Autotrascendencia, el valor de ir más allá del propio yo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 1 febrero, 2019
Eva Maria Rodríguez · 1 febrero, 2019

La autotrascendencia es un concepto que está íntimamente ligado a la espiritualidad y que ha ganado popularidad en las últimas décadas. Aunque está considerada como una característica compleja de nuestra personalidad y cada uno de nosotros puede tener una concepción diferente de ella según sus valores, es cierto que subyace una idea general sobre este término.

En esencia, la autotrascendencia significa trascender el yo (elevarse sobre el yo), es decir, ir más allá de la propia identidad y comprender que somos una pequeña parte de un todo mayor y actuar en consecuencia. Un fenómeno complejo que está en sintonía con la visión de uno mismo como parte integral del universo.

“Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”.

-Viktor Frankl-

Autotrascendencia y espiritualidad

Autotrascendencia y espiritualidad están íntimiamente conectadas. De hecho, una de las cualidades inherentes de la autotrascendencia es la expansión de la conciencia allá del yo, es decir, hacia algo más elevado, más complejo e infinito que suele ser de naturaleza divina o espiritual.

Algunas personas consiguen la autotrascendencia a través de su fe en Dios, mientras que otras pueden lograrlo a través del reconocimiento de algún tipo de espiritualidad o idea sobre el alma. De una u otra forma, este tipo de creencias y concepciones ayudan a las personas a encontrar el significado que las impulsará a trascender.

Persona caminando hacia la luz

Según el psiquiatra austríaco Viktor Frankl, la trascendencia está enraizada en nuestra espiritualidad, y la espiritualidad es la parte de la humanidad que nos separa de todas las demás especies. Uno no puede convertirse en una persona totalmente realizada y “completa” hasta que no sea capaz de autotrascender, de comprender cuál es su lugar en el orden superior de las cosas.

Así, cabe destacar que, aunque los investigadores de hoy en día, en general, no se adhieren a la idea de que la espiritualidad es una necesidad para alcanzar la autotrascendencia, para muchos es un aspecto significativo de la misma.

Abraham Maslow y la autotrascendencia

Durante muchos años, la autorrealización dominó la famosa jerarquía de las necesidades de Maslow.  De hecho, en sus primeros trabajos, Maslow consideraba que la autorrealización era la cúspide del desarrollo humano, siendo la mayor necesidad humana.

De hecho, la autorrealización es un objetivo elevado digno del desarrollo que no debe dejarse de lado. Sin embargo el verdadero objetivo, el “próximo nivel” de desarrollo, debería ser la autotrascendencia: un objetivo que se enfoca en otros, en lugar de enfocarse en uno mismo; que se refiere a objetivos más elevados que aquellos que se centran en el propio interés.

Según el psicólogo Abraham Maslow, “la trascendencia se refiere a los niveles más altos y más inclusivos o holísticos de la conciencia humana, comportándose y relacionándose, como fines en lugar de como medios, para uno mismo, para los demás, para los seres humanos en general, a otras especies, a la naturaleza y al cosmos”.

En este sentido,  la autotrascendencia proporciona al individuo lo que Maslow denominó experiencias cumbre, esas en las que se trascienden las preocupaciones personales para observar lo que sucede desde una perspectiva más amplia y elevada. Se trata de experiencias que, a menudo, generan fuertes emociones positivas como la alegría o la paz y un sentido de conciencia bien desarrollado.

Es importante mencionar que la incorporación del concepto de autotrascendencia, por parte de Maslow, a la pirámide, no siempre se nombra cuando se cita su teoría. No obstante, poco a poco, está comenzado a considerarse por la comunidad investigadora.

La teoría de la autotranscendencia de Reed

Pamela Reed define la autotrascendencia como la expansión de límites autoconceptuales de forma multidimensional. Según esta teroía, las personas pueden considerarse sistemas abiertos cuyo único obstáculo entre ellos y la autotrascendencia es el límite que se imponen a sí mismos.

Por supuesto, los seres humanos necesitan algunos límites conceptuales, pero la expansión de estos límites hacia afuera provoca un estado de mayor conexión con el entorno, además de fomentar una sensación de totalidad, que de otra forma no podría obtenerse.

La teoría de Reed postula que la autotrascendencia es una etapa del desarrollo natural y deseada, que las personas deben alcanzar para sentirse satisfechas y tener un sentido de propósito. Así, una de las principales formas en que la autotrascendencia puede afectar la experiencia del final de la vida es a través de la espiritualidad.

Mujer al atardecer

Autotrascendencia y personalidad: Cloninger

Como hemos visto, la autotrascendencia es un rasgo de personalidad asociado con la experiencia de ideas espirituales. Como tal, la autotrascendencia es una de las dimensiones de la personalidad evaluada en el inventario de caracteres de Cloninger.

En el modelo de personalidad de siete dimensiones de Cloninger, hay cuatro dimensiones de temperamento que tienen una fuerte base biológica y tres dimensiones de carácter aprendido que se cree que están basadas en conceptos. La autotrascendencia es un rasgo de carácter relacionado con la experiencia de los aspectos espirituales del yo. Según Cloninger, puede describirse como aceptación, identificación o unión espiritual con la naturaleza y su origen.

Cómo lograr la autotrascendencia

Lograr la autotrascendencia no es un camino fácil, ya que representa el estado más alto del desarrollo humano, más allá de la autorrealización que plantea Maslow. Sin embargo, hay algunas cosas que podemos hacer para impulsar su desarrollo. En este sentido, Stephanie Flood propone cinco formas creativas para lograr la autotrascendencia inspiradas por el budismo:

  • Explorar técnicas básicas de meditación (incluso si eres un meditador experimentado).
  • Empoderarse con el conocimiento y la sabiduría para construir conciencia.
  • No tener miedo del viaje, espiritual o físicamente, para encontrar una idea.
  • Encontrar técnicas espirituales propias que acerquen al propósito superior y al yo ideal.
  • Aumentar las vibraciones, viviendo en un entorno positivo y propicio a la trascendencia.

Por otro lado, no podemos ignorar los valores que señalaba Viktor Frankl para experimentar la autotrascendencia en la vida cotidiana. Estos valores, que pueden ser implementados por personas de diferentes las culturas, son los siguientes:

  • Valor creativo: devolver algo al mundo. Este valor implica dedicarse deliberadamente al trabajo productivo de manera creativa. Significa llevar el talento único y las ideas creativas a cualquier trabajo que hagamos para producir algún valor o bien a la sociedad o hacer una diferencia en el mundo.
  • Valor experiencial: recibir algo del mundo con gratitud. El valor experiencial implica apreciar las relaciones amorosas y la belleza a nuestro alrededor.
  • Valor actitudinal: tomar una posición hacia el destino. El valor actitudinal implica el poder desafiante del espíritu humano al enfrentar la adversidad con coraje o fortaleza moral. La actitud estoica de mantener la dignidad e integridad frente al peligro y las dificultades es la última línea de defensa para extraer un sentido de libertad y significado.

El psicólogo chino Paul Wong explica que cuando salimos de nuestro propio interés para servir a algo más grande que nosotros mismos, estamos practicando la autotrascendencia. Nos convertimos en nuestro mejor yo solo cuando nos volvemos desinteresados y nos orientados a cuidar a los demás.

Así, independientemente de nuestras creencias religiosas, la autotrascendiencia representa una forma de vida espiritual, esa que satisface nuestras necesidades espirituales más profundas de conectividad y trascendencia.