¿Qué le ocurre a nuestro cerebro cuando nos enfadamos?

17 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Cuando nos enfadamos, nuestro cerebro queda «secuestrado» por nuestras emociones. Hay quien controla mejor su ira y frustración gracias a la asertividad. Sin embargo, otras personas pueden seguir alimentando ese malestar durante horas o incluso días.
 

¿Qué le ocurre a nuestro cerebro cuando nos enfadamos? ¿Por qué hay personas que lidian tan mal con los enfados y dejan entrever su peor lado? Parece que este estado emocional es uno de los que más nos cuesta entender y gestionar. Es más, algo que sin duda sabes es que es el que más efectos colaterales deja, tanto a nivel relacional como en el aspecto relativo al bienestar psicológico.

Decimos esto último por un hecho bastante común. Hay quien lejos de evidenciar abiertamente sus enfados y desacuerdos, los internaliza. Lo hacen con el fin de evitar la confrontación directa y por ello, reducen la intensidad de su ira mediante un fuerte autocontrol. Sin embargo, esta estrategia a la larga también deja secuelas, porque es otro modo de manejar de forma ineficaz todo ese cúmulo de emociones subyacente.

El cerebro sufre en estas situaciones toda una serie de cambios que afectan no solo a nuestro estado de ánimo y comportamiento. Ese resorte biológico, orquestado por unas estructuras neuronales muy concretas, tiene impronta también a nivel hormonal. Todo nuestro cuerpo se tensa como efecto del cortisol, dando forma así a un patrón de respuesta fisiológico muy llamativo en algunos casos.

Así, y aunque casi siempre centremos la atención en los niños a la hora de enseñarles a manejar mucho mejor sus enfados y rabietas, nos olvidamos de algo muy concreto. A los adultos también nos cuesta bastante controlar estas situaciones. Entender se gesta esa emoción a nivel cerebral puede ayudarnos a conocernos un poco mejor.

 

«El cerebro emocional responde a un evento más rápidamente que el cerebro racional».

-Daniel Goleman-

Pareja en sofá simbolizando cuando ocurre a nuestro cerebro cuando nos enfadamos

Esto es lo que le ocurre a nuestro cerebro cuando nos enfadamos

Decía el filósofo griego Epícteto que el sufrimiento surge al tratar de controlar lo que es incontrolable o al descuidar lo que está a nuestro alcance. Todas esas situaciones son origen también de nuestros enfados y cada uno de nosotros canalizamos dichas realidades con menor o mayor acierto. Habrá quien libere a su Hulk interno y habrá quien, como hemos señalado, sea más templado y diplomático y opte por engullir su rabia y frustración haciendo ver que no pasa nada.

Sea como sea, hay algo evidente: todos sabemos qué se siente cuando el enfado nos atenaza. No es agradable, no es fácil manejarlo y, lo que es más llamativo, su efecto puede durar días, horas o en los casos más acusados (y también tristes) toda una vida. Todo depende claro está, del detonante, de aquello que nos haya ofendido, herido o contrariado.

Ahora bien, algo que la mayoría desconocemos es lo que le ocurre a nuestro cerebro cuando nos enfadamos. El origen de cada cosa que sentimos, pensamos y experimentamos subyace en ese universo y, por ello, es interesante comprenderlo un poco más. Profundicemos, por tanto.

 

Cuando el cerebro emocional asume el control

Cuando nos enfadamos, lo primero que sucede a nivel cerebral es, cuanto menos, llamativo. Áreas, como la corteza prefrontal, esa región relacionada con las funciones ejecutivas, el pensamiento analítico, lógico y reflexivo, reducen su actividad. Es decir, en el momento en que surge el pinchazo de la ira, de esa rabia que quema cuando nos enfadamos, todas estas funciones se opacan.

Es el centro emocional, localizado en el sistema límbico, quien asume gran parte del control. Es más, estudios como los llevados a cabo en la Universidad de California por parte del doctor Thomas F. Denson, nos señalan algo interesante.

Se ha podido ver -mediante resonancias magnéticas- que las personas que experimentan mayor ira durante los enfados evidencian una actividad más elevada en el área de la ínsula, el hipocampo y la amígdala. Sin embargo, conductas como el ajuste del comportamiento y la cognición social se ven reducidas porque la corteza temporal y el precuneo presentan una menor actividad.

Amígdala simbolizando cuando ocurre a nuestro cerebro cuando nos enfadamos

La amígdala cerebral, la estructura que regula la respuesta de enfado

 

La amígdala es esa pequeña y primitiva estructura que, cuando detecta una amenaza, prepara al resto del cerebro para que reaccione. Lo hace principalmente, desatando una respuesta emocional y para ello, intenta «apagar» áreas como la corteza prefrontal, impidiendo, por un momento, que podamos evaluar de manera objetiva y calmada la situación.

Asimismo, activa otras áreas como las siguientes:

  • El locus coeruleus: un área que se encarga de enviar más noradrenalina al cerebro y conseguir así una mayor activación.
  • La sustancia gris periacueductal: esta región activa dos respuestas, la de lucha y también la de quedarnos paralizados.
  • La hipófisis, encargada de segregar corticotropina, necesaria para liberar el cortisol en la sangre, más conocido como la hormona del estrés.
Mujer y hombre hablando sentados

Conclusión

Lo que le ocurre a nuestro cerebro cuando nos enfadamos es algo muy complejo. Sufrimos, por así decirlo, todo un secuestro emocional al dejar que nuestros neurotransmisores orquesten toda una serie de procesos con los que nublar nuestra objetividad y capacidad de reflexión.

Algo que debemos comprender es que enfadarnos no es ni mucho menos negativo; hacerlo del peor modo posible sí. Decía Plutarco que el enfado es una emoción intensa que surge cuando la gente sufre o percibe que recae sobre sí una ofensa, un insulto o una injuria. Por tanto, ante este tipo de situaciones es lícito y lógico reaccionar y dejar entrever nuestra protesta e indignación.

 

Ahora bien, debemos hacerlo con equilibrio y asertividad. Esa es la auténtica clave: quien maneja bien su ira, quien la canaliza y se hace servir de una adecuada comunicación y un adecuado respeto, acaba ganando siempre en salud. Vale la pena intentarlo.

  • Denson, T. F., Pedersen, W. C., Ronquillo, J., & Nandy, A. S. (2009). The angry brain: Neural correlates of anger, angry rumination, and aggressive personality. Journal of Cognitive Neuroscience21(4), 737–744. https://doi.org/10.1162/jocn.2009.21051
  • Klimecki, O. M., Sander, D., & Vuilleumier, P. (2018). Distinct brain areas involved in anger versus punishment during social interactions. Scientific Reports8(1). https://doi.org/10.1038/s41598-018-28863-3