Que hoy sonrías a la vida por lo que un día lloraste es un placer impagable - La Mente es Maravillosa

Que hoy sonrías a la vida por lo que un día lloraste es un placer impagable

Cristina Roda Rivera 20, Marzo 2017 en Emociones 10656 compartidos
Mujer sonriendo

Tu vida ha quedado marcada por muchos instantes, como aquellos en los que sentiste amargura o aquellos que te trajeron decepciones que no esperabas. Momentos relacionados con las circunstancias, pero también con las personas, de manera que han sido capaces de cambiar una relación en menos tiempo del que el segundero tarda en repetirse. Lo han hecho sin medir ni formas ni consecuencias, cuando nosotros intentamos tener todo el cuidado del mundo.

Personas que incluso han aprovechado tus momentos de reflexión para clavarte pequeñas puñaladas por la espalda. Después a ti te ha tocado sufrir todos los daños, gracias a que quisiste minimizarlos y la otra persona aprovechó este espacio de reflexión para terminar con todo. Después a ti te a tocado cargar con la “rabia” de sentirte el tonto, de comprobar como por querer proteger a los dos has sido el único que ha salido herido.

Te das cuenta de que mientras deliberabas para causar el menor daño posible alguien “te la ha jugado”. Sin el menor atisbo de decencia. Eso causa ira y rencor e incluso puede hacer que te sientas estúpido. Una sensación que piensas que no se marcará en la vida.
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Estás en tu derecho de sentirlo. Puedes vivir perfectamente con ello, pero no sabes cuándo se te pasará por completo. De repente, un día precedido de otros de tantos y sin apenas ser consciente de ello, llega el momento esperado en el que piensas: “De lo que me libré, dichoso el momento”.

Detente porque es un momento “deluxe”: adiós a la ira, que entre la indiferencia y bienvenido sea el humor. Esa sonrisa de alivio al ser conscientes de lo que nos hemos librado es altamente cotizada en la bolsa de la salud psicológica. Para saborearlo, antes has tenido que actuar de forma limpia, ser dañado y luego quizás guardar rencor durante un tiempo.

Has pasado por lo necesario, ese era el décimo de la lotería que has jugado como cualquiera que se atreve a jugar y también a perder. En esa sonrisa solitaria o acompañada, está el premio gordo.

Nuestras decepciones en la vida, nuestros “detox” futuros

Gestionar una decepción o una traición no es fácil. Tampoco lo es estar atascado/a en una rotonda que siempre te lleva a las mismas discusiones. Prolongar un malestar por costumbre, por piedad, es entrar en un bucle de estrés sin fin. No hay nadie tóxico “per se”; eso es falso. Hay relaciones que lo son o que se transforman en ello. Identificarlas y acabar con ellas no es tarea fácil, sobre todo si pretendes hacerlo como una persona madura.

Jamás te sientas débil por haber intentado hacer las cosas bien y haber sido traicionada/o. En un futuro, sabrás como tomar un “zumo detox” sin haberte intoxicado antes. Sabrás detectar las señales que no te interesan antes de que te lleguen hacer daño de verdad. Aprenderás a ir cerrando puertas sin hacer ruido y sin que nadie se estampe con ellas. Además aprenderás a asumir que el resto tienen el mismo derecho a hacerlo contigo.
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Querer hacer las cosas bien en la vida dice mucho de nosotros. Acabar con matrimonios de 40 años, amistades de la infancia o dejar nuestra primera oportunidad laboral, que hace tiempo que dejó de ser oportunidad para convertirse en castigo, son cuestas de pendientes pronunciadas.

Sin embargo hay personas que no se toman la molestia de hacerlo con cuidado y te toman la delantera, traicionándote de una forma vil, burda y cobarde. No te sientas nunca ridícula por haber querido hacerlo bien, por no jugar sucio. Sentirás ira, pero deja que fluya.

Todas esas decepciones se convertirán en tu “detox” futuro. A la próxima señal de desgaste, no más rodeos. No más relaciones inocuas prolongadas. No querrás hacerlo tan bien para hacerlo de la mejor forma posible: indiferencia absoluta.

Después de la ira, la indiferencia, y por último la sonrisa

Lo que pase con la evolución de los demás no es asunto tuyo, pues hasta la gente más despiadada puede llegar a tener suerte en la vida. Piensa en dónde estás respecto a lo que quieres ser, y reconoce el valor de mantenerte en ese camino frente a la tentación en la que han caído otros. Este, y no otro, es el mejor punto de referencia para que, pese a las decepciones, no abandones a tu sensibilidad en las despedidas que son necesarias.

No vamos a negar que es un proceso duro ir desvinculándose de ciertas personas y hábitos a lo largo de la vida. Creerás que pierdes tu identidad y cada golpe te parecerá un pozo sin fondo. No sabemos si en realidad estamos cambiando para bien o para mal hasta que un día cualquiera empezamos a recordar lo que un día nos masacró emocionalmente de una forma distinta.

De repente, en un momento, nos reconocemos como supervivientes.
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Mujer sonriendo

No nos sentimos extraños respecto nosotros mismos. Miramos nuestras manos, sentimos el peso de nuestras piernas y tomamos conciencia de nuestra presencia. Incluso sin pedir ayuda y sin que nadie nos la prestara, seguimos en pie. Entendemos que en la levedad del ser, está toda nuestra potencia para estar presentes de verdad.

No necesitamos ya el visto bueno de nadie. Nos da igual ser perdedores a la vista de los demás. Hemos ganado la batalla que solo podría librarse de forma interna. Empecemos pues a reírnos, solos o acompañados. Por encima de la rabia, sintamos ese orgullo por haber actuado de cara y en sintonía con la persona que somos.

La sonrisa solo se dibuja auténtica cuando te hace sentir en paz contigo mismo, pese a que las circunstancias eran difíciles y existía el peligro de que te traicionaran, como finalmente terminó sucediendo. Ahora, tu sonrisa es el eco porque, si bien un día alguien te decepcionó, tú no lo hiciste contigo mismo.

Ya sabes cómo funciona el proceso y eso sirve de mucho. El que ríe el último ríe mejor porque no se ríe de nadie. Contempla a lo lejos cómo los que provocan daño se adentran más, casi sin oxígeno, en la oscuridad que ellos mismos han invocado.

Cristina Roda Rivera

Psicóloga,Especialista Máster en Psicología clínica y social.

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