Resonancia de positividad: el poder de los momentos felices

Los momentos felices vividos con personas significativas tienen resonancia, no se desvanecen y se impregnan en lo más profundo del sistema límbico. Los instantes mágicos, alegres y enriquecedores son como energía eléctrica para el cerebro.
Resonancia de positividad: el poder de los momentos felices
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 12 marzo, 2021.

Última actualización: 12 marzo, 2021

La resonancia de positividad es una experiencia de bienestar compartida entre dos o más personas. Son retazos de felicidad. Instantes luminosos creados con amigos, con nuestra pareja o la familia. Esas experiencias impregnadas de emociones gratificantes actúan después como espejos en los que mirarnos en algún momento del futuro y sentir de nuevo esas mismas sensaciones.

Sabemos que el amor es una emoción, que el cariño por nuestras amistades también lo es, al igual que el afecto por cualquier persona que en algún momento de nuestras vidas es (o fue) importante. Sin embargo, esos sentimientos son mucho más que una reacción química, tienen trascendencia y actúan a menudo como antídotos para la tristeza o el desánimo.

Toda experiencia gratificante no se olvida, no se desvanece, queda integrada en el cerebro de manera profunda. Las emociones positivas resuenan en nuestra existencia y vale la pena acumularlas, propiciarlas y vivirlas siempre que sea posible.

Pareja rodeada de luces experimentando la resonancia de positividad

¿Qué es la resonancia de positividad?

La resonancia de positividad es una experiencia de afecto positivo compartido, de cuidado y también de preocupación mutua. Este término fue enunciado por la doctora Barbara Frederickson, psicóloga la Universidad de Carolina del Norte y una de las figuras más relevantes en el estudio de las emociones positivas.

En uno de sus libros más conocidos, Love 2.0: Finding Happiness and Health in Moments of Connection, nos habla de una idea tan evocadora como interesante. Según ella, todas las emociones positivas son enriquecedoras. No obstante, el amor como el afecto o el cariño son inherente y exquisitamente las más agradables.

Son mucho más que experiencias puntuales. Según la doctora Frederickson, nos cambian nuestra mente, nos dan sentido y hacen que seamos más permeables a las experiencias que nos rodean. Todo ello tiene un impacto, una resonancia que nos trasciende emocional y también biológicamente.

A veces, al pasar un día con unos amigos, el estrés se reduce y ganamos en bienestar físico y psicológico para un mes entero. Algo cambia en nosotros durante esas experiencias compartidas…

Componentes de la resonancia positiva

La Universidad de Carolina (Berkeley) realizó un estudio para comprender cómo aparecía el concepto de la resonancia positiva en las relaciones de pareja. Es decir, el objetivo era comprender cómo surge y qué implicación tiene para el propio vínculo. Se definió en este análisis que para que este fenómeno sea evidente deben darse tres dimensiones:

  • Emociones positivas compartidas. La resonancia solo aparece cuando las dos personas experimentan las mismas emociones y con la misma intensidad. Es sentir complicidad, deseo, satisfacción, diversión, alegría…
  • Por otro lado, esta realidad emocional necesita de un sentido de preocupación y cuidado mutuo. Es un “yo te cuido porque me preocupo por ti y me importas”
  • Asimismo, aparece la sincronía bioconductual, es decir, las parejas evidencian un mismo lenguaje corporal, un mismo tono de voz y unas mismas reacciones fisiológicas. Esos instantes de mayor resonancia positiva se acompañan por una sincronía psicofisiológica.

Cuando hay sincronización bioconductual hay sincronización cerebral

Este dato es interesante. La doctora Barbara L. Fredrickson insiste en que una interacción significativa, ya sea en el ámbito de pareja o en el de la amistad, implica una sincronía bioconductual. Por ejemplo, cuando tomamos café con nuestros amigos, reímos, hablamos, etc., estamos realizando una misma actividad y sintiendo unas mismas emociones.

En estos contextos, también los cerebros se sincronizan. Ocurre lo mismo cuando interaccionamos con los bebés o los niños pequeños. Los hacemos reír, jugamos con ellos y sin darnos cuenta surge esa resonancia de positividad que sincroniza los cerebros logrando que se reduzca el estrés, el miedo y la ansiedad. Las emociones positivas nos envuelven.

amigas disfrutando de la resonancia positiva

La resonancia de la positividad mejora nuestra salud

Todos hemos oído eso de que las emociones sanan, pero eso sí… hay matices. Sabemos que emociones como la alegría, el interés, la inspiración, la diversión, el cariño, la serenidad revierten en el ánimo y nos equilibran; es cierto. Sin embargo, buena parte de estas realidades no dejan de ser experiencias puntuales. Nada de esto perdura ni nos acompañan un mes, un año o una vida entera.

Ahora bien, la resonancia de positividad tiene un impacto más trascendente en el bienestar psicológico. El hecho de que sea así, parte de que este fenómeno se origina a partir de momentos compartidos con personas significativas. Son vivencias de mayor peso emocional porque han sido construidas en común con amores, amigos, familiares, hijos…

Todo ello es reserva cognitiva, son conexiones neuronales creadas con gran fortaleza que se mantienen frente al paso del tiempo. Asimismo, actúan también como anclajes emocionales. Es decir, en momentos de estrés, abatimiento o desesperación, tiramos del ancla del recuerdo para permitir que nos resuenen de nuevo esos instantes felices del ayer.

Gracias a ello recordamos que la vida tiene sentido, que el amor nos da propósitos, que la amistad nos afianza a este mundo, al igual que la familia… Todas esas figuras son personas que son refugio, espacios emocionales a los que siempre vale la pena volver, aunque sea a través de la memoria.

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