Practicar la amabilidad no cuesta nada, pero vale mucho

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 8 enero, 2018
Valeria Sabater · 25 marzo, 2016

Practicar la amabilidad no cuesta nada, pero cambia mucho las cosas. Es el idioma que el ciego puede ver y que el sordo escucha. Porque actuar con respeto, regalar cortesía, hablar con cercanía y mirar con empatía, son gestos que definen la magia de las conexiones humanas, de esos vínculos únicos que nos permiten crecer como personas.

Para la psicología positiva, la bondad y la amabilidad  forman parte de ese “colchón” emocional que garantiza buena parte de nuestro bienestar interno. La razón de ello está en que son cualidades que proyectamos en nuestros entornos más cercanos pero que, a su vez, revierten también en nosotros mismos.

Haz que tus palabras tengan el tono de la amabilidad, que tus gestos sean cercanos, humildes… Porque aunque la bondad no cueste nada, vale mucho, y no hay mejor modo de enriquecerse que practicando el respeto y la autenticidad

Es muy posible que en nuestro día a día, no veamos demasiados actos amables. Las rutinas y estas sociedades automatizadas en las que nos movemos hacen que muchas veces, perdamos esa espontaneidad por ceder un asiento, por atender como es debido, por devolver una llamada o iniciar una grata conversación con alguien que parece necesitar compañía. Se trata solo de ser más receptivos, de iniciar pequeños cambios en los que todos podríamos salir ganando. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

dedos con flor representando la ambilidad

La amabilidad deja huella en nuestro cerebro

El cerebro es la fuente de todo nuestro mundo afectivo, de nuestros procesos cognitivos y de esos hilos que guían nuestras decisiones y los actos más o menos altruistas. Un hecho que merece la pena tener en cuenta es que gran parte de esos comportamientos, basados en la emocionalidad, tienen su origen en las conocidas como”neuronas espejo“.

  • Todos nosotros poseemos neuronas espejo o neuronas especulares. Ahora bien, existe la idea popular de que el cerebro femenino es el que tiene un mayor número de estas células nerviosas, pero en realidad, ambos sexos disponemos de ellas en igual cantidad.
  • Estas afinadísimas estructuras que configuran lo que se conoce como “sistema espejo” permiten, por encima de todo, entender y hacer nuestras todas esas acciones, sensaciones y emociones que vemos en los demás.
  • Las neuronas espejo nos convierten en seres más sociales y por tanto, guiados de forma natural por las emociones. No nos limitamos a imitar, somos capaces de entender que nuestras acciones causan consecuencias en los demás. Interpretamos emociones ajenas para actuar de acuerdo a éstas.

Estamos pues ante un maravilloso engranaje cerebral guiado por conexiones nerviosas que, a su vez, nos permite conectar entre nosotros. Ahora bien, pero… ¿qué es lo que nos hace ser amables? ¿Qué tipo de impacto tiene, por ejemplo, el altruismo en nuestro cerebro? Te lo explicamos.

chica con margaritas

Según la neurociencia la bondad crea cambios en nuestro cerebro

Según numerosos expertos en neurociencia, aprendizaje emocional y en psicología positiva, el hecho de enseñar a los niños a practicar la bondad, desde bien pequeños, genera notables cambios en la química de sus cerebros.

“Dondequiera que haya un ser humano hay una oportunidad para la bondad”

-Séneca-

  • En un interesante artículo publicado en la revista “Edutopía” se explicaba que los actos basados en el altruismo y la amabilidad ofrece un aporte de endorfinas muy poderoso a nuestro cerebro. Esa sensación de bienestar es la forma en que nuestro cerebro nos gratifica por algo que “es correcto”, algo que “está bien”.
  • Este torrente de endorfinas crea una sensación duradera de orgullo a los niños, además de bienestar y un sentido de pertenencia al grupo. Pequeños actos de bondad cotidianos se traducen en el mundo emocional del niño como fuentes de energía, seguridad y autoestima. “Se sienten bien haciendo el bien”, y eso es una huella emocional que debe perdurar para siempre en su interior.
Niña recogiendo luces en el campo

 

Los maravillosos componentes que vertebran la amabilidad

Si deseamos de verdad crear un mundo más amable, deberíamos empezar haciéndolo más sensible. Porque quien es amable, es por encima de todo receptivo ante las necesidades ajenas y, además, dispone de un sentido de lo que es actuar con respeto, con esa bondad que no reclama nada a cambio.

Si nos preguntamos ahora la razón por la cual no vemos actos más amables en el día a día, podríamos decir que, tal vez, muchos piensan que ser amable es perder el tiempo. Que ofrecer la mano es arriesgarse a perderla, que invertir tiempo en alguien es acabar decepcionado a corto plazo. No debemos verlo así.

  • La psicología positiva incide en la importancia de atender el tipo de respuestas que damos en nuestro entorno. Si ofrecemos amargura y frustración seguramente recibamos lo mismo. Ahora bien, si aprendemos a actuar con amabilidad, con respeto y apertura emocional, invertiremos en bienestar.
  • Algo tan sencillo como mostrar gratitud y ser más empáticos con nosotros mismos y con los demás reduce la carga de estrés y las tensiones cotidianas. Pequeñas cosas, lo creamos o no, generan en ocasiones GRANDES CAMBIOS.
  • Dimensiones como el altruismo, el respeto y la reciprocidad son tres de las raíces más poderosas sobre las que se sustenta todo acto amable.

Practicarlos no nos va a costar nada, y en cambio, puede traernos satisfacciones inesperadas…

Vive con sencillez, ama con generosidad, apaga el ruido mental y permítete ser más libre para acercarte con mayor nobleza e integridad hacia los que te rodean

Mano con pájaro