¿Qué tiene que ver el rechazo a la escuela con la ansiedad escolar?

Alejandro Sanfeliciano · 5 enero, 2018

¿Qué sentimientos tienen los alumnos acerca de la escuela? Esta pregunta es esencial para entender la actitud de los estudiantes hacia el aprendizaje. Ya que si tienen una visión positiva de la misma, su motivación incentivará el esfuerzo y su instrucción se verá facilitada. En cambio, los sentimientos negativos están asociados con el deterioro de la calidad del aprendizaje y un rechazo a la escuela.

Diferentes estudios nos muestran datos alarmantes sobre el rechazo escolar de los alumnos. Algunas investigaciones muestran que entre un 28% y 35% de alumnos no quieren ir a clase. Estos datos nos muestran lo grave que es la situación y la necesidad de solventar este problema, ya que la motivación no deja de ser esencial en el proceso de aprendizaje.

Esto es todavía más triste y preocupante si asumimos que la mayoría de nosotros, niños incluidos, tenemos una motivación innata por adquirir conocimiento y para la autorrealización. La escuela es una institución que en principio estaría destinada a cubrir dicha necesidad, de manera que podría ser muy gratificante. Pero no es así, lo que nos lleva a la conclusión de que deben existir ciertos factores que influyen negativamente en la percepción de la escuela.

Causas del rechazo a la escuela

El factor central que explica en buena medida el rechazo escolar de los alumnos es la ansiedad escolar. Cuando ir a la escuela produce un grado elevado de estrés en los estudiantes, se desencadenan respuestas de evitación. Esto sucede cuando el cuerpo siente como más importante la ansiedad percibida por la escuela que la gratificación adquirida por el aprendizaje y la autorrealización que pueda suponer ir a clase. Hay que tener en cuenta que los aspectos negativos y a corto plazo (como la ansiedad escolar) tienen mucha más fuerza que estímulos positivos y a largo plazo (como la autorrealización por ir a la escuela).

Ahora bien, ¿por qué los estudiantes sufren de ansiedad escolar? Para analizar esta cuestión lo mejor es tomar perspectiva y ponernos en el lugar de cualquier niño que acude a clase. Si hacemos esto, enseguida nos damos cuenta de que tienen un horario demasiado amplio, una alta presión de rendimiento, clases planas y poco motivacionales.

La ansiedad escolar es una de las causas principales del rechazo a la escuela.

Niña llorando por ansiedad escolar

Horario escolar

Respecto al horario, un niño cualquiera se levanta todas las mañanas de lunes a viernes para estar de 6 a 8 horas en clase; ya sea con horario partido o sin partir. A parte de esto, todos los días cuando llegan a casa deben realizar una serie de tareas escolares que le ocupan otras 2 o 4 horas. Y si además, quieren superar los exámenes tendrán que dedicar más tiempo a estudiar y repasar las materias, digamos que alrededor de una hora al día.

Si hacemos cuentas nos salen aproximadamente entre 50 y 65 horas semanales; bastante más que una jornada laboral legal. Además, multitud de padres ocupan el resto de tiempo del niño con actividades extraescolares. Esto deriva en una gran ansiedad por escasez de tiempo libre, lo que provoca un rechazo a la escuela y a todo lo que representa porque está muy lejos de recoger alguno de sus intereses, por muy relacionados con el conocimiento que estén. Y el tiempo libre es esencial para satisfacer otras necesidades del niño, como el juego.

Presión por un rendimiento alto

Nuestro sistema educativo utiliza un sistema evaluación que suele proporcionar informes en forma de notas o números asociados al rendimiento escolar. Esto deriva en ocasiones en un sistema altamente competitivo, en el cual se valora positivamente a aquellos que sacan notas altas y muy negativamente a aquellos que suspenden.

Además, existe una fuerte tendencia a atribuir el suspenso o el aprobado únicamente al alumno, cuando en realidad es responsabilidad del profesor que sus alumnos adquieran los conocimientos. Así, esta responsabilidad en mayor cuanto más pequeños son los alumnos.

Esta situación provoca que aumente la tensión en los alumnos, presionados por sacar las mejores notas de la clase y olvidando que el objetivo último es el aprendizaje, la asimilación de conocimientos y la adquisición de herramientas y recursos de búsqueda. Y por esto, es probable que aquellos alumnos que no cumplan con las expectativas de rendimiento sientan ansiedad.

Imaginad una escuela, que en vez de presionar a los alumnos para aprobar los exámenes, se centrara en suplir sus carencias y potenciar los puntos fuertes. Es sencillo imaginarse que la ansiedad debido a este factor desaparecería, ya que no tendrían altos estándares que cumplir y dejarían de ver la evaluación como una amenaza.

Clases basadas en el aprendizaje pasivo

Este factor no influye directamente en la ansiedad de los alumnos, pero fomenta de manera indirecta el rechazo a la escuela. Si las clases no son lo suficiente excitantes e interesantes, la motivación por aprender se verá reducida. Esto hace que, ante un mínimo nivel de ansiedad, desaparezca cualquier intención de aprender.

Solo hace falta acudir a una clase para ver que la mayoría de ellas tienen el formato de una ponencia, donde el profesor da lecciones magistrales que los alumnos deben memorizar sin que sea necesario que se las cuestionen -de hecho, muchas veces la reflexión, frente a la repetición, es castigada-. Los conocimientos llegan al estudiante en su versión más superficial y sin confluir en construcciones o esquemas. Este tipo de aprendizaje es realmente aburrido y poco motivador, ya que la diferencia no es mucha con otro tipo de tareas, como la de memorizar una lista de números sin significado.

Profesor dando clase

Para que los alumnos estén o se mantengan motivados por el aprendizaje, estos nuevos conocimientos tienen que ser relevantes para ellos. Y eso se consigue a través de un aprendizaje activo que fomente la ruptura de sus teorías intuitivas y logre en ellos una nueva visión de ver su realidad. Si queremos una educación de calidad, no podemos tener un sistema que provoque tanta ansiedad en los alumnos; ya que no podemos forzarles a aprender, la autorrealización tiene que ser esa motivación intrínseca que les mueva y que la escuela alimente.