Rabelais, biografía de un sátiro

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 26 julio, 2019
Edith Sánchez · 26 julio, 2019
François Rabelais escribió una serie de obras que en conjunto se conocen como “Gargantúa y Pantagruel”, dos simpáticos gigantes que siempre están ávidos de colmar sus sentidos. Con esas historias, Rabelais satirizó a su época y las grandes verdades de su tiempo.

A François Rabelais muchos lo definen como un maestro de lo insólito. En realidad, tanto su vida como su obra lo caracterizan como un agudo sátiro que puso bajo sospecha las verdades indiscutibles de su época y exaltó el mundo de lo humano, por oposición al mundo de lo divino.

Este fabuloso escritor y médico francés pasó a la historia de la literatura por las cuatro novelas de Gargantúa y Pantagruel. Tras su muerte se publicó una quinta, pero muchos ponen en duda la autenticidad de su autoría. Hay quienes afirman que Rabelais fue para Francia lo que Cervantes para España o Shakespeare para los ingleses.

El tiempo hace madurar todas las cosas. Mediante él, todas se hacen evidentes. El tiempo es el padre de la verdad”.

-François Rabelais-

Lo más llamativo de su personalidad y de su obra es que nunca la crítica se ha puesto de acuerdo en la forma de valorarlas. De Rabelais se dice que fue ateo y creyente; protestante y católico; intelectual y embaucador. De su obra, que es un divertimento o un tratado; que es cómica o filosófica; que es crítica o trivial. Esa múltiple posibilidad de interpretaciones da cuenta de su genialidad.

Libro antiguo sobre la mesa

Rabelais, ¿un hombre religioso?

Poco se sabe acerca de los primeros años de vida de Rabelais. No hay siquiera certeza sobre la fecha exacta de su nacimiento, aunque probablemente se produjo en 1494, en  La Deviniere, cerca de Chinon, al oeste de Francia. Actualmente, allí hay una casita que es visitada como su hogar de origen, pero no hay certeza absoluta sobre ello.

Su padre era Antonio Rabelais, un hacendado pudiente que probablemente era propietario de varios viñedos de la región, en sociedad con un abogado. François Rabelais fue a dar al convento a muy temprana edad, aparentemente con nula vocación. En aquel entonces el acceso al conocimiento se daba prácticamente solo a través de las órdenes religiosas.

Lo cierto es que Rabelais estuvo aquí y allá. Primero en un convento, luego en otro. Comenzó con los franciscanos y luego fue a parar con los benedictinos. Con todo, su paso por las órdenes religiosas le permitió entrar en contacto con varios de los intelectuales más brillantes de su época y adentrarse en los estudios de teología, latín, griego, astronomía y filosofía.

Un brillante médico

Rabelais era un hombre desordenado, renuente a seguir disciplinas y, sobre todo, muy crítico intelectualmente hablando. Tampoco era muy dado a mantenerse en el enclaustramiento que le exigía la vida religiosa. Así que más temprano que tarde, dejó de lado los hábitos. Primero fungió como sacerdote secular y luego dejó la vida religiosa.

Hacia 1527 inicia estudios de medicina y en 1530 obtiene su título de médico en la Universidad de París. Se dice que antes de licenciarse ya atendía pacientes, sin estar habilitado para ello.

El Renacimiento avanzaba y Rabelais estaba contagiado por su espíritu. Gracias a sus estudios en lenguas clásicas conoció las obras de Galeno y de Hipócrates, a los que primero profesó gran admiración y luego cuestionó.

En 1532, se estableció como médico en un hospital de Lyon, una ciudad que en aquella época era el centro cultural de Francia. En particular, era el epicentro de la producción editorial. En aquel lugar fue donde Rabelais publicó su primera obra Las grandes e inestimables crónicas del gran Gigante Gargantúa, en ese mismo año, con el seudónimo de Alcofribas Nasie.

Rabelais

Una obra para la posteridad

El éxito de la obra de Rabelais fue inmediato. Se vendía como pan caliente en todas partes, al punto que, según se dice, llegó a vender más ejemplares que La Biblia en su tiempo. Por eso, solo dos años después, el gran escritor francés publicó un segundo volumen con sus personajes Garagantúa y Pantagruel.

Tales personajes no fueron inventados por Rabelais. Estaban presentes en muchas leyendas populares y también formaban parte de la mitología celta. Probablemente tenían un halo de divinidad antes de que el cristianismo se impusiera en Francia. Por eso mismo, el solo hecho de retomarlos tenía algo de herético.

Rabelais quiso poner en escena los vicios y virtudes humanas, valiéndose del humor y exaltando las urgencias de los sentidos, de una forma grotesca y excelsa a la vez, como lo hizo Cervantes con el Quijote. Entre líneas, muchas verdades teologales eran puestas en cuestión y se satirizaban las costumbres imperantes.

La obra le trajo grandes problemas a Rabelais. Varias veces se prohibieron sus libros que resistían múltiples lecturas. De hecho, se salvó de milagro de la Santa Inquisición e iba a ser arrestado cuando lo sorprendió la muerte, el 9 de abril de 1553 en París.

  • Febvre, L. (1993). El problema de la incredulidad en el siglo XVI: la religión de Rabelais (Vol. 161). Ediciones Akal.