¿Qué hace que sigamos una normas y no otras? - La Mente es Maravillosa

¿Qué hace que sigamos una normas y no otras?

Cristina 11 enero, 2018 en Psicología social 135 compartidos

El ser humano es un ser social, y como tal, vive en sociedad. Para que la convivencia sea adecuada y agradable, cada individuo como parte indivisible de la colectividad, debe seguir una serie de normas tanto escritas (aquellas formuladas por los representantes que la propia comunidad elige) como no escritas (aquellas que nos van inculcando desde que somos pequeños y que vamos adoptando a nuestro estilo de vida casi de forma inconsciente; invisibles en su día a día, pero que se materializan en el momento en que alguien sobrepasa los límites establecidos).

El comportarse acorde a las normas se hace, como se dice de forma cotidiana, “sin pensar”. No obstante, el cumplimiento de la norma lleva aparejado un proceso mucho más amplio de lo que creemos. ¿Qué mecanismos son los que hacen que cumplamos las normas o no?

Las normas y su conducencia

La etimología de la palabra “conducencia” proviene del verbo “conducir”, guiar y dirigir algo hacia algún punto en concreto. Referida a la norma, la conducencia vendría a ser la propiedad que deben presentar las normas para que aquellos que las tienen que cumplir efectivamente lo hagan.

Este proceso se basa en una triangulación de tres componentes: características de la norma, las motivaciones y los procesos psicosociales; forman una red en la que todos los elementos de cada uno de ellos van a relacionarse entre sí.

Camino hacia el bosque

Características de la norma

Existen tres elementos:

  • Eficacia: la norma será eficaz si el comportamiento de las personas se adecua a lo que establece la norma.
  • Legitimidad: es el grado de acuerdo que existe entre lo que se establece en la norma y los principios éticos que posee cada persona. Es más probable que una norma se cumpla si su contenido se relaciona con lo que yo pienso.
  • Validez: vigencia de la norma.

Motivaciones fundamentales

Se refieren a nuestros propios objetivos de carácter personal. Cuando se trata de adecuar nuestro comportamiento a una norma (un estímulo externo), la analizamos para aceptarla o rechazarla según consideremos que se puede interponer o impulsar la conquista de esas metas preestablecidas. Concretamente son tres:

Efectividad de nuestras acciones

Cuando orientamos nuestras acciones, pretendemos obtener los mejores resultados. De esta forma, actuamos sobre el ambiente y sobre las demás personas para conseguirlo. No obstante, el concepto de “mejor” es puramente subjetivo y va a depender de cada persona, con lo cual, las normas se seguirán en función de si consideramos que vamos a obtener o no esos resultados.

Construir y mantener las relaciones sociales

Una consecuencia lógica de vivir en comunidad es que debemos crear, de forma necesaria, lazos con nuestros semejantes. Se crea un sistema de retroalimentación por el cual precisamos de la ayuda de los demás y estos de la nuestra, por lo tanto, su comportamiento va a influir en nuestra toma de decisiones y viceversa.

Grupo de monigotes unidos

Mantener un alto concepto de nosotros mismos

El autoconcepto es la imagen que tenemos de nosotros mismos y es el resultado de la combinación de nuestros propios actos y nuestros valores, pensamientos y creencias con nuestras acciones. Si lo que pensamos no está alineado con nuestras acciones, se va a producir una tensión interna denominada “disonancia cognitiva“.

Esta falta de armonía va a motivarnos para adoptar las medidas necesarias que alivien el malestar asociado a la disonancia. En definitiva, tenderemos a asemejar nuestra conducta a nuestras creencias, de manera que haya una coherencia en nuestro propio autoconcepto. Cuanto mayor y más positiva sea la imagen que tenemos sobre nosotros, más motivados nos encontraremos para seguir la norma. Así, mantendremos estable nuestra armonía interna.

Procesos psicosociales

Este elemento engloba tres procesos esenciales en la toma de decisiones. Procesos que van a suponer el enlace entre todo lo explicado anteriormente y la orientación de nuestras acciones respecto de la norma.

Saliencia

Equivalente a la atención. Es más probable que una norma se cumpla si se encuentra en el foco de nuestra atención cuando tomamos decisiones.

Seguir la norma o no va a depender en gran medida de si pensamos que todo el mundo lo hace o no (si creemos que nadie sigue las normas en general o una determinada norma en concreto, es más probable que no la sigamos), y de si el resto de personas lo van a aprobar (si me debato entre hacer algo o no hacerlo, si creo que mi pareja, amigos y familiares van a tener un mal concepto de mí, es más probable que termine por adecuarme a lo que la norma establece).

Evaluación

Vamos a evaluar, primeramente, la relación entre la norma y los valores éticos y morales. Según cómo consideremos que se ajusta a ellos, la vamos a considerar más o menos legítima.

En un segundo momento, la evaluaremos con la autoestima. Cuanto más nos concentremos sobre nosotros mismos, tengamos conciencia de nuestros principios personales y actuemos en consecuencia, es más probable que aceptemos las normas. Por último, se va a evaluar cuan justa es la norma.

No obstante, al igual que ocurría con los objetivos, este concepto va a depender de cada persona. Dentro del concepto general de justicia va haber dos dimensiones sobre las que cada persona se posicionará. Una de ellas es la dimensión distributiva, la cual refleja la medida en que se considera que los resultados obtenidos son justos; la otra, es la dimensión procedimental. Se evalúa si la forma de obtener ese fin ha sido verdaderamente justa.

Hombre con gafas pensando en las normas sociales

Cálculo

Cada vez que hacemos algo, estimamos el rendimiento que vamos a obtener. Calculamos los beneficios y los costes de las repercusiones que se van a generar. Si en esa balanza los beneficios superan los costes, orientaremos nuestra conducta al cumplimiento de la norma; si los costes superan a los beneficios, romperemos la norma.

Las normas son el pegamento que cohesionan a los individuos de la sociedad en la que vivimos. Sin embargo, como individuos, tenemos un pensamiento crítico, emociones, etc. que van a influir en el tipo de convivencia. Esto va a hacer que algunas de las normas no se sigan automáticamente, sino que internamente vamos a llevar a cabo un proceso mucho más complejo de lo que podríamos imaginar. Será este proceso, la combinación de todos los elementos anteriores, el que va a hacer que cumplamos o no la norma.

Referencias bibliográficas

Ocejea Fernández, L. y Fernández – Dols, J. Miguel. 2006. La conducencia de la norma jurídica. En Garrido, E., Massip, J. y Herrero, C (Coords), Psicología Jurídica (págs. 77 – 105). Madrid: Pearson Educación, S.A.

Cristina

Estudiante de Criminología."Cuanto más se lee, menos se imita" Jules Renard.

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