¿Qué es un suspiro?

02 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Esther Rodriguez
Aunque parezca que solo suspiramos por amor, nostalgia o alivio, en realidad, hay varias razones para hacerlo más allá de lo emocional.

Escribió una vez Gustavo Adolfo Bécquer: “Los suspiros son aire y van al aire / Las lágrimas son agua y van al mar / Dime, mujer, cuando el amor se olvida, ¿sabes tú a dónde va?“. Sin embargo, la respuesta a qué es un suspiro no la tuvo –ni la tiene– solamente la pluma de este poeta.

Si buscamos el verbo suspirar la primera definición que nos aparece es ‘dar uno o varios suspiros, generalmente como expresión de cierto sentimiento‘ y continúa con: ‘desear con mucha ansia una cosa o a una persona‘.

Por otro lado, el suspiro es definido por la Real Academia Española como: ‘aspiración fuerte y prolongada seguida de una espiración, acompañada a veces de un gemido y que suele denotar pena, ansia o deseo’. Otras acepciones muy interesantes las encontramos en ámbitos como la música, donde un suspiro constituye una pausa breve.

Estas conceptualizaciones nos llevan a otorgarle un componente emocional al acto de suspirar. Sin embargo, cabe reparar en la pregunta de este artículo desde una visión fisiológica y emocional. 

Mujer suspirando

El suspiro desde el enfoque biológico

El sistema respiratorio es uno de los principales motores del cuerpo. Sin él, no podríamos vivir, ya que regula el ritmo cardiaco y el sueño.

Respiramos más o menos 16 veces por minuto, pero cada cierto tiempo se produce en el organismo una sobreinspiración para que los alveolos pulmonares se despeguen del pulmón y de esta forma todo el pulmón pueda respirar correctamente. Esta “pausa breve” es el suspiro del que hablamos, una inspiración profunda que va seguida de una espiración prolongada, teniendo como función principal oxigenar bien la sangre.

Si no suspiráramos, el cuerpo se colapsaría, pues solo así los pulmones pueden recibir el oxigeno necesario para liberar el dióxido de carbono que se acumula y que no podría salir con una de las respiraciones normales.

El buen funcionamiento del aparato respiratorio nos garantiza mayores defensas internas de el organismo y en muchas ocasiones favorece la reducción de la ansiedad por la bajada del cortisol. Por ello, siempre suspiramos.

Tanto es así que, necesitamos suspirar para mantenernos con vida. Siendo entonces el suspiro un mecanismo normal del organismo que incluso durmiendo, sucede.

El suspiro desde el enfoque psicológico 

“Vuélveme tu suspiro, y subiré y bajaré de tu pecho / me enredaré en tu corazón/ saldré al aire para volver a entrar. Y estaré en este juego toda la vida”.

-Gabriela Mistral-

Como hemos señalado al inicio, la mayoría de las definiciones apuntan al componente emocional del término suspiro. Y es por esto que la mayoría de las personas lo relacionamos con aburrimiento, cansancio, ira, amor, etc. y es que no podemos negar que existe una estrecha relación entre la respiración y el estado anímico. 

Suspirar proviene del latín suspirāre, que significa ‘soplar’ y ‘respirar’. Entre ellos podemos hallar: “espíritu, inspirar, aspirar, espirar, expirar, respirar, suspirar y transpirar”. Según Barcia (1961), suspirar, compuesto de sub (‘bajo’) y de spiritus (‘espíritu’), supone la idea de una respiración que viene de lo hondo del ánimo, un aliento profundo y trabajoso.

Hombre suspirando

Desahogo y angustia, dos caras comunes del suspiro

Tal como señaló Chiozza (2008), el suspiro no tiene por qué suponer una situación dolorosa, pues en ocasiones suspiramos por situaciones positivas que nos acontecen, como si el suspiro fuese un saludo con el que despedimos las pasadas angustias. Ya que proviene de un instante de suspensión del aliento o respiro, constituye un “desahogo” que expresa la superación del desaliento. Quizás algo interno que ya está preparado para salir. 

No obstante, el suspiro, además de ser un fenómeno biológico necesario, puede actuar como un síntoma que avisa de que algo no va bien y expresa una verdad que la persona aun desconoce, ignora o niega, quizás porque no está preparada aún para gestionarla.

Podría considerarse como un mensaje cifrado que la persona necesita descifrar, y en este caso es el cuerpo el que comienza a hablar cuando aparecen conflictos emocionales no resueltos o no verbalizados, ya sea por dificultades internas o del entorno.

Tanto es así que cabría observar la función que cumple el suspiro en relación a un conflicto familiar, por ejemplo, si es una alerta que nos avisa de que hay un problema que resolver o ayuda a desarrollar un malestar posterior que guíe al sistema familiar a reconducir o disolver el problema. 

De cualquiera de las maneras, tanto desde el enfoque biológico como psicológico, la acción de suspirar nos ayuda a mantenernos con vida, nos regala esa breve pausa para que el organismo continúe su correcto funcionamiento y para poder reconducir ciertas vivencias, si las hubiese, que provocan un conflicto emocional interno. 

  • Chiozza, Luis Antonio (2008). Afectos y afecciones 1: los afectos ocultos en la enfermedad del cuerpo - 1a ed. - Buenos Aires: Libros del Zorzal-