¿Qué dices cuando escribes? La interpretación de los mensajes de texto

¿Alguna vez has puesto en duda tu interpretación de un mensaje de texto, tuit u whatsapp? ¿Has llegado al mismo punto dos veces? ¿Qué tan seguro estás de que lo que lees es la "verdadera" intención del mensaje?
¿Qué dices cuando escribes? La interpretación de los mensajes de texto
Marcelo R. Ceberio

Escrito y verificado por el psicólogo Marcelo R. Ceberio el 22 Enero, 2021.

Última actualización: 22 Enero, 2021

La interpretación de los mensajes de texto es el pan nuestro de cada día desde la llegada de la tecnología móvil y las mensajerías instantáneas. Sin embargo, vale la pena acotar que los malentendidos siempre han existido de una forma u otra.

En la prehistoria de la tecnología, cuando el intercambio epistolar nos llevaba a comprar sellos y estampillas de diferentes valores para enviar cartas a diferentes partes del planeta, los mensajes sufrían interpretaciones equivocadas, y tardaban días -o quizá meses- en rectificarse, entre carta y carta. Hablamos de la época de los buzones, las oficina de correos y los carteros.

Los telegramas acortaban los tiempos de espera, pero simplificaban la información. Luego, el fax favoreció aún más inmediatez, a la vez que ampliaba la información del telegrama.

Cuando se inició la era digital, llegaron los e-mails y todo se volvió más inmediato. Después vinieron los mensajes de texto con el auge de la telefonía móvil, y entonces ya se pudo entrever algunas dificultades en la interpretación de los mensajes.

En la medida que se consolidaron los e-mails, los mensajes de texto y otras vías (como los tuits), las personas comenzaron a encontrarse con una forma sistematizada de relacionarse, así como con las limitaciones del lenguaje verbal escrito y la falta del lenguaje paraverbal.

Mujer mirando el móvil

El complejo fenómeno de la comunicación: no solo te escucho, te veo

La comunicación humana es un fenómeno compuesto por dos tipos de lenguaje que conviven en simultáneo:

  • Lenguaje verbal propiamente dicho, compuesto por una estructura sintáctica, gramática y semántica.
  • Lenguaje no verbal o paraverbal, que compete a la gestualidad general (principalmente del rostro, posturas corporales, movimiento de manos, tonalidad, ritmo y cadencia de la expresión del discurso).

Los estudios de la comunicación en la década de los sesenta que revolucionaron las relaciones entre personas fueron de la mano del antropólogo Bateson y su equipo, quienes postularon que “toda conducta es comunicación”. Esto quiere decir que es imposible no comunicarse. Por lo tanto, los silencios también significan algo en la interacción.

Cuando nuestro interlocutor habla no solo lo estamos escuchando, sino que lo vemos y viceversa, con lo que la comunicación no puede ceñirse únicamente a la palabra, sino que resulta de la sinergia entre el lenguaje verbal y el universo no verbal.

Sin embargo, las formas del lenguaje no solamente pueden expresarse mediante el habla (con sus componentes paraverbales), sino también a través del lenguaje escrito. Allí encontramos una de las principales fuentes de los malos entendidos: la falta de la gestualidad y entonación, los cuales hacen ver la relevancia que tienen los elementos no verbales de la comunicación.

Cuando se redacta una frase, y se le otorga cierta cadencia, no alcanzan los signos de admiración. Lo mismo sucede con la ironía, las bromas, el sarcasmo, los imperativos, las agresiones, el romanticismo y toda una gama interminable de giros modales que sucumben en el lenguaje escrito al no intervenir la gestualidad.

La interpretación de los mensajes es mucho más compleja de lo que tendemos a pensar en primera instancia.

El mundo WhatsApp y la interpretación de mensajes

La tecnología, si bien estructuró la inmediatez comunicativa, también tuvo su cuota de aporte a los malentendidos. Este tipo de fenómeno se observa cuando entramos en el universo WhatsApp: los mensajes escritos, al no tener el investimento paraverbal, muchas frases son leídas de acuerdo a lo que siente o interpreta el receptor.

Cuando leemos un libro, no es el libro que escribió el autor, sino el libro que construye el lector. Somos los lectores quienes poblamos de significados el libro que leemos, la obra de teatro que observamos, la película que miramos. Asimismo, somos nosotros los que hacemos la puntuación, la descripción y significados.

¡Cuántas veces nos pasaron una fotocopia en la secundaria o la universidad -que había sido subrayada por nuestro compañero- y notábamos que esos párrafos que señaló no eran relevantes para nuestra síntesis y por eso subrayábamos otros!

Imprimimos en lo leído o lo visto cómo nos sentimos ese día, qué nos ha ocurrido, qué pensamos, qué queremos, y mucho más. Razón por la cual, es común querer presentar las interpretaciones como hechos. Por ejemplo, cuando leemos un texto, creemos haber captado el sentido que le dio su autor y decimos cosas como: ¡seguro que esto es así!

¿Por qué no se nos ocurre preguntarnos si esa voz que le otorgamos al texto podría ser distinta? Pongamos otro ejemplo: un grupo de alumnos lee un texto. Han llegado a una conclusión y cuando el profesor les pregunta si es factible leerlo con otro tono -y lo hace-, se sorprenden. Entonces, el profesor pregunta: ¿la conclusión sigue siendo la misma? ¿O más bien la respuesta puede variar?

Mujer leyendo en el móvil

Emoticonos por doquier, pérdida de la retórica verbal y malentendidos

Los e-mails, las aplicaciones de mensajerías instantáneas y las redes sociales tienen un impacto incuestionable en la sociedad.

El repertorio de emoticones que ofrecen las mensajerías instantáneas está cada vez más desarrollado en la gestualidad. Por ello, los emoticonos ayudan a interpretar con más precisión el mensaje escrito. Sin embargo, los problemas de comunicación no han cesado y lo cierto es que no en todos los casos los emoticonos son elementos esclarecedores.

El imperio tecnológico ha modificado la comunicación. Los mensajes de texto han creado situaciones de expresión reducidas a lo que en una época fue el telegrama. Se ha perdido mucho de la retórica verbal. Se elucubran y desarrollan diálogos extensísimos por Whatsapp, se mandan imágenes instantáneas que sintetizan descripciones acerca de qué estoy comiendo, qué estoy haciendo, leyendo, mirando…

Por otra parte, el uso de los mensajes escritos, sirven para no enfrentar situaciones, desde decir un “no” a alguna propuesta hasta terminar una pareja. También los comentarios en Instagram o Twitter, o los vídeos de YouTube muestran numerosos casos de agresiones gratuitas enfundadas en cuentas anónimas, que dependen del ánimo de cada individuo.

Es notable ver cómo el intercambio verbal mediante un diálogo, por ejemplo, telefónico, ha quedado afincado en gente que refiere a una generación que hoy tienen 45-50 años en adelante. Las personas de esa generación se reunían en bares cara a cara para decirse cosas, contarse acerca de la vida particular. En cambio, hoy se envían fotos y vídeos ad hoc.

En vista de ello, mucha gente de la generación de la década de los cuarenta o cincuenta ha criticado y resistido notablemente el mundo tecnológico. Afirman rotundamente que los adelantos cibernéticos son un retraso para las relaciones humanas, así como el uso del móvil. La gente de esa generación no se adecúa a los cambios o, mejor dicho, los resisten: pero hay que entender que lo nuevo no es mejor ni peor, sino simplemente diferente.

El visto, el emoticono y la interpretación de los mensajes en redes sociales

La interpretación de mensajes no siempre queda favorecida por el uso de un emoticono, un gif o un meme. A veces, aún con ellos, resulta oscura.

Un estudio publicado en la revista Cyber Psychology and Behaviour Journal, afirma que millones de parejas en el mundo han terminado la relación por culpa del Facebook o WhatsApp. Una de las diferencias del WhastApp con el resto de formas mensajes escritos (mensajes por SMS, mail, Twitter o Facebook) es que denuncia al interlocutor al instante.

Por ejemplo, se puede obtener información si la persona está en línea o no, cual fue la última hora en que estuvo conectado. También si la persona “clavó el visto”, es decir, si el mensaje fue leído mas no respondido.

Si bien existe una opción que permite ocultar esa famosa marca azul (double check, en inglés), al activarla no solo desaparece para uno, sino también es invisible para el resto de los contactos. No soy visible si he leído o no el mensaje y si estoy en línea o no, pero tampoco me entero del resto de mis interlocutores. Parece ser, según los expertos, que la mayoría de las personas no desconectan esa aplicación: o sea, es más poderosa la curiosidad por saber que hacen nuestros contactos, que ellos se enteren sobre que hacemos nosotros.

Uno de los conflictos típicos se produce cuando se ha enviado un mensaje y no se responde, a sabiendas que la otra persona lo ha recibido porque se visualiza con claridad por el cambio de color de la marca. También se puede saber si la persona está conectada o no, por ejemplo, en una hora en la que debería estar durmiendo ¿Qué es lo que está haciendo despierta? Esta observación del WhatsApp puede ser el inicio de un efecto arrollador hacia una catástrofe emocional.

Hombre leyendo los mensajes del móvil

Emoticones y texto antes que vídeos

Todas estas ventajas y desventajas comunicativas han dado lugar a multiplicidad de lecturas interpretativas, que a pesar de que existe la opción de grabar o filmarse, la opción escrita es la más utilizada con emoticones que respaldan ciertas frases reduciendo medianamente la confusión. No obstante, hay un visible aumento de la dependencia que genera en jóvenes, el uso excesivo del WhatsApp y cómo esta puede influir en su estabilidad emocional.

Un equipo de la Universidad de Palermo (Buenos Aires) investigó en una población de parejas jóvenes la interpretación de los mensajes tanto que se envían o reciben en mensajería instantánea. Le preguntaron a los encuestados cuántos de ellos, alguna vez, habían tenido conflictos con su pareja a raíz de la comprensión errónea de un mensaje de texto.

El 87 % de los encuestados dijo que tiene o tuvo problemas debido a que el mensaje no te deja saber con exactitud cómo está siendo expresado. La gran diferencia con la comunicación presencial es el cómo, es decir, la gestualidad, la mirada, y tonalidad de manifestar el mensaje.

Lo interesante y paradójico es que a la hora de utilizar una forma de comunicación para resolver el conflicto originado por la mala interpretación de los mensajes, la vía que se utilizó fue la misma que generó el problema: el WhatsApp.

La mayoría de los encuestados, específicamente el 47,9 %, afirmó que por una u otra razón siempre terminaba utilizando el WhatsApp. ¿Las razones? Practicidad. Mientras se discutía se podían hacer otras cosas (multitasking) y solo el 25 % afirmó que siempre solucionaba sus conflictos de pareja personalmente.

Sea como fuere, los mensajes en general están siempre destinados a ser interpretados por los destinatarios. Pero de manera presencial, la sinergia del universo no verbal moldea el contenido de lo que se intenta transmitir. Hay tener presente que la comunicación escrita transmite solo contenido, sin el cómo, que en cierta manera esculpe el significado.

Ahora cabe preguntarnos: ¿qué estamos interpretando en este momento, mientras leemos lo que otro intenta transmitir? ¿Qué tal llevamos la interpretación de mensajes en general?

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  • Chóliz, M., Villanueva, V. y Chóliz, M. C.(2009). Ellas, ellos y su móvil: uso, abuso (¿y dependencia?) del teléfono móvil en la adolescencia. Revista Española de Drogodependencias, 34, 74-88. Rubio Romero, J., & Perlado Lamo de Espinosa, M. (2015). El fenómeno WhatsApp en el contexto de la comunicación personal: una aproximación a través de los jóvenes universitarios. 
  • (2), 73-94.