Las principales responsables de que te sientas así

En cómo nos sentimos influyen distintos factores y variables. Sin embargo, unas que siempre están en el medio son las hormonas. Ellas son protagonistas cuando nos sentimos mal, pero también cuando nos sentimos bien.
Las principales responsables de que te sientas así
Sharon Laura Capeluto

Escrito y verificado por la psicóloga Sharon Laura Capeluto.

Última actualización: 19 julio, 2022

El ser humano es un sistema complejo, influido a su vez por otros muchos sistemas. La psicología sistémica precisamente tiene en cuenta como sistema a cada una de las instituciones de las que una persona forma parte: la familia, la pareja, el equipo de trabajo, el grupo de amigos, etc. Por otro lado, en el cuerpo conviven diferentes sistemas: el nervioso, el digestivo, el respiratorio, el endocrino, entre otros.

Vemos aquí cómo los cambios que se producen son el producto de la interacción de sistemas. Todo lo que sucede en nuestro interior influye en lo que hacemos, sentimos y pensamos, y viceversa. En este artículo en concreto nos centraremos en cómo las hormonas se relacionan con las emociones.

El sistema endocrino

El sistema endocrino se define como el conjunto de órganos, glándulas y tejidos que segregan un tipo de sustancias llamadas hormonas. Las hormonas son mensajeras químicas que modulan las funciones del organismo.

Se liberan al torrente sanguíneo y se desplazan hacia diferentes órganos y células para regular el metabolismo, el crecimiento, la conducta, la reproducción, la sexualidad y también nuestro estado de ánimo. Como vemos, ocupan un papel más que significativo en nuestra vida, a pesar de que generalmente no nos percatamos de ello.

Las hormonas con mayor influencia en las emociones

Estas sustancias químicas condicionan cómo actuamos y cómo nos sentimos emocionalmente: pueden estimularnos, inhibirnos, hacernos sentir felices, estresados, tristes o excitados.

1. Dopamina

La dopamina es una molécula que actúa como neurotransmisor en el sistema nervioso central, jugando un importante papel en vectores psicológicos, como el placer o la motivación. Por otro lado, se libera en cantidades muy grandes en los momentos emocionales especialmente intensos. Además, se libera en situaciones que nos resultan placenteras y nos insta de alguna manera a repetirlas.

Imaginemos que una persona disfruta mucho de los alimentos altos en grasas. Lo que en este caso hace la dopamina es fortalecer la sinapsis que asocia la torta de chocolate con la sensación de placer, lo que hará que la torta de chocolate se convierta en un refuerzo en sí misma. Así, lo buscaremos de manera indirecta, ganando dinero para poder comprarla, o de manera directa, comprándola.

El exceso de esta hormona puede generar un efecto colateral porque se vincula a conductas adictivas como el consumo de drogas, la tendencia impulsiva a comprar, comer alimentos poco saludables o jugar. Estos comportamientos o sustancias sobreestimulan el circuito de recompensa que terminan produciendo efectos adversos, haciendo que ya no sintamos tanto placer.

Mujer comiendo un dulce de chocolate
La dopamina estimula la sensación de placer y en altas cantidades favorece la adicción a sustancias y a ciertos hábitos y comportamientos.

2. Endorfinas

Las endorfinas son cadenas de proteínas elaboradas por el propio organismo que nos brindan estados de euforia y bienestar, reduciendo al mismo tiempo la percepción del dolor físico y emocional. Químicamente, son similares a la morfina y la codeína porque contribuyen a disminuir el malestar.

Se segregan al reírnos a carcajadas, realizar ejercicio físico intenso, tener relaciones sexuales, oír música o al consumir alimentos con grasas buenas como el chocolate amargo, el salmón, el aguacate o los frutos secos.

3. Cortisol

Estamos hablando de la hormona del estrés. El hipotálamo controla al cortisol, que sale a la cancha ante eventos tensos o amenazantes para ayudarnos a hacerles frente. Gracias a él, podemos reaccionar adaptativamente a situaciones que podrían insinuar un riesgo a nuestra integridad física o emocional.

El estrés en determinadas dosis y frecuencias es positivo porque nos permite contar con una dosis de energía extra en un corto periodo de tiempo para garantizar nuestra supervivencia. Es clave para nuestra activación diaria: nos ayuda a estar en estado alerta para pensar, trabajar y mover nuestro cuerpo.

El problema surge cuando el cortisol se segrega de forma permanente. En este caso, es probable que acabemos desarrollando insomnio, estrés crónico o algún trastorno de ansiedad, ya que el estado de alerta se mantiene constante y pareciera que estamos siempre huyendo de problemas y preocupaciones.

4. Serotonina

La serotonina juega un papel muy importante en la regulación de los estados anímicos y el humor. Cuando los niveles de esta hormona aumentan, nuestro cuerpo experimenta sensaciones satisfactorias, de bienestar. Por este motivo, buena parte de la intervención que se plantea frente a la depresión es aumentar los niveles de esta hormona en los espacios intersinápticos.

A su vez, esta hormona regula el ciclo del sueño, la digestión, la temperatura corporal, inhibe las conductas agresivas e impacta en el deseo sexual. Hacerle caricias a una mascota, exponerse al sol, descansar bien, practicar yoga o técnicas de relajación, son algunas de las actividades que aumentan los niveles de serotonina y nos hacen sentir más felices.

Mujer con los ojos cerrados
El aumento de serotonina produce sensaciones de calma y bienestar.

5. Oxitocina

La oxitocina es un oligopéptido compuesto de nueve aminoácidos que desempeñan un papel esencial en la salud y  bienestar. Se libera a partir del contacto con nuestros seres queridos. Aumenta los sentimientos de amor y confianza en los vínculos interpersonales.

Es la hormona que induce el parto, ya que estimula las contracciones del útero y ayuda a la distensión del cuello uterino. Reduce la presión arterial y aumenta el umbral de tolerancia al dolor. A su vez, favorece la lactancia, la crianza y el cuidado.

Tiene mucho que ver con la empatía y con reflejarse en lo que le sucede a los demás. En contraposición al cortisol, que nos hace ser menos empáticos por el nivel alto de irritabilidad, la oxitocina nos ayuda a ponernos en el lugar del otro.

Entonces, es importante tener presente que un desequilibrio emocional puede esconder un desajuste hormonal posible de tratar acudiendo en primera instancia a médicos especializados en endocrinología que puedan evaluar el estado de nuestras hormonas.

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