Qué es la idealización

15 noviembre, 2013
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
La tendencia a idealizar tiene diferentes causas. Pero en cualquier caso nos conduce a relacionarnos no con la persona en sí, sino con una fantasía propia.

Cada persona posee unas cualidades que pueden ser más o menos afines a nuestra forma de ser. Sin embargo no existe ningún ser humano perfecto y siempre habrá ciertas áreas en las que no estaremos del todo de acuerdo. La idealización puede constituir un lastre para cualquier relación debido a la excesiva carga que coloca sobre la figura del otro.

Tanto si esa imagen irreal se mantiene en el tiempo como si se desmorona al comenzar a intimar, en ningún caso contribuirá a formar una relación saludable. Hemos de ser capaces de ver a los demás tal y como son, amarlos y aceptarlos con sus virtudes y sus defectos. De lo contrario, no nos estaremos relacionando verdaderamente con esa persona sino con una fantasía.

¿En qué consiste la idealización?

Idealizar a alguien consiste en considerarlo un modelo de perfección, exagerando las virtudes de esa persona y pasando por alto sus cualidades menos positivas. De esta forma generamos una imagen bastante alejada de la realidad que puede complicar nuestra relación con el individuo idealizado.

Es cierto que en determinadas circunstancias, como puede ser el inicio de una relación romántica, la idealización es parte del proceso. No obstante, algunas personas presentan una mayor tendencia a idealizar a los demás. ¿A qué se debe?.

pareja abrazada bailando

Baja autoestima

Cuando no se cuenta con una autoestima adecuada es común tender a valorar en exceso a los demás en detrimento del valor propio. De alguna forma sobredimensionamos aquello que encontramos en otros y que a nosotros nos falta. De esta manera consideramos al otro especial, inalcanzable y perfecto mientras nos sentimos inferiores.

Esta es una situación peligrosa que puede derivar fácilmente en relaciones de dependencia. Si nos consideramos poco valiosos a nosotros mismos mientras ensalzamos las virtudes de la contraparte, rápidamente caeremos en comportamientos sumisos y complacientes.

Perfeccionismo

El perfeccionismo guarda una estrecha relación con la tendencia a la idealización. Eso es debido a la percepción dicotómica que mantienen los individuos perfeccionistas sobre su entorno. Todo es blanco o negro e, igualmente, las personas son fantásticas u horribles. Cuando encuentran a alguien que parece encajar con sus más altos valores, tienden a colocarlo en un pedestal y a ignorar sus fallos.

pareja fusionada en un árbol

Anhelos infantiles

Cuando los conflictos de la infancia no se resuelven adecuadamente pueden reproducirse en nuestras relaciones adultas. Buscamos recrear la relación infantil con nuestros padres en la que sentirnos únicos y amados incondicionalmente, en la que nuestras demandas sean satisfechas sin tener siquiera que articular palabra. 

En estos casos puede que proyectemos dichos anhelos en las personas con quienes nos relacionamos. Les otorgamos el papel de proveedor todopoderoso y depositamos nuestras más altas expectativas en ellos. Evidentemente, esto no es realista ni saludable y más pronto que tarde aparecerá la decepción.

¿Qué ocurre con la idealización?

La idealización puede desembocar en dos desenlaces diferentes pero igualmente desalentadores. Por un lado es posible que las expectativas irreales asociadas a una persona caigan por su propio peso con el paso de tiempo. Nadie es perfecto, todos cometemos errores y tenemos fallos. Por ello, cuando la venda se cae de los ojos del idealizador puede sentir decepción y una profunda sensación de traición.

Comenzará a pensar que la persona lo ha engañado, que no era lo que parecía ser. Lo cierto es que él mismo la había colocado en un pedestal insostenible y al enfrentar la realidad se verá invadido por la frustración.

 

Pareja besándose entre árboles

Por otro lado puede ocurrir algo completamente opuesto. Para mantener nuestro equilibrio psicológico la personas tendemos a mantener a salvo las creencias que ya poseemos. De esta forma ignoramos toda información que contradiga nuestras ideas y buscamos activamente aquella que las apoye.

Cuando un individuo idealiza a otro puede hacer lo indecible por mantener esa imagen ficticia que le ha asignado al otro en su mente. Para ello recurrirá a mil excusas y justificaciones de forma que pueda evadir los fallos que comienzan a hacerse patentes en el otro. Igualmente ensalzará sus virtudes más allá de lo positivo que verdaderamente puedan tener.

Si deseamos establecer una relación saludable es necesario que nos libremos de estos velos y miremos de frente a la persona en su totalidad. Hemos de aceptar sus aciertos así como sus errores, asumiendo que es humana y queriéndola en su imperfección. Solo de este modo el vínculo será real.

  • Blasco, C., & DEL CONCEPTO, J. A. (2005). Dependencia emocional. In I Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero-15 de Marzo 2000 [citado:*]; Conferencia 6-CI-A:[52 pantallas]. Disponible en: http://www. psiquiatria. com/congreso/mesas/mesa6/conferencias/6_ci_a. htm.
  • Branden, N. (1995). Los seis pilares de la autoestima. Paidós.