Postergar actuaciones, o la técnica de dejar para mañana lo que se puede hacer hoy

Postergar actuaciones, o la técnica de dejar para mañana lo que se puede hacer hoy

Ana Ramos 24 agosto, 2013 en Psicología 9 compartidos

Los seres humanos somos terriblemente complejos. Utilizamos mecanismos que nos alivian el momento presente, pero que a la vez nos lo enturbian dejándonos un poso de cierto remordimiento. Es lo que ocurre con las acciones postergadas.

Las acciones postergadas: autoengaño y escape.

Hay situaciones que dejamos pendientes por razones múltiples:

– Nos da miedo enfrentarnos a ellas pensando que vamos a fracasar: “ya lo haré más adelante”.

– Conllevan un cambio al que tememos: “todavía no es el momento”.

– Tendemos a utilizar la inercia como estrategia de vida: “espero que todo vaya mejor”.

Esta misma postergación no deja vivir el momento presente, anulándolo con la angustia de lo que queda por hacer.

En realidad es una estrategia de escape y autoengaño. En ella la persona prefiere la angustia por lo que no ha hecho aún, que la tensión de tener que enfrentarse a la situación.

Como toda estrategia mental, tiene importantes ventajas ocultas que es necesario sacar a la luz:

– Evasión de situaciones desagradables, ahorrando el conflicto pero impidiendo resolver la situación.

– No enfrentarse a un cambio en la vida, librándose del esfuerzo que dicho cambio conlleva, de las críticas de los demás, de la responsabilidad de asumir nuevas circunstancias vitales, pero manteniendo la vida en una línea que no es la que se desea.

– Responsabilizar del no hacer nada a cosas externas: la falta de tiempo, una enfermedad, el cansancio, la mala suerte, algo importante que ha sucedido en el entorno…

A pesar de estas ventajas, la propia postergación crea un círculo vicioso del que es complicado salir: la propia tensión que genera la espera hace que dudemos más de nuestra propia valía, envolviéndonos en pensamientos negativos que dan como resultado una autoestima empobrecida, que a su vez nos resta fuerzas para enfrentarnos a las situaciones.

Algunas estrategias para romper el ciclo de las acciones postergadas

Cuando nos hacemos conscientes de las acciones postergadas, de las razones que las sustentan y del daño que nos están haciendo, podemos intentar minimizar la angustia que nos crean con ejercicios básicos como estos:

Observa tu vida cuidadosamente: ¿estás haciendo ahora lo que estarías haciendo si supieras que sólo tienes seis meses de vida? Si no es así, es que has postergado cosas realmente importantes. Ahora es el momento de comenzar.

– De todas las acciones postergadas piensa seriamente cuáles son las que pueden ayudar a mejorar tu vida y hacer que te sientas mejor. Algunas de ellas quizás sean tan delicadas como hablar con una persona de un asunto que te preocupa, otras quizás sean tan simples como empezar con tu hobby favorito.

Escoge uno de esos proyectos y comienza. Prepara un diario de vida, escribe el nombre del proyecto, fracciónalo, ponle un horario determinado en el día y empiézalo como si de un trabajo se tratara. Al poco, la propia satisfacción de ser capaz de irlo realizando será el mejor acicate.

– Si estás postergando algo que también involucra a las personas que están a tu alrededor, reúnete con ellos y háblalo. Coméntales tus deseos y tus temores, y constata si el hecho de haberlo aplazando “por ellos” no ha sido más que una excusa.

En suma, si las actuaciones postergadas se deben simplemente al vacacional efecto del dolce far niente no va a haber más problema añadido que el del trabajo atrasado, pero si las postergaciones se deben a estrategias de escape y autoengaño, es necesario que tomes medidas para evitarlo.

Imagen cortesía de Toni Blay.

Ana Ramos

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