¿Qué es el rapport? Conoce las mejores técnicas para generar una buena relación

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 30 agosto, 2017
Alicia Escaño Hidalgo · 30 agosto, 2017

La palabra rapport viene del francés rapporter y significa literalmente llevar algo al cambio. Si la centramos en la comunicación entre dos personas, alude a que lo que una persona envía a otra esta última se lo devuelve. En palabras más sencillas, el rapport hace referencia a la vinculación entre dos o más seres humanos, a la sintonía psicológica y emocional que se necesita para que puedan producirse cambios en alguna de las partes.

El rapport es una de las cuestiones más importantes en terapia y que en bastantes ocasiones se pasa por alto. Se estima que un alto porcentaje de éxito en los tratamientos psicológicos es debido a la buena alianza terapéutica o buen rapport entre terapeuta y paciente.

La escuela, la evaluación psicológica previa o las técnicas puestas en marcha en el curso del tratamiento son sumamente importantes de cara a la curación del paciente. Sin embargo, no menos importante es establecer una buena relación con él, de manera que este confíe plenamente en nosotros y se sienta motivado para enfrentarse al tratamiento.

De nada sirve todo lo demás si no tenemos feeling con nuestro paciente, ya que esto repercutirá negativamente en el resto de variables: la persona dejará de asistir a la terapia, no se comprometerá con las tareas entre sesiones, no estará motivado para alcanzar el cambio y tampoco confiará en lo que le proponemos o indicamos como estrategias.

Por lo tanto, cuando hablamos de rapport terapéutico nos referimos al entendimiento mutuo, a la actitud de colaboración y a la empatía necesaria para que dos personas puedan abordar un problema común y alcanzar los objetivos deseados. Es un elemento terapéutico tan relevante que hoy en día ya se enseña a futuros terapeutas en las universidades e incluso existen cursos especializados destinados a formar a los distintos profesionales, sobre todo sanitarios, que van a tener un trato con otra persona que tiene un problema que es preciso solucionar en colaboración.

Orígenes del rapport

La alianza terapéutica o rapport fue desarrollada a lo largo del siglo XX. Ya el conocido psicoanalista Freud, en su trabajo de 1912 The Dynamics of Transferencia, planteó la necesidad de que el analista tuviera un interés y una actitud comprensiva hacia su paciente: el objetivo con esta “estrategia” era que la parte más saludable de este estableciera una relación positiva con el analista.

Freud, en sus primeros escritos definió el afecto del paciente hacia el terapeuta como una forma beneficiosa y positiva de transferencia. Recordemos que para el psicoanálisis la transferencia es la función psíquica mediante la cual el cliente transfiere sus pensamientos y emociones inconscientes hacia otra persona, en este caso el terapeuta.

Psicóloga con su paciente

Este aspecto transferencial  promovía la confianza, aceptación y credibilidad en las interpretaciones del terapeuta, tal y como hemos explicado anteriormente. Sin embargo, posteriormente se vio que no era la transferencia entendida como tal la que generaba aquella confianza y clima de colaboración mutuo entre profesional y cliente, ya que en ocasiones podían surgir malos entendidos en la relación y esto no era, en ningún caso, positivo.

Fue Zetzel quien distinguió entonces entre transferencia y alianza terapéutica, sugiriendo que la alianza era la parte no neurótica de la relación., lo que posibilitaba el insight  o asimilación de los cambios terapéuticos.

Más adelante, el concepto de rapport o alianza fue incorporado por la mayoría de escuelas terapéuticas, distanciándose de la lectura de transferencia que aportada el contexto psicoanalítico. Según Rogers, padre de la escuela humanista junto a Abraham Maslow, hay que prestar una especial atención a la calidad de la relación terapeuta-paciente. Rogers propuso entonces tres características fundamentales que debía poseer el terapeuta: autenticidad, aceptación incondicional del paciente y comprensión empática.

Según este autor, la probabilidad del progreso terapéutico dependería menos de la personalidad del terapeuta y sus actitudes que del modo en que estas son experimentadas por el paciente en la relación terapéutica. Para que el esta interpretación sea positiva, es imprescindible que se sienta comprendido (que exista empatía) y aceptado sin condiciones.

Posteriormente, Bordin, en los años 70, describirá las características comunes que han de existir en la relación terapéutica en todas las escuelas. Este autor identificó tres componentes que configuran el rapport: el acuerdo en las tareas, el vínculo positivo y el acuerdo en los objetivos.

Técnicas para generar un buen rapport

Los dos pilares fundamentales sobre los que actualmente se asienta el rapport son la confianza y la comunicación fluida. Cuando hablamos de comunicación fluida no queremos decir que esta deba ser simétrica, sino que lo importante es que terapeuta y cliente se entiendan a todos los niveles: verbal y no verbal.

La comunicación, en realidad, debe ser asimétrica, donde el paciente intervenga bastante más que el terapeuta. Algunas técnicas que se han demostrado eficaces para establecer un buen rapport son:

Escucha activa

Es una técnica sencilla a priori, pero que en muchas ocasiones nos cuesta llevar a cabo. Se trata de escuchar lo que el paciente tiene que contarnos sin interrumpirle, con la predisposición de no hacer ningún juicio de valor, pero mostrando mediante gestos y expresiones que estamos a su lado, escuchándolo atentamente, entendiendo lo que quiere transmitirnos y empalizando con sus emociones.

Psicólogo escuchando a su paciente

Calidez

Para que exista un buen rapport, es sumamente importante que el terapeuta se muestre cálido con su cliente. Un profesional puede conocer muchas técnicas y albergar gran cantidad de conocimientos y tener mucha experiencia. Sin embargo, si no es cálido con su paciente, todo esto no servirá de mucho.

Como hemos explicado antes, la persona no podrá confiar en su terapeuta, no es abrirá del todo a él y, por lo tanto, mucha información no saldrá a la luz. Además, la falta de confianza repercutirá directamente en el grado de compromiso del paciente con la terapia: una baja confianza aumentará las posibilidades de que el paciente no haga las tareas que el terapeuta le mande fuera de consulta.

Pensemos que estamos ante una persona que sufre por un problema vital o emocional, por lo que la frialdad no ayuda en absoluto. Para promover la empatía y la aceptación de la que hablaba Rogers, hay que ser cálido.

Empatía

Es obvio que ponernos en los zapatos de quien tenemos enfrente es indispensable si queremos ayudarle. No importa que nuestro paciente sea una persona que sufre un trastorno afectivo o sea un delincuente. Si vamos a tratar con él, debemos ver el mundo desde sus ojos, aunque no compartamos ni sus sentimientos ni creamos que sus acciones sean correctas. Solo siendo empáticos generaremos confianza y podremos ayudar a la persona.

Establecer confianza

Como hemos comentado, para el futuro de la terapia es muy positivo que el paciente  se sienta confiado y a gusto cuando acude a las sesiones de terapia. Para generar confianza, además de todo lo que acabamos de comentar, debemos de ser creíbles y además parecerlo.

La persona ha de percibir que somos profesionales, que estamos correctamente formados y actualizados y que, si en algún aspecto no fuese así, haremos lo posible por dar respuesta a su demanda lo antes posible, bien derivando a otro profesional o bien formándonos en ese aspecto concreto. De esta forma, el paciente confiará en que vamos a poder ayudarle.

Mano de un psicólogo sobre la de su paciente para transmitir confianza y establecer rapport

Buscar puntos comunes

Este punto hace referencia a la necesidad de centrar el foco de atención en intereses comunes. En este caso, de encaminarnos hacia el objetivo terapéutico que se propuso en un principio por parte del cliente. Es importante no desviarnos del tema y acabar hablando de puntos comunes, pero que nada tienen que ver con nuestro objetivo. Si lo hacemos, perderíamos tiempo de la sesión y al final la relación dejaría de ser asimétrica experto-cliente, algo que no es recomendable de cara a la terapia.

No obstante, no está de más ser flexibles y crear un ambiente distendido en la sesión donde se puede comentar algo fuera de los objetivos, pero siempre con cuidado de no caer en lo que acabamos de comentar.

Coherencia entre lenguaje verbal y no verbal

Intentemos ser cuidadosos a la hora de comunicarnos con nuestro paciente, ya que muchas veces decimos algo que puede resultar incoherente con nuestra expresión o nuestros gestos. La coherencia entre lenguaje verbal y no verbal resulta fundamental en la relación terapéutica ya que sin ella, no cabría la posibilidad de generar el clima de confianza y colaboración del que venimos hablando.

Cuando existe contradicción entre lo que decimos y nuestra postura o expresión, prevalece lo segundo y es en realidad lo auténtico, ya que el lenguaje no verbal trabaja a un nivel más inconsciente que el verbal.

Por lo tanto, es necesario, como bien decía Rogers, que nos mostremos auténticos o genuinos con nuestro paciente. Siempre cuidando las formas y manteniendo la calidez, la aceptación y la empatía, pero sin generar incongruencias entre nuestro lenguaje verbal y no verbal a la hora de expresarnos ante nuestro paciente.

Psicólogo explicando a su paciente qué le sucede

¿Qué hacer cuando este buen feeling no se produce?

Aunque todas estas técnicas puedan parecer de sentido común, lo cierto es que no son fáciles de poner en práctica a la hora de enfrentarnos a un paciente en consulta: el terapeuta también es un ser humano, con sus propios valores, actitudes, emociones, etc., y muchas veces ha de dejarlas fuera de la terapia en beneficio del progreso de esta.

Aun con todo, puede ocurrirnos que no generemos buena relación con el cliente y no debemos sentirnos decepcionados por ello. Al igual que en las relaciones informales puede ocurrirnos que no tengamos buen feeling con alguien, en la relación terapéutica también puede ocurrirnos, aunque pongamos todo nuestro empeño para que no pase.

En este caso, lo más honesto y sensato es derivar al paciente a otro profesional con el que pueda desarrollar una alianza terapéutica mejor y pueda proseguir con su crecimiento personal. De esta manera, ninguna de las dos partes perdemos el tiempo y nos encaminamos a lo que realmente nos interesa: la recuperación del paciente.

Referencias bibliográficas

Rogers, C. (1951). Psicoterapia centrada en el cliente. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Corbellá, S., Botella, L. (2003). La alianza terapéutica: historia, investigación y evaluación. Servicio de publicaciones de la Universidad de Murcia. ISSN: 0212-9728

Freud, A. (1936). The ego and the defense mechanisms. Wien:Int. Psychoanal. Verlag.