Rabietas: ¿cómo prevenirlas?

Anet Diner Gutverg · 14 octubre, 2017

Es la tercera vez que vuestro hijo tiene una rabieta en el día. Grita, llora y os preguntáis si la estáis gestionando bien, además lo que queréis es huir lo más lejos de aquel lugar o desaparecer. Sentís frustración y confusión ante ese caos, habéis intentado todas las estrategias que se os ocurren para hacer desaparecer las rabietas y os habéis quedado en blanco.

Después de una rabieta hay un aprendizaje y una ocasión para que aprendamos juntos cómo gestionar mejor las emociones. Así, en este artículo os ofrecemos algunas herramientas y estrategias para cambiar vuestra visión sobre las rabietas y utilizarlas como oportunidades educativas.

¿Qué son las rabietas?

Entre los 2 y los 4 años la mayoría de los niños manifiestan su frustración de manera muy intensa, mediante rabietas. A pesar de ser una reacción emocional frecuente a esta edad, las rabietas son una reacción normal y que en principio deberían desaparecer entre los 4 o 5 años. A estas edades los niños van adquiriendo lenguaje y estrategias más adecuadas para expresar su frustración o su malestar, de manera que ya no necesitan recurrir a las rabietas para expresarse.

Niño llorando por rabietas

A demás de que les sirven a los niños para expresar frustración y malestar, las rabietas pueden ocurrir cuando los niños están hambrientos, cansados o incómodos, cuando no pueden conseguir lo que quieren o cuando tratan de hacer las cosas solos, pero no tienen las habilidades que se requieren para hacerlo.

“Nuestra rabia es mas denigrante para nosotros mismos que las situaciones que la producen”

-Marco Aurelio-

¿Cómo evitar las rabietas?

A continuación os vamos a ofrecer una serie de pautas sobre cómo evitar las rabietas:

1. Identifiquemos lo que las causa

Que identifiquemos qué las causa, no quiere decir que podamos prevenirlas todas ni que el mundo tenga que adaptarse a lo que nuestro hijo necesita. Las rabietas pueden ocurrir por un motivo común, como por hambre, sueño, querer un objeto o atención o por un motivo particular. Es decir, por algo que a nuestro hijo en particular le causa frustración.

Las rutinas pueden ser de ayuda, especialmente cuando estas están sometidas a un horario. También es bueno que intentemos respetarlas durante el fin de semana, que es cuando más tiempo pasamos con ellos y cuando es más probable que surjan.

“Educación es lo que la mayoría recibe, muchos transmiten y pocos tienen”.

-Karl Kraus-

2. Consideremos su petición

Cuando nuestro hijo nos haga una petición, una buena idea será considerar lo que nos pide. Pensemos, ¿es muy descabellada o excesiva? Si no lo es, cedamos en los puntos de su petición que sean razonables. Esto no quiere decir que cedamos en todos y cada uno de sus deseos, el límite puede ser, ¿se hará daño a sí mismo?, ¿hará daño a otros?, ¿hará daño al medio o a la naturaleza? ¿Podemos ceder sin que ello lo coloque en una posición de autoridad?

Los que tenemos la última palabra somos los adultos, pero habitualmente solemos utilizar el “no” por defecto. De esta manera coartamos la curiosidad y la libertad, incluso el lenguaje de nuestros peques: con ello provocamos más rabietas de las que son normales en estas edades.

Niña tapándose los oídos

Para estimular que nuestro hijo se exprese lo mejor es plantearle problemas sencillos con alternativas concretas y fáciles de comprender. Por ejemplo “¿Quieres cenar pollo o carne?”, “¿Quieres esta camiseta u otra?”. Este tipo de elecciones generan confianza y hacen que los niños se sientan importantes. También evitaremos que con una pregunta directiva nos conteste “no” por sistema.

“Un niño puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea”.

-Paulo Coelho-

3. Anticipemoles ciertas situaciones

Contemos a nuestros hijos lo que va a suceder, por ejemplo, “hoy vas a ir al cole y después de que duermas la siesta y meriendes iré a por ti. Después iremos a casa de la abuela”, “vamos a cenar, luego te ducharas y te lavaras los dientes, te leeremos un cuento y te dormirás”, y así con las actividades que hagamos.

Saber lo que viene antes y después da seguridad al peque, si nos mantenemos firmes y seguimos siempre las rutinas, evitaremos sembrar el caos y que nuestro hijo quiera romperlas. De esta manera alejaremos tentaciones por las que puedan tener rabietas: contarle lo que vamos hacer evita que genere planes alternativos en su cabeza.

Cuando tengamos dejar un lugar, avisarle 5 o 10 minutos antes de que tener que marcharnos. También podemos negociar “5 empujones más”, “una vez más del tobogán”, etc. Esto evitara muchas peleas e imposiciones y los niños se sentirán más respetados y les costará menos irse de los sitios.

“No evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”.

-Louis Pasteur-

Madre riñendo a su hija por rabietas

4. Démosles opciones

Cuando es necesario que hagan algo y ellos se nieguen, démosles opciones. Por ejemplo, “una vez más y nos vamos” o “te ayudo y lo hacemos juntos”, “te duchas y después jugamos un rato juntos”. Nuestros hijos pueden llegar a sentir mucha impotencia ante nuestras órdenes cerradas.

Al estar conformando su personalidad, el “no” es una respuesta reafirmativa casi automática. Para evitar que se enfaden o frustren, podríamos ofrecerles una opción a cambio de lo que les vamos a negar.

¿Qué no hacer cuando presentimos una rabieta?

Algunos de los puntos que tendríamos que tener en cuenta cuando presentimos que se va a producir una rabieta son:

  • No ceder a la demanda para que no se produzca la rabieta. Podríamos evitar esta, pero vendrán otras y probablemente más intensas.
  • No dar explicaciones largas, porque sus recursos atencionales son limitados.
  • No perder la paciencia ni la calma, recordar que somos el adulto de referencia y no hacer nosotros una rabieta también.
  • No abandonar la habitación o irnos del sitio donde estábamos, acompañar a nuestro hijo, darle opciones o distraer su atención.

Padre enfadado con su hija

Las rabietas, si se manejan bien, es probable que desaparezcan entre los 4 y los 5 años. Además, al ser un periodo normal, si las hemos gestionado adecuadamente, cuando nuestros hijos hayan superado esta etapa, podrán salir con mayores estrategias para enfrentarse a este mundo complejo y que no escatima a la hora de proponer frustraciones.

Es importante recordar que no estamos solos en estas situaciones, hay padres que también viven las rabietas de sus hijos y quizá hablar con ellos puede darnos ideas nuevas. También saber que si la cosa se os va de las manos, no tiene nada de malo consultar a un profesional.

“Por eso las personas con sensación de realización piensan que el mundo es bueno y les gustaría conservarlo tal como está, mientras que los frustrados alientan el cambio radical”.

-Eric Hoffer-