan cotidiano puede dar lugar a un trastorno. 

Esta distinción fue propuesta en el modelo metacognitivo de Wells para el trastorno de ansiedad generalizada. Sin embargo, sus postulados pueden aplicarse sin necesidad de padecer esta condición. De tal forma, si la preocupación se ha convertido en un problema para ti, conocer cómo funciona la mente te permitirá tomar mejores decisiones. 

Mujer con ansiedad pensando que «Podría ser peor»

La preocupación patológica

Antes de adentrarnos en las preocupaciones tipo 1 y tipo 2, es importante definir el momento en el que la preocupación pasa de natural a patológica. Esto sucede, en primera instancia, cuando se presenta con demasiada frecuencia, demasiada intensidad o ante acontecimientos con muy baja probabilidad de ocurrir.

 

Pero, sobre todo, se vuelve patológica cuando deja de cumplir su función. Es decir, preocuparse ha de ser siempre el preámbulo de una acción; la bandera roja que nos indica que hay un asunto del que debemos ocuparnos. Cuando nos quedamos estancados en este primer paso, rumiando una y otra vez la misma secuencia de pensamientos y sin pasar a la acción, algo va mal.

Además, dentro de esta aprensión disfuncional podemos diferenciar entre preocupaciones tipo 1 y tipo 2 en función del tipo de creencias que las mantienen. Son estas ideas las que debemos revisar para salir del círculo vicioso la preocupación.

Diferencias entre preocupaciones tipo 1 y tipo 2

Creencias positivas

Las preocupaciones tipo 1 no tienen nada de extraordinario. Pueden versar sobre temas cotidianos como el empleo, la familia, la salud o la vida social. Lo que ocurre es que surgen con demasiada frecuencia, intensidad y que no promueven una acción. La persona continúa preocupándose porque mantiene una serie de creencias positivas al respecto:

  • «Preocuparme por algo hace menos probable que ocurra». Esta creencia es muy común y se mantiene debido a que en la mayoría de las ocasiones lo que tememos es muy improbable. Así, cuando finalmente no sucede, nos convencemos de que lo hemos evitado gracias a la preocupación.
 
  • «Preocuparme me ayuda a descubrir maneras de evitar aquello que temo». Muchas veces tenemos la sensación de que dando vueltas mentalmente a un tema hallaremos una solución adecuada. Esto sería positivo en un inicio; más cuando hemos realizado el mismo recorrido mental numerosas veces, seguir rumiando solo mantendrá en ese ciclo sin fin.
  • «La preocupación me ayuda a prepararme para cuando el evento negativo ocurra». Esta afirmación, a pesar de estar bastante extendida, no es verdadera. Darle vueltas a la misma idea angustiante una y otra vez no nos ayudará a estar más preparados, solo nos privará de disfrutar el presente.

Pueden existir otras muchas creencias positivas como que preocuparnos nos hace ser mejores personas, individuos más empáticos o más responsables. En cualquier caso, todas estas ideas mantienen el hábito de preocuparse.

Creencias negativas

Sin embargo, cuando esta tendencia a la preocupación se ha mantenido durante largo tiempo, la persona comienza a desarrollar creencias negativas al respecto. Empieza a darse cuenta de cómo esto interfiere en su vida, del malestar que le provoca. Se hace consciente de que ha llegado a un punto en el que no puede controlar esas ideas repetitivas.

Esto genera lo que Wells denomina metapreocupación o preocupaciones tipo 2. Es decir, el individuo comienza a preocuparse por estar preocupado, pues ahora lo percibe como algo negativo. Por ende, trata de controlar y evitar estos pensamientos y, al no lograrlo, ve reafirmadas sus creencias de que son peligrosos e incontrolables. El resultado es una retroalimentación continua de la preocupación.

 
Hombre preocupado

¿Tienes preocupaciones tipo 1 y tipo 2?

Si sientes que la preocupación está excesivamente presente en tu día a día, interfiriendo con tu funcionamiento, presta atención a tus creencias. ¿Qué piensas acerca de preocuparse? ¿Crees que es positivo o peligroso? Si detectas en ti mismo alguna de las ideas anteriormente mencionadas, sería conveniente revisarlas.

Recuerda que la preocupación ha de ser puntual, justificada y proporcional. Pero, ante todo, debe motivarte a tomar acción. No te enredes en secuencias de pensamientos circulares, continua el proceso de solución de problemas hasta el final. Y, sobre todo, si te reconoces en alguno de estos patrones, no dudes en consultar con un profesional que pueda asesorarte.

 
  • Wells, A. (1995). Meta-cognition and worry: A cognitive model of generalized anxiety disorder. Behavioural and cognitive psychotherapy23(3), 301-320.
  • López, A. B. (1998). Trastorno de ansiedad generalizada. Recuperado de http://diposit. ub. edu/dspace/bitstream/2445/357/1/116. pdf.