¿Qué es el racismo aversivo?

Patricia Grande Yeves · 16 julio, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 16 julio, 2019
El racismo marcado, fácil de identificar, con la evolución social y la puesta en valor de la imagen ha dado lugar a un nuevo tipo de racismo. En este artículo hablamos sobre su origen y los factores que lo sostienen en el tiempo.

El racismo, y en concreto, el racismo aversivo, suele identificarse con la discriminación racial, aunque estos dos conceptos no necesariamente signifiquen lo mismo.

El racismo es el prejuicio racial positivo (alabanza, sentimiento de superioridad) hacia una concreta raza, normalmente la propia. Sin embargo, la discriminación racial es la expresión de un prejuicio negativo (marginación o vejaciones) hacia una o varias razas distintas.

La xenofobia o el racismo son de alguna manera actitudes inherentes a la sociedad. Pero, ¿por qué? A continuación, desarrollamos el concepto e implicaciones sociales del racismo, y en concreto del racismo aversivo, especialmente presente en la sociedad actual.

Brazos de personas enfrentados

¿Por qué existe el racismo?

Una de las causas más comunes que explican el racismo puede encontrarse en el miedo a lo diferente. Por desconocimiento o falta de información al respecto, tendemos a rechazar e minusvalorar lo que no nos resulta cercano.

Por otro lado, predomina la formación de la propia personalidad. Basada en la educación recibida, así como la influencia constante de opiniones cercanas, incide en gran medida en el modo de entender y percibir lo extranjero.

Las personas aprendemos a través de la generalización. Desde que somos pequeños, clasificamos el mundo y sus elementos. De este modo, si se utilizan indicadores como la nacionalidad o la religión para relacionar a las personas, se terminan creando estereotipos y prejuicios en torno a individuos concretos que finalmente se generalizan a sus colectivos de pertenencia.

Al final, se aprende a separar a las personas según el colectivo al que pertenecen. Y al individuo se le otorgan características asociadas a su colectivo, casi anulando su propia personalidad. De esta manera, se producen efectos como el de la profecía autocumplida, asentada sobre el sesgo de confirmación.

El racismo aversivo

Durante la segunda guerra mundial, el mundo fue testigo del racismo de la denominada “raza aria”, unido a la discriminación racial sobre otros grupos étnicos, con desastrosas consecuencias. Otro ejemplo es lo sucedido durante el periodo del Apartheid. Es cierto que ese racismo tan explícito ha decaído durante el siglo XXI. Sin embargo, esto no significa que no siga estando extendido.

En 1986, los sociólogos Samuel Gaertner y John F. Dovidio explicaban la existencia de un tipo de racismo con origen en nuestra historia: el racismo aversivo.

El racismo aversivo exterioriza dos tendencias especialmente generalizadas en la raza blanca en la actualidad. La primera, la supervivencia de muchos prejuicios contra distintas etnias minoritarias. Prejuicios que habrían sido transmitidos de forma sutil y en muchas ocasiones sin intención por instituciones y personas con capacidad de influencia.

La segunda tendencia sería la creencia simultánea de los blancos de no ser racistas, porque “han aprendido y evolucionado”. Es decir, los blancos tienden a sustentar prejuicios de manera inconsciente.

Sin embargo, en este caso no hacen referencia a ningún tipo de predominio genético u odio explícito, sino que mantienen una creencia de superioridad en otras dimensiones como la cultural o la ética. De hecho, el racista aversivo suele defender fervientemente la igualdad de todas las razas y la justicia.

Monigotes de madera

¿Cómo se manifiesta el racismo aversivo en la sociedad?

El problema de esta actitud es que la persona que lo desarrolla, verdaderamente, no se da cuenta de que lo está experimentando. Principalmente, porque el racismo aversivo solo se manifiesta en situaciones en las que se interactúa con miembros de otras etnias o colectivos.

El contacto interracial genera en estas personas cierta incomodidad. Por ejemplo, cruzarse de noche por la calle con un gitano, en un blanco racista aversivo, no generaría el mismo sentimiento que si se cruzara con otro blanco. Lo que ocurre es que esta incomodidad no está generada solo por los prejuicios negativos infundidos, sino también por la necesidad de esta persona de mostrarse como un «no racista».

Así, el trato hacia personas de otras razas en estos casos tiende a ser muy cuidadoso, pecando en ocasiones de exagerado en este sentido. Y esto, a fin de cuentas, es igualmente una clase de discriminación. La raza, la religión o la nacionalidad vuelve a prevalecer frente a la propia personalidad.

Como suele decirse, «el folio en blanco se empieza a escribir muy rápido». No nacemos siendo racistas, pero sí aprendemos a serlo. Los niños, desde muy pequeños, ya diferencian quién es la gente cercana a ellos y quien no. Todo lo demás se desarrolla a raíz de esta primera separación.

Por ello, trabajar la diversidad y la inclusión desde que los niños empiezan a comprender es fundamental. Si una persona nace, crece y forja su personalidad en un ambiente que normaliza y abraza todo tipo de familias, razas o religiones, será difícil que se desarrollen este tipo de prejuicios racistas.

  •  Percepción de prejuicio, identidad nacional y bienestar subjetivo en colombianos emigrantes; Javier Alonso Murillo Muñoz, http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/tesisuned:Psicologia-Jamurillo/Documento.pdf
  • Psicología social, editorial Sanz y Torres.