Recuerdos felices de infancia, clave de la salud psicológica

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 21 marzo, 2019
Los recuerdos felices de infancia son como esa brisa cálida y de olor embriagador que nos impulsa en la edad adulta. Ese legado de bienestar es sinónimo de equilibrio psicológico, un tejido de salud que todo ser humano debería tener a su alcance.

Los recuerdos felices de infancia son parte de ese sustrato que alimentará nuestro bienestar en la edad adulta. Las experiencias tempranas que destilan afecto sincero y atención son semillas que alimentan la salud psicológica. Asimismo, pocas experiencias son más emocionantes que una niñez con el color de la alegría, el descubrimiento y esas vivencias que siempre nos agrada recordar.

Las personas estamos hechas de recuerdos. Nuestra mente se escapa de forma constante a ese baúl en el que se contiene nuestra historia, ese perfume, a veces, agradable donde darnos sentido, donde rememorar lo que fuimos y lo que de algún modo nos ha llevado hasta el presente.

Una infancia feliz es un colchón donde saltan lo sueños, así como un gran impulso para el crecimiento. Es ahí donde los miedos duermen y no molestan, permitiendo que nuestro potencial siga desarrollándose con optimismo y fortaleza.

Ahora bien, sabemos a su vez que no todas las personas han gozado de este privilegio. Los pasados traumáticos también abundan, así como esa crianza donde habitó el desapego o la frialdad afectiva creando vacíos. Cuesta mucho realizarse como persona cuando no tenemos unos pilares donde sostenernos.

No obstante, ello no significa ni mucho menos que no podamos tener una vida feliz en la edad adulta. Implica solo que nos puede costar un poco más, que el trayecto puede ser más largo y más laborioso, pero todos tenemos el derecho y la obligación de sortear esas etapas difíciles para ser lo que merecemos: personas con derecho al bienestar y la plenitud.

«Una de las cosas más afortunadas que te pueden suceder en la vida es tener una infancia feliz».

-Agatha Christie-

niña con su madre

Recuerdos felices de infancia, sinónimo de salud física y psicológica

Los recuerdos felices de infancia nos inoculan fortaleza emocional. Este dato que nos puede parecer algo poético encierra en realidad un hecho evidente que nos demuestra ahora la neurociencia. Así, en un estudio publicado en la revista Health Psychology y llevado a cabo por los doctores William Chopik y John Eldestein nos señalan lo siguiente.

Una infancia y adolescencia feliz revierte en nuestro bienestar

Según este trabajo, además de una infancia feliz también es relevante disfrutar de una adolescencia significativa, llena de experiencias intensas, felices, enriquecedoras. Eso significa varias cosas. La primera, que el papel de los padres y el entorno familiar es sin duda clave para asentar la seguridad, una buena autoestima, capacidad de logro y una inteligencia emocional sana y fuerte.

La segunda, destaca la importancia de una adolescencia feliz. Es más, el doctor Chopik, de la Universidad Estatal de Michigan, habla de la importancia de cuidar ese amplio cohorte de edad comprendido entre los 6 y 18 años. Es aquí donde entra también en escena nuestros pares, esos amigos e individuos de nuestra edad que conforman nuestro contexto social. El colegio y el instituto, así como las experiencias que vivamos en dichos escenarios determinará también nuestro bienestar futuro.

En este estudio pudo verse además cómo las personas de entre 40 y 50 años que habían tenido una infancia y adolescencia feliz puntuaban más alto en salud física y psicológica que aquellas con unas experiencias adversas o traumáticas.

Los recuerdos felices de infancia ayudan a reducir el estrés

Los recuerdos felices de la infancia son un bálsamo para reducir el estrés en la edad adulta. Lo son por una razón muy simple. Haber disfrutado de unos primeros años donde nuestros miedos fueron atendidos, donde nos hicieron sentir seguros y valiosos conforma un cerebro más resistente.

Debemos tener en cuenta que factores como la desatención, los gritos, la inseguridad, así como el maltrato físico y psicológico generan un nivel de cortisol muy elevado en nuestro organismo. Esta hormona daña el desarrollo normal del cerebro. Nos sume en un estado de hiperactividad, de ansiedad constante. Todo ello nos hace mucho más vulnerables a la ansiedad así como a otros trastornos psicológicos.

Es importante tener en cuenta además que factores como el bullying durante la adolescencia son también un factor de riesgo para el bienestar psicológico futuro. Los buenos recuerdos de infancia colocan en nosotros unas primera base de bienestar, pero también es fundamental transitar por una adolescencia donde contar con la alianza de buenas amistades, de vivencias positivas y emocionantes.

El afrontamiento de la adversidad también crea recuerdos positivos

Los recuerdos felices de infancia no surgen solo por experiencias positivas y gratificantes. A menudo, la vivencia de un hecho adverso y el modo en que lo afrontamos nos confiere también grandes valías psicológicas. Un ejemplo de ello es sufrir una pérdida en la infancia.

A veces, la muerte de un ser querido o ser abandonado por un padre o una madre nos confiere de manera temprana valiosas formas de gestionar la pérdida y el dolor. Algo así lo logramos con el apoyo del otro progenitor, de nuestros hermanos, tíos, abuelos… No todas las infancias son fáciles, lo sabemos. Pero a veces, determinados impactos nos hacen más fuertes y nos ofrecen recursos psicológicos excepcionales para crecer de manera saludable, con valentía y esperanza.

Son oportunidades de crecimiento donde median sin duda muchos factores, ahí donde ganar en resiliencia, en fortaleza mental y también en apertura. La infancia y nuestra adolescencia pueden servirnos como trampolín para nuestra realización, pero en otros casos muy distintos pueden conformar una herida, un muro, una trampa donde quedar largamente atrapados.

Puerta entreabierta representando los recuerdos felices de infancia

Tal y como dijo el escritor Graham Greene en su día, en toda infancia debe surgir una puerta que nos abra paso a un futuro de esperanza y felicidad. Tenerla siempre abierta nos ayudará también a que discurran los buenos recuerdos, esos que nos impulsan a la madurez, así como las voces de esas figuras del pasado que nos sirvieron de ejemplo y de aliento para ser mejores cada día.

  • William J. Chopik and Robin S. Edelstein. “Retrospective Memories of Parental Care and Health from Mid- to Late Life.” Health Psychology (First published: November 5, 2018) DOI: 10.1037/hea0000694
  • William J. Chopik, Eric S. Kim, Jacqui Smith. “Changes in Optimism Are Associated With Changes in Health Over Time Among Older Adults.” Social Psychological and Personality Science (First published: June 29, 2015) DOI: 10.1177/1948550615590199
  • Melissa T. Merrick, Derek C. Ford, Katie A. Ports, Angie S. Guinn. “Prevalence of Adverse Childhood Experiences From the 2011-2014 Behavioral Risk Factor Surveillance System in 23 States.” JAMA Pediatrics (First published online: September 17, 2018) DOI: 10.1001/jamapediatrics.2018.2537