¿Qué es la biofilia?

La biofilia es un concepto, pero también un principio y una tendencia. Tiene que ver con la satisfacción que el ser humano experimenta cuando se pone en contacto con otros seres vivos y con la naturaleza en general.
¿Qué es la biofilia?
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 04 diciembre, 2020.

Escrito por Edith Sánchez, 03 diciembre, 2020

Última actualización: 04 diciembre, 2020

La biofilia es la tendencia innata de los seres humanos a acercarse a la naturaleza y sentirse en sintonía con ella. La primera persona que utilizó este término fue el filósofo y psicoanalista Erich Fromm en 1973. Más adelante, Edward Osborne Wilson publicó un libro llamado Biofilia, el cual alcanzó gran difusión.

Desde el punto de vista etimológico, la biofilia es una palabra compuesta por dos raíces latinas: bio, que significa ‘vida’; y philios, que se traduce como ‘inclinación, afecto o amistad natural’. Wilson lo definió como la capacidad para maravillarnos con la vida que nos rodea.

Un aspecto importante en lo dicho hasta ahora es que la biofilia está arraigada en lo profundo de nuestro ser. Cuando se dice que es “innata”, se hace referencia precisamente a eso. No estamos hablando de ecologistas o activistas verdes, sino de una tendencia a amar la naturaleza que nace con cada uno de nosotros.

El intercambio hombre-naturaleza repercute en la inteligencia, las emociones, la creatividad, el sentido estético, la expresión verbal y la curiosidad”.

-Edward Osborne Wilson-

Mujer con inteligencia naturalista

La biofilia y la mente humana

La teoría de la biofilia, expuesta principalmente por Edward Wilson, señala que durante millones de años el Homo sapiens se relacionó con la naturaleza de una manera muy estrecha. Experimentaba una necesidad natural de estar en contacto con los demás seres vivos y esto se volvió congénito.

Desde esta perspectiva, entrar en contacto con otros seres vivos es tan importante como socializar con otros humanos. Por eso, las personas tienen una sensación especial, de equilibrio y paz, cuando se adentran en un bosque, van al mar o pasan tiempo con sus mascotas.

Esta tendencia estaría presente en los genes humanos. Así pues, estamos codificados para sentir atracción, curiosidad e interés por todo aquello que tenga vida. Por eso Wilson dice que el hombre no solo debería ser definido como un “animal social”, sino como un “animal social y natural”.

La naturaleza y el bienestar

En Países Bajos se llevó a cabo un estudio con más de 300 000 adultos y niños de ese país. El propósito era identificar el impacto que tenía el contacto con la naturaleza en la vida diaria. Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Journal of Epidemiology and Community Health.

El estudio concluyó que las personas que viven cerca de zonas verdes tienen menos problemas de ansiedad y depresión que quienes habitan en áreas donde prima el cemento. De hecho, se encontró evidencia de un menor índice de riesgo para contraer al menos 15 enfermedades, dentro de las que se encuentran los problemas cardíacos, diabetes, dolores musculares, migrañas y asma.

Otro estudio, Health Benefits of Gardens in Hospitals y cuyo autor es el psicólogo Roger Ulrich, evidencia que los pacientes que han pasado por una intervención quirúrgica tienen una recuperación más rápida y necesitan menos analgésicos si desde su ventana pueden observar un paisaje verde. También indica que mirar abundante vegetación reduce la frecuencia cardiaca, la tensión arterial y las alteraciones del sistema nervioso simpático.

El biourbanismo

Muchas grandes ciudades no han hecho otra cosa que robarle espacio a la naturaleza para construir allí grandes moles de cemento, calles grises y edificios oscuros. En muchas de esas ciudades apenas si hay una tímida alusión a la naturaleza con pequeñas zonas verdes y parques, no siempre cercanos a los sitios de vivienda.

Las ciudades establecen una separación entre lo natural y lo humano. De este modo, el contacto con la naturaleza ha quedado reducido a una experiencia de consumo turístico, en el mejor de los casos, y que no forma parte de la vida cotidiana. Conscientes de ello, también hay varias ciudades que están apostándole a un nuevo modelo de urbanismo en el que lo natural vuelva a ser protagonista.

La ciudad estrella en ese nuevo modelo es Singapur, en donde se han construido redes con flujo ininterrumpido entre parques y zonas verdes. Muchas aves, insectos y otros animales han ido poblando poco a poco esos espacios.

Parque en una ciudad

Culturas y nuevos paradigmas

La biofilia estaba a flor de piel en las culturas ancestrales y actualmente también lo está en varias culturas no occidentales. Para la mayoría de los pueblos indígenas supervivientes, el contacto con lo natural es incuestionable. No necesitan ninguna teoría para tener presente y vivo ese amor por la naturaleza.

Más allá del conservacionismo o de las olas verdes, quizás lo más indicado sea volver a mirar dentro de nosotros mismos. Allá, quizás muy escondido, está ese “animal social y natural” que no está cómodo del todo con ese corte que le impide estar en contacto fluido con otros seres vivos. Quizás sea hora de comenzar a cambiar ese paradigma.

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  • Sánchez Miranda, M. P., Garza González, A. D. L., Contreras Lozano, C., López Ramírez, E. O., & Hedlefs Aguilar, I. (2011). Nuevos enfoques para el estudio cognitivo de la conducta ambiental desde la perspectiva de la biofilia. Ciencia UANL, 14(3), 288-296.