¿Por qué unas personas se emocionan más que otras?

Hay quien se emociona por nada y luego están los que parecen estar vacíos y no reaccionan ante ninguna situación. ¿Por qué hay personas más emotivas y otras tan frías? La ciencia tiene la respuesta.
¿Por qué unas personas se emocionan más que otras?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 01 agosto, 2022

Hay personas tan frías como la zona más profunda del océano Glaciar Ártico. En cambio, otras son tan sensibles como una pompa de jabón, tan emotivas que cualquier evento despierta en ellas un sentimiento desbordante. Lo cierto es que existe tanta variabilidad a la hora de sentir y expresar emociones que el tema resulta fascinante.

¿Es cuestión de genética o el origen de estas diferencias está en factores sociales y educativos? La razón de por qué somos y reaccionamos de un modo u otro en materia emocional reside en variables muy complejas. Hay causas puramente neurológicas, pero también cabe destacar otra dimensión, la relativa a la “historia de vida”.

Todos somos el resultado de un contexto, un pasado y un escenario sociocultural que nos modela y perfila desde el momento en el que nacemos. Por ejemplo, no es lo mismo crecer en un contexto bélico, sin nuestros progenitores, que en un escenario de comodidades, afectos enriquecedores y con las necesidades básicas cubiertas.

Hay circunstancias que moldean el cerebro de muchas maneras, lo que determina la manera en que experimentamos nuestras emociones. Profundicemos en este tema tan revelador a la vez que interesante.

“En un sentido muy real que tenemos dos mentes, una que piensa y que siente”. 

-Daniel Goleman-

Hombre atractivo sonriendo representando por qué unas personas se emocionan más que otras
Muchas de nuestras reacciones emocionales tienen su origen en nuestro pasado, en cómo fuimos criados.

Razones de por qué unas personas se emocionan más que otras

Seres humanos y también animales. Todos experimentamos emociones, esos patrones de reacción psicofisiológicos que impulsan nuestro comportamiento y nuestras decisiones y que facilitan nuestra adaptación. De este modo, algo que es necesario aclarar es que no existen las personas sin emociones, pero sí los individuos definidos por un registro emocional más limitado.

La razón por las que cada uno de nosotros estamos dotados de este tipo de activaciones biológicas es porque disponemos de un cerebro emocional. Las emociones son el resultado de una complejísima red de estructuras localizadas en el sistema límbico. Regiones, como la amígdala, el hipocampo o la corteza límbica, orquestan, activan y modulan cada reacción, sentimiento y experiencia emocional.

En esencia, todos los que habitamos este planeta tenemos el maravilloso don de alegrarnos, asustarnos, sentir sorpresa, tristeza o asco, porque disponemos de un cerebro que lo hace posible. Ahora bien, la pregunta que nos hacemos ahora es: ¿por qué unas personas se emocionan más que otras?

Las particularidades cerebrales: de la alta emocionalidad a la frialdad emocional

Un ejemplo llamativo de frialdad emocional lo tenemos en las personas con alexitimia. Recordemos, esta característica define una afección en la que una persona no sabe identificar ni describir sus propias emociones. Son hombres y mujeres con baja empatía, nulas habilidades emocionales y con conductas excesivamente prácticas, frías y racionales.

¿Cuál es el origen de quienes evidencian una emocionalidad tan baja? La principal hipótesis es la neurológica. Una investigación de la Universidad de Sydney menciona alteraciones en el hemisferio derecho. También se sospecha de una disfunción de la corteza cingulada anterior e incluso se habla de alteraciones en la genética molecular.

Bien, en el lado opuesto al alexitímico, estaría la persona altamente sensible. Es decir, nos referimos a ese perfil que reacciona al entorno y a los estímulos sensoriales de forma intensa y muy distinta a los neurotípicos. Son hombres y mujeres que tienen una mayor empatía y experiencias emocionales más profundas. Una vez más, la causa de este rasgo está en el cerebro.

Un estudio de las doctoras Bianca Acevedo y Elaine Aron revela que el origen está en una mayor activación cerebral de las regiones involucradas en la atención, la planificación de la acción, la conciencia, la integración de la información sensorial, la empatía, etc.

El cerebro junto a sus particularidades anatómicas e incluso moleculares puede determinar que seamos más o menos emotivos.

La historia de vida: lo que cada uno arrastra tras de sí

Todos somos el resultado de una historia de vida, de un pasado, una crianza y unas circunstancias concretas. Cada experiencia nos marca, nos modela e insta a reaccionar ante cada evento a través de ciertos patrones emocionales. Ejemplo de ello es crecer sin unas fuentes de apego válidas, ser criados con gritos, inseguridad, miedo, incertidumbres, etc.

Estas dinámicas pueden hacer que seamos más susceptibles al estrés y también mucho más reactivos emocionalmente. Habrá quien reaccione con ira ante cualquier dificultad. Otros lo harán con mayor ansiedad y algunos evidenciarán cierta frialdad emocional. No podemos dejar de lado que el maltrato sufrido en la infancia es otro factor capaz de alterar por completo el desarrollo psicoemocional.

Por tanto, si nos preguntamos por qué unas personas se emocionan más que otras ante determinadas situaciones, debemos tener en cuenta la historia personal, el contexto social y esas experiencias de vida tempranas.

Mujer que sufre angustia moral
Determinadas situaciones complicadas o adversas pueden hacernos sentir más sensibles o emotivos de lo habitual.

Cuando unas personas se emocionan más que otras

Más allá de las particularidades neurológicas y de las historias de vida, está el presente; lo que nos está condicionando aquí y ahora. La variabilidad emocional personal e interpersonal a nivel emocional puede deberse a los desafíos presentes. A todos nos ha sucedido alguna vez eso de sentirnos más sensibles, volubles y evidenciar las emociones a flor de piel.

Haber sufrido una ruptura afectiva, la pérdida de un ser querido, haber sufrido una agresión… Hay multitud de factores que, aquí y ahora, pueden estar alterando nuestras emociones. No importa que hayamos sido siempre un ejemplo de equilibrio y contención; cuando determinadas experiencias impactan en nosotros, es común, esperable y normal sentirnos más afectados y sensibles.

Emocionarse forma parte de nuestra existencia y humanidad. Pasar épocas determinadas en que uno lo hace con mayor intensidad hasta sentirse desbordado, forma parte de nuestro ADN. Y recordemos: no hay nada de malo en ello.

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  • Lane RD, Ahern GL, Schwartz GE, Kaszniak AW (1997). "Is alexithymia the emotional equivalent of blindsight?". Biol. Psychiatry. 42 (9): 834–44. doi:10.1016/S0006-3223(97)00050-4
  • Jessimer M, Markham R (1997). "Alexitimia: ¿una disfunción del hemisferio derecho específica para el reconocimiento de ciertas expresiones faciales?". Cerebro y cognición . 34 (2): 246–58. doi : 10.1006/brcg.1997.0900

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