¿Por qué soy tan sensible?

05 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Existe una variación genética llamada ADRA2b que explicaría por qué hay personas más sensibles. Tu don para conectar con las emociones ajenas o esa intensidad con la que procesas cualquier estímulo sensorial tendría un origen concreto.

Emocionarse por casi todo, preocuparse por las cosas grandes y pequeñas, sentir el peso de las injusticias, molestarse por casi nada… ¿Por qué soy tan sensible? Son muchas las personas que se hacen esta pregunta durante buena parte de su vida al sentirse diferentes, al percibir que su modo de ver, reaccionar y entender la realidad difiere de buena parte de los demás.

¿Es un estilo de personalidad? ¿Es quizá algo orgánico o genético? Carl Jung definió este perfil como alguien que se caracterizaba por dos dimensiones básicas: alto procesamiento emocional y sensibilidad innata. A día de hoy, como bien sabemos, es común hablar ya de “personas altamente sensibles (PAS)” un concepto popularizado por la doctora Elaine Aron en los años 90 y que definiría, al parecer, a cerca del 20 % de la población mundial.

A pesar de ello, a pesar de encontrarnos con estas clasificaciones y definiciones, sigue presente la misma pregunta ¿por qué? ¿qué razón hay para que alguien tenga una sensibilidad tan elevada? Y no nos equivoquemos, esta realidad no es exclusiva del género femenino. También hay hombres altamente sensibles que viven con mayor dificultad el hecho de entrar dentro de ese espectro emocional.

Conozcamos más datos.

Chico triste preguntándose ¿Por qué soy tan sensible?

¿Por qué soy tan sensible? Estas son las causas

Si las personas se preguntan por qué soy tan sensible es porque se sienten extrañas, diferentes e incluso desplazadas. Vivimos en una sociedad que valora y prioriza esa actitud estoica: lo emocional se asocia a la debilidad e incluso a lo falible. También nos define la inmediatez; de hecho, apenas hay tiempo para percibir las realidades ajenas, para leer entre líneas o percibir cómo lo más insignificante, puede estar cargado de grandes significados.

A la persona sensible le basta con que alguien lo mire con decepción o le responda mal para quedar atascada durante días. Sufre constantes contagios, emociones, siente un inmenso dolor ante las falsedades y las contradicciones ajenas y no puede evitar quedar atrapado en una especie de noria emocional. Sus vidas oscilan entre las subidas y las bajadas; momentos de felicidad y disfrute e instantes de profunda desolación.

Todo ello explica por qué que la alta sensibilidad y la depresión casi siempre van de la mano. Ser sensible hace que uno se sienta vulnerable y la vulnerabilidad genera sufrimiento, frustración y una aciaga sensación de soledad. Es común preguntarse por qué, ¿cuál es la razón de sentir y procesar el mundo de esa manera?

Razones genéticas: tu cerebro es diferente

En un estudio de mayo de 2015 llevado a cabo en la Universidad de Columbia Británica, los investigadores concluían con lo siguiente: “hay personas que presentan unas variaciones neurogenéticas específicas. Tienen una mayor disponibilidad a la norepinefrina lo cual, facilita que tengan una mayor viveza perceptiva y sensibilidad emocional”.

¿Qué significa esto y cómo podemos traducirlo? 

  • Existe una variación genética llamada ADRA2b que explicaría por qué hay personas más sensibles.
  • Esta particularidad genética hace que haya una mayor nivel de norepinefrina en el cerebro.
  • Al haber un índice mayor de dicho neurotransmisor en el cerebro, este presenta unas variaciones muy concretas que lo hacen «diferente» a los demás.
  • Para las personas con esta variación genética, señala el autor del estudio, Adam Anderson, profesor de desarrollo humano en la Universidad de Cornell, todos los estímulos se procesan de manera emocional.

Un dato interesante que vale la pena tener presente.

¿Por qué soy tan sensible? Es un rasgo de tu personalidad

A la pregunta de por qué soy tan sensible podemos darle otro tipo de respuesta: es un rasgo de personalidad más. Bien es cierto que no podemos separar esta característica un origen genético pero por término medio, cursa con un tipo concreto de carácter. Se definen por lo siguiente:

  • Una persona sensible puede ser introvertida y extrovertida.
  • Son observadores y reflexivos.
  • Presentan una elevada creatividad.
  • Inclinación por el arte, la música, escritura, etc.
  • Elevada empatía.
  • Alta emocionalidad, entienden la vida únicamente desde este prisma.
  • Entienden la vida desde un punto de vista colaborativo y no competitivo.
  • Dificultad para establecer límites y decir no.
Mano tocando un cerebro

Los traumas y la hipersensibilidad

Si una persona se pregunta por qué soy tan sensible es posible que detrás de esta manifestación esté un trauma. Haber sufrido maltrato en la infancia, abusos, haber vivido la pérdida de un progenitor o padecer cualquier hecho doloroso tienen un impacto en nuestro cerebro. En muchos casos, esa vivencia genera hipersensibilidad.

Esa herida psicológica se manifiesta a menudo con un modo de procesar la realidad mucho más sensible. Cualquier hecho, circunstancia o estímulo se vive con mayor intensidad. Se sienten superados por las emociones, les cuesta manejar las relaciones porque cualquier palabra, gesto o situación pueden interpretarla de manera negativa y sufrir inmensamente con ello.

No podemos descuidar la forma en que los traumas pueden alterar nuestra personalidad y el modo en que procesamos lo que nos rodea. Estos efectos pueden ser permanentes y alterar el funcionamiento psicosocial del ser humano. No obstante, en este caso, tendríamos una versión de la alta sensibilidad más negativa, más dificultosa. 

Para concluir, decía la escritora George Sand que aunque el intelecto busque, es siempre la sensibilidad la que encuentra. Más allá de que esta dimensión nos ocasione problemas y algún que otro sufrimiento, bien manejada actúa como una ventaja. Hay que saber entenderla y usarla a nuestro favor para poder abrir esa mirada poderosa que todo lo ve, que todo lo intuye y sabe mejorar su realidad.

  • Aron, E. N. (2012). Temperament in psychotherapy: Reflections on clinical practice with the trait of sensitivity. In M. Zentner & R. Shiner (Eds.), Handbook of temperament (pp. 645-670). New York: Guilford.
  • Rebecca M. ToddMana R. EhlersDaniel J. MüllerAmanda RobertsonDaniela J. PalomboNatalie FreemanBrian Levine and Adam K. Anderson. Neurogenetic Variations in Norepinephrine Availability Enhance Perceptual Vividness Journal of Neuroscience