¿Qué significa validar una emoción?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 7 octubre, 2018
Sergio De Dios González · 7 octubre, 2018
La validación es el punto de partida en muchos contextos de ayuda. De hecho, es uno de los principales ingredientes para que esta ayuda sea efectiva, ¿quieres saber en qué consiste?

Validar la emoción o el relato de otra persona es un logro con tanto valor -valga la redundancia- que constituye uno de los pilares básicos de muchas de las intervenciones que se realizan. Muchas de las personas que llegan a consulta lo hacen sintiéndose raras, desubicadas, en medio de un mar emocional al que quizás no saben cómo han llegado y tampoco cómo navegar en él.

El otro día, Alicia contaba que no sabía cómo podía sentirse triste teniendo una familia maravillosa y un trabajo que no estaba mal. Fernando contaba que estaba enfadado consigo mismo por no haberse esforzado lo suficiente. Lucas era preso de la ansiedad porque le había cambiado el horario y su hijo salía del colegio antes de que pudiera recogerle. Además, también estaba enfadado consigo mismo por sentirse así: sabía que no pasaba nada porque esperara cinco minutos.

Mujer sola sentada en un banco

Es normal que te sientas así

Una de las primera ideas que vamos a intentar trasmitirles a Alicia, Fernando o Lucas es que es normal que se sientan así. Que no son “locos emocionales”, que lo que sienten es consecuente, ya no con el mundo, sino con la realidad paralela que ellos han construido. Esa con la que en el fondo trabajan.

Así, con la validación lo primero que conseguimos es que el otro deje de sentirse raro. Habrá o no que intervenir, pero en ningún caso es la persona la que está defectuosa. Puede tener mayor sensibilidad, un mayor grado de neuroticismo, trabajar con un camión entero de ideas irracionales, pero el problema no está en su naturaleza.

Este es el punto de partida donde le decimos al paciente/cliente que está habilitado para hacerlo mejor. ¿El qué? Pues gestionar sus emociones o establecer prioridades, por ejemplo. Así, la validación también sirve para devolverle parte de ese control que puede creer haber perdido.

En este sentido, la validación también es un recurso maravilloso para cuidar de las relaciones. Si la hacemos bien, será un primer paso, una ruptura del hielo que nunca generará rechazo. Además, y al mismo tiempo, le haremos saber al otro que le hemos escuchado con atención (escucha activa).

Cuidado, diciendo que es normal aquello que el otro siente no estamos diciendo que el problema que nos plantea sea o no extraordinario o que la intensidad emocional con la que vive sea la que más le ayude. Poco haremos si le decimos a Lucas que no pasa nada porque su hijo tenga que esperar un poco, eso él ya lo sabe y de alguna manera ya se castiga por ello. Incidiendo sobre esta idea solo lograremos que se sienta peor, más raro. Al igual que le pasaría a Alicia.

Por eso es tan contraproducente el “deja de sentirte triste” o “no hay razón para que te pongas así”. Estos imperativos nunca hacen que la persona se sienta mejor. Imponen más obligación a una batalla que de por sí ya está librando. Si algo necesita la persona es todo lo contrario, que los demás reconozcan su esfuerzo, que está librando esa batalla.

Amigas tomando café

La validación: el mejor punto de partida para brindar ayuda emocional

De esta forma, con la validación abrimos las puertas para la expresión emocional, sin el temor a que el otro se sienta juzgado o reprendido. Además, como hemos dicho, también le devolvemos al otro el control sobre sus emociones. Además, nos sitúa como figura de auxilio, de ayuda. El otro sentirá que le entendemos, que hemos recogido esa punta de cuerda que nos ha lanzado y nuestras posibilidades de poder ayudarle aumentarán.

Como vemos, la validación es uno de los elementos imprescindibles en la base de cualquier relación, pero es especialmente importante en contextos clínicos. Además, también lo es en contextos de emergencia. Por ejemplo, una persona puede llegar a sentirse muy desconcertada por no sentir una enorme tristeza por haber perdido a varios familiares en una tragedia.

De hecho, puede deducir de esta insensibilidad emocional que no les quería y sentirse muy culpable. Ahora pensemos que la manifestación de la culpa y la tristeza puede tener rasgos comunes. ¿Cómo vamos a poder ayudarle si no sabemos cuál es el cuadro al que nos enfrentamos?

Linehan, M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. New York: NY: Guilford Press.