Psicopatología y cine, ¿realidad o ficción?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 1 marzo, 2018
Paula Murillo · 1 marzo, 2018

La psicopatología ha estado muy presente en la historia del séptimo arte. Un sinfín de películas nos han contado historias relacionadas con psicólogos, psiquiatras y, sobre todo, con personas que padecen algún trastorno mental. Incluso cuando el hilo argumental no es la psicopatología, la ciencia de la psicología está presente detrás de cada personaje.

Lo cierto es que no siempre son acertadas las descripciones que se hacen sobre los trastornos psicológicos, los síntomas de los mismos o la relación que se establece entre paciente y profesional. A veces, la búsqueda del elemento sorpresa, ese que induce una sensación de intriga y misterio, lleva a guionistas, directores y actores a alejarse de las bases y la ciencia mostrando una imagen distorsionada de aquello que quieren representar.

“Si la psiquiatría no hubiera existido, las películas habrían tenido que inventarla. Y en cierto sentido, lo han hecho”.

-Irving Schneider-

Discrepancias para lograr el factor sorpresa

Se entiende que a veces es necesario “rizar rizos rizados” para que la espectacularidad de los hechos impacte a la audiencia, que por otra parte, acude al cine en búsqueda de sensaciones más que de conocimiento en la mayoría de los casos. Sin embargo, existen discrepancia en tres aspectos principales:

  • Se relaciona en demasiadas ocasiones la violencia y la agresividad con la enfermedad mental para alcanzar ese grado de emoción y espectacularidad. Numerosos personajes de películas que presentan un problema psicológico son mostrados como agresivos, sádicos y con un lado oscuro que nada tiene que ver con lo que les ocurre en realidad. Así, esto favorece la aparición del estigma social respecto a la peligrosidad de ese tipo de personas, aunque estadísticamente quede lejos de la realidad.
  • Existen diferentes enfermedades recogidas en manuales de psicopatología cuyos límites similares se entremezclan y las fronteras diagnósticas quedan solapadas. Por ejemplo el trastorno límite de personalidad se confunde con el trastorno bipolar o en este último los episodios depresivos y maníacos no se reflejan adecuadamente. Incluso en algunas películas se muestra al amor como cura del trastorno.
  • La imagen del terapeuta se representa de forma distorsionada. La psiquiatra Pilar de Miguel explica que en el cine al profesional se le da un tratamiento de muy bueno o muy malo. Por otro lado, suelen mostrarlos incapaces de marcar límites con sus pacientes.

Mente con forma de puzzle

Aun así, existen películas de las que se puede aprender y apreciar el buen hacer y la documentación veraz. No obstante, en algunos casos se entiende esa necesidad de buscar el drama y la potenciación de historias y sentimientos. Quizás lo que el espectador tiene que tener presente es que una película no deja de ser una representación y no la realidad misma.

Mejor… imposible

Mejor… imposible es la película que todos asociamos al trastorno obsesivo compulsivo (TOC), la cual peca de entremezclar la sintomatología del TOC con la personalidad del protagonista.

El carácter irascible de Melvin puede generar la idea errónea de que quienes padecen este trastorno tengan las mismas características de personalidad, pero debemos separar esos rasgos desagradables de los síntomas del trastorno obsesivo compulsivo como son los rituales severos de limpieza, simetría y repetición que nos muestra la película.

“Dr. Green, ¿Cómo puede diagnosticarme un trastorno obsesivo compulsivo y luego sorprenderse si me presento aquí de repente?”

-Melvin-

Tras tu estreno, gran parte de los espectadores asociaron el trastorno obsesivo compulsivo con personas desagradables y malhumoradas, así como que con un poco de amor y buena amistad los síntomas pueden remitir o incluso desaparecer. Se entiende que entra dentro de las licencias de guión antes comentadas, pero ni lo primero es cierto, ni mucho menos lo segundo.

Melvin conversando con una mujer

El aviador

La película El aviador de Martin Scorsese nos cuenta parte de la vida del millonario, productor y empresario Howard Hughes, personaje interpretado por Leonardo DiCaprio.

Desde el punto de vista de la psicopatología, este film nos muestra de forma muy acertada el desarrollo y la evolución del trastorno obsesivo compulsivo. Todo comienza con una infancia marcada por el miedo de una madre de que su hijo enfermara, pasando por una juventud llena de excentricidades y manías hasta una adultez marcada por obsesiones y compulsiones.

En la película podemos observar el terror a los gérmenes de Howard Hughes. Llevaba su jabón a todas partes y se lavaba compulsivamente las manos hasta sangrar para evitar contagiarse.

En aquella época no existía la definición de trastorno como tal por lo que nunca fue tratado. Sin embargo, toda la sintomatología que le acompaña y el sufrimiento que le genera (reflejado a la perfección en la película) indica que lo padecía casi con total seguridad.

Leonardo DiCaprio mirándose la mano

Memento

Antes de hablar de la película de Christopher Nolan y de sus aciertos, debemos explicar en qué consiste la amnesia anterógrada. A diferencia de la gran conocida amnesia retrógrada, es decir, olvidar cosas del pasado, este trastorno se caracteriza principalmente por la incapacidad de aprender y memorizar cosas nuevas. La persona que presente amnesia anterógrada olvida todo lo que sucede al mismo tiempo que acontece porque no es capaz de almacenar la información en la memoria a largo plazo. Para ella, nada permanece porque vive en una gran desorientación espaciotemporal. Cada instante, es el mismo punto, una y otra vez.

Sin desvelar mucho de la película y de su estructura narrativa, Memento refleja de forma bastante fiel la angustia y las características de la persona que sufre esta manifestación de la memoria.

A través de ella conocemos el sistema creado con notas, fotos y tatuajes por parte del protagonista para intentar descifrar el enigma del que parte el argumento de la película. Su estrategia no es para recordar, sino para confirmar que conoce aquello que se le presenta. El objetivo del director es conseguir que el espectador empatice con el protagonista, con su estado de desconcierto consciente y parece que lo consigue.

Quizás Memento no refleje a la perfección la amnesia anterógrada pero sí es capaz de mantenernos en esa situación de incertidumbre y desconcierta propia del protagonista. 

“¡Qué pobre memoria es aquélla que sólo funciona hacia atrás!”

-Lewis Carroll-

Personaje de Memento con tatuajes

Como vemos, el cine, más allá del mero entretenimiento, es una puerta abierta al conocimiento, la reflexión y la empatía gracias a sus historias y personajes. Beber de experiencias ajenas, aunque sea a través de la ficción, es algo que está al alcance de nuestra mano. Ahora bien, si lo que deseamos es conocer en mayor profundidad el mundo de la psicopatología lo ideal es informarse a través de manuales y especialistas.

Bibliografía

Imágenes de la locura. La psicopatología en el cine de Beatriz Vera Poseck. Calamar Ediciones. Madrid, 2006