¿Por qué me cuesta relacionarme con las personas?

26 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Te cuesta socializar? El origen no siempre está en la timidez o la introversión. En ocasiones, las dificultades para relacionarnos puede tener origen en nuestra educación, en terminados traumas e incluso en la ansiedad. Lo analizamos.
 

«Me cuesta relacionarme con las personas ¿hay algo fuera de lo normal en mí? ¿qué tipo de problema tengo?». Esta es una pregunta recurrente en quien experimenta dificultades para socializar, hacer amigos, encontrar pareja o moverse con asertividad en cualquier contexto. Más allá de lo que podamos creer, este es un problema bastante común.

Se dice que Agatha Christie tenía un miedo profundo a hacer comparecencias públicas y tener que realizar entrevistas. Jorge Luis Borges, por su parte, fue siempre un tímido consumado, hasta el punto mandar a su amigo Oliverio Girondo a sustituirle en cualquier tarea pública.

A ninguno se le daba bien eso de relacionarse, pero la verdad es que tampoco lo deseaban. Simplemente, preferían sus espacios seguros, su cotidianidad creativa. Quienes tienen limitaciones para socializar, en realidad, sí desean hacerlo, sí ansían tener una mayor resolución y don de gentes para moverse por la universidad, el trabajo, los locales de ocio y cualquier lugar donde sencillamente, haya otras personas.

 

Así, mientras figuras, como las ya citadas u otras, como Albert Einstein o los también escritores Cormac McCarthy o Harper Lee, mostraban evidentes rasgos de timidez, no todos los que tienen problemas de sociabilidad lo son realmente.

Comprendamos un poco más qué hay detrás de estos comportamientos.

Mujer tapándose la cara con una mano

Causas de por qué me cuesta relacionarme con las personas

Cuando una persona se pregunta a sí misma por qué me cuesta relacionarme con las personas lo hace pensando a su vez en algo bastante común. A saber que nuestra sociedad prima en exceso la extroversión, la apertura de carácter y a esa figura social dotada (en apariencia) de una habilidad suprema para conectar y destacar.

Sin embargo, asumir esta idea es, en cierto modo un error. Tanto introvertidos como extrovertidos pueden tener éxito social. Es más, también hay personalidades extrovertidas con claros problemas para relacionarse e incluso para construir relaciones. Señalamos esto por un hecho concreto: la dificultad para socializar de manera efectiva y feliz no siempre depende de la timidez o la introversión. Son un factor, es cierto, pero no el único.

 

Analicemos las causas con detalle.

Reglas relacionales internalizadas en la infancia

Un factor decisivo que explica nuestras habilidades o dificultades para relacionarnos está en nuestra infancia. La mayoría de nosotros hemos internalizado de manera inconsciente las reglas relacionales que nos inculcaron nuestros principales cuidadores. Si ya no tenían éxito en su día para ellos tampoco lo tendrán para nosotros.

Ocurre lo mismo con nuestra comunicación. Si las competencias lingüísticas de nuestros progenitores no eran muy hábiles y no interaccionaban mucho con nosotros, algo así, también presenta un efecto.

  • La presencia de unos cuidadores poco afectivos siempre ocasionará un impacto en las competencias verbales, emocionales y conductuales de un niño.
  • Tanto es así que podemos tener a chicos y chicas de carácter extrovertido con serias limitaciones en habilidades sociales y de relación, por efecto directo de esa crianza.
  • Por otro lado, los ambientes familiares disfuncionales, autoritarios o más aún, vivir en un entorno con escaso contacto social, también ocasiona esas limitaciones relacionales.
 

Dimensiones psicológicas y neurológicas

No todo tiene origen en nuestra infancia. En ocasiones, la razón del por qué me cuesta relacionarme con las personas tiene su desencadenante en factores psicológicos e incluso neurológicos.

Estos serían algunos de esos ejemplos:

  • Trastorno del espectro autista. Dentro de esta condición, está por ejemplo, el síndrome de asperger, el cual, en muchos casos puede pasar desapercibido. Ello explica por qué muchos adultos evidencian esos problemas en la interacción social.
  • La ansiedad y el estrés son factores que también limitan y entorpecen nuestras habilidades en materia de socialización.
  • Por otro lado, cabe destacar que condiciones psicológicas como el trastorno antisocial de la personalidad, la fobia social o la agorafobia también están detrás de estas dificultades. No obstante, en estos casos, son realidades en las cuales la propia persona rehúye o esquiva deliberadamente el contacto social.

La sensibilidad para la percepción sensorial

Hablábamos al inicio de cómo figuras como Agatha Christie o Borges rehuían el contacto social. Su evidente timidez, les hacía preferir los entornos seguros y evitar exponerse a situaciones que les generaban estrés y malestar. Bien, es imposible preguntarme por qué me cuesta relacionarme con las personas sin tener en cuenta uno de los factores más evidentes: la personalidad tímida.

 

Ahora bien, más que centrarnos en ese patrón de conducta, es interesante entender qué hay detrás. Las personas tímidas perciben el mundo exterior de forma diferente debido a lo que se conoce como sensibilidad para la percepción sensorial.

¿En qué consiste esta dimensión?

  • El cerebro de las personas tímidas es diferente. Por término medio, necesita más tiempo para reaccionar ante los estímulos.
  • Son más introspectivas y reflexivas, algo que les impide poder adaptarse a esos entornos sociales en los que hay que actuar rápido en cualquier situación.
  • Las multitudes, el ruido, los estímulos nuevos o exponerse a situaciones en las que no se tiene control, les genera estrés y malestar.

Todos estos factores nos hacen ver que la timidez, tiene también una base neurológica. No obstante, ello no impide que se puedan aprender adecuadas estrategias para mejorar la sociabilidad.

Amigos juntando manos
 

Me cuesta relacionarme con las personas ¿qué puedo hacer?

Todos podemos mejorar nuestras habilidades sociales. Aprender a relacionarnos para disfrutar de la interacción en cualquier entorno, está al alcance de cualquiera.

Estos serían algunos puntos de partida:

  • Busca situaciones en las que te sientas cómodo. Puedes hacer uso de las aplicaciones en línea para buscar gente con aficiones comunes.
  • Este es siempre un buen modo de encontrar personas parecidas a nosotros con las que sentirnos y seguros. Más tarde podemos ir abriéndonos a otros escenarios.
  • Reduce tu autoexigencia. Evita focalizarte tanto en ti, en el miedo a fallar, a no saber qué decir, a no gustar. Desplaza la mirada del interior al exterior para dejarte llevar, para disfrutar de las conversaciones espontáneas… No creas todo lo que te dice tu mente.
  • Apóyate en personas de tu confianza. Comparte tus miedos con ese alguien que te conoce y que puede guiarte.
  • Aprende técnicas para la gestión del estrés y la ansiedad social.
 
  • Fortalece tus habilidades sociales: comunicación, asertividad, gestión emocional…

Para concluir, solo cabe destacar un aspecto: en caso de que nuestra dificultad para relacionarnos sea algo crónico, algo que llevamos arrastrando durante años y que dificulta nuestra calidad de vida, no dudemos en consultar con un profesional. Hay terapias que pueden suponer un gran cambio, el avance que más necesitamos.

 
Chavira, D. A.; Stein, M. B.; Malcarne, V. L. (2002). Scrutinizing the relationship between shyness and social phobia. Journal of Anxiety Disorders. 16 (6): 585 - 98.