¿Qué son los neuromitos?

5 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Vélez
¿Crees que no utilizamos todo nuestro cerebro? ¿Piensas que las personas zurdas son más creativas? Estas ideas se han popularizado sin ser realmente ciertas. A continuación desmontamos algunos neuromitos.

Con la proliferación de las neurociencias, el interés por ellas también ha crecido exponencialmente. Esto ha llevado a que muchos conocimientos y resultados de investigación se hayan descontextualizado o malinterpretado, dando lugar a lo que llamamos neuromitos.

Estos mitos sobre el conocimiento neurocientífico han calado especialmente hondo en el ámbito educativo. Esto ha llevado a padres, profesores y los propios alumnos a tener determinadas creencias sobre el cerebro y el aprendizaje que no son del todo ciertas.

Estos sesgos de la información, además, han dado lugar a métodos educativos y otras prácticas no basados en la evidencia. Además, esto lleva a juicios y a percepciones erróneas que condicionan cómo los educadores (padres o profesores) van a enfocar el aprendizaje.

Hombres observando el cerebro de los superdotados

Desmontando mitos

Todos los neuromitos están basados en conocimiento científico real. Sin embargo, la información ha sido tergiversada o se ha prestado atención solo a un aspecto muy concreto. A continuación, desmontamos los tres neuromitos más extendidos.

1. Solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro

Este podría considerarse el neuromito más extendido en todo el conocimiento popular, estando en boca de educadores, publicistas, parapsicólogos, etc. El mito sugiere que solo utilizamos un 10% del cerebro y que este porcentaje puede aumentar mediante técnicas de entrenamiento o aprendizaje, ya que el otro 90% está libre e inutilizado.

Lo que hay de verdad en este neuromito es que sabemos que el cerebro es un órgano muy potente y que por su funcionalidad no puede utilizarse al 100%. Esto no quiere decir que las capacidades no puedan mejorar, sino que esas mejoras se producen fortaleciendo conexiones, creando nuevas redes o mejorando la salud del cerebro. No es cuestión de «espacio».

Si el cerebro se activase en su totalidad, supondría un desgaste energético enorme, además de producir todo tipo de comportamientos a la vez. El cerebro funciona activando diferentes áreas que se conectan entre sí para poner en marcha un proceso cognitivo o una conducta.

Igualmente, cuando dormimos se ha observado que todo nuestro cerebro muestra un pequeño nivel de actividad. Así, sí que utilizamos el 100% del cerebro, pero en un mismo momento sólo se activan las regiones necesarias.

2. El aprendizaje es mejor si se sigue el propio estilo de aprendizaje

Otra creencia muy extendida en el ámbito educativo es que los alumnos y alumnas aprenderán mejor cuando la información se le proporcione acorde a su estilo de aprendizaje. Se ha diferenciado tres estilos: auditivo, cinestésico o visual. De esta forma, sería necesario enseñar a cada estudiante con un estilo distinto, incluso en algunas escuelas se ha llegado a etiquetar a cada niño con la inicial de su estilo.

Sin embargo, esta creencia no solo no se basa en ninguna evidencia científica ni se ha demostrado que el aprendizaje sea mejor cuando se proporciona por uno de estos canales. Sino que además, se ha observado una gran carencia en los estudios de investigación al respecto.

No obstante, cada cerebro es fruto de un conjunto de experiencias y biología únicos. Así, es inevitable que cada persona prefiera o le resulte más fácil aprender de una determinada manera. Ahora, ¿esto es mejor?

Lo que sí se sabe con certeza es que, cuando el cerebro recibe varios estímulos que no están integrados sensorialmente, se produce confusión y necesita más recursos para integrar la información. En cambio, cuando la información es rica y cubre varios canales sensoriales, el recuerdo y aprendizaje es más fuerte.

3. Los hemisferios son independientes y determinan la personalidad

Este mito, ampliamente extendido, propone que cada hemisferio cerebral es el responsable de determinados procesos y que ambos trabajan de forma independiente. Además, esto va unido a que uno de ellos es dominante, lo cual determinará las características, e incluso personalidad, de las personas.

Según esta idea, el hemisferio derecho es el del pensamiento más global, artístico, sensorial y despreocupado. Por su parte, el hemisferio izquierdo sería el cerebro analítico, responsable, certero, estructurado y lógico.

Respecto a estas ideas, se puede afirmar hoy, gracias a la ciencia, que esto no es así. Ambos hemisferios reciben información de todo tipo y la procesan en la misma medida. No obstante, hay determinadas funciones que son especialmente trabajadas por áreas que se encuentran en un hemisferio u otro. Sin embargo, toda la información se trabaja de forma interconectada, a menos que exista un trastorno orgánico.

Además, aunque ser diestro o zurdo suponga la dominancia de un hemisferio, esto no tiene nada que ver con el tipo de procesamiento o la personalidad de la persona. En cualquier caso, las aptitudes y habilidades de cada persona vienen principalmente determinadas por la experiencia y otros factores hereditarios.

Cerebro con los hemisferios coloreados

Existen muchos más…

Existen más neuromitos como que solo se pueden aprender muchas habilidades hasta los 3 años de edad, que la inteligencia es algo que se hereda y no se puede cambiar, que el azúcar empeora la atención… En definitiva, es muy importante tener en cuenta las creencias erróneas que determinan aspectos tan importantes como la educación.

Hay estudios en los que se ha visto que el 95% de los profesores creen en los neuromitos y esto va a determinar qué esperan de los alumnos y cómo van a trabajar con ellos (efecto pigmalion). Así, es necesario que se proporcionen los conocimientos científicos adecuados, así como que se divulguen adecuadamente los resultados.

  • Ansari, D., y Coch, D. (2006). Bridges over troubled waters: Education and cognitive neuroscience. Trends in Cognitive Sciences, 10, 146-151.
  • Coch, D., y Ansari, D. (2009). Thinking about mechanisms is crucial to connecting neuroscience and education. Cortex, 45, 546-547.