Roxane Gay: cuando la comida sirve para curar el alma

Lorena Vara González · 3 mayo, 2018

Dicen que hay circunstancias en la vida que te cambian para siempre. Porque cuando alguien utiliza tu cuerpo y te despoja de tu intimidad hace que pierdas parte de tu identidad. Esto es lo que le sucedió a Roxane Gay, que empezó a odiarse tanto a sí misma y a su cuerpo que la comida fue su refugio ante el dolor de una violación.

La vida de Roxane Gay cambió totalmente con tan solo 12 años cuando la violaron en grupo. El que era su pareja, la llevó a un bosque y ayudado por su grupo de amigos la violaron repetidamente. Muerta de miedo, con sentimientos de culpa por haber confiado en la persona en la que quería como una ingenua, comenzó a odiarse y a sentir asco de su propio cuerpo.

“En mi historia de violencia hubo un chico. Yo le quería. Se llamaba Christopher. En realidad no se llamaba así, pero no hace falta que os lo diga. Christopher y varios de sus amigos me violaron en el bosque, en una cabaña de caza abandonada, donde nadie salvo aquellos chicos podía oír mis gritos”.

-Roxane Gay-

Mujer de espaldas con la cabeza hacia abajo con dolor crónico

Roxane Gay y la comida como defensa ante la violación

Este odio y el miedo a sufrir de nuevo una violación, la llevaron a utilizar la comida para curar las heridas de su alma. Optó por comer para anularse ante el mundo. La comida se convirtió en su defensa y en su vía de escape ante el dolor.

Roxane sabía que a las mujeres nos violan solo por el hecho de ser mujeres. Sabía que prácticamente no hay nada que podamos hacer para evitar ser la presa de un animal o animales que se creen los dueños de nuestro cuerpo. No podía hacer nada excepto una cosa: resultar físicamente tan repulsiva que ningún hombre fuera capaz de fijarse en ella o tocarla de nuevo.

“Sabía que no sería capaz de soportar otra violación como aquella, de modo que comí porque pensé que si mi cuerpo se volvía repulsivo, podría mantener alejados a los hombres, sería más despreciable, y ya conocía demasiado bien su desprecio”.

-Roxane Gay-

Su idea, esa idea que nos inculcan a las mujeres desde pequeñas es que no debemos de ocupar espacio. Las mujeres debemos de ser delgadas y bonitas para agradar a la vista y sobre todo a los hombres en nuestra sociedad. No olvidemos que la televisión, las revistas y todo lo que consumimos nos manda el mensaje de que estar delgado es un valor social que hará que te acepten y te quieran más.

Esto la llevó a alcanzar los 261 kilos que la llevaron a un baipás gástrico para intentar salvar su vida. Su cuerpo se convirtió en una prisión en la que encerrar el odio que sentía hacia sí misma. El silencio ante la violación fue el comienzo de esta espiral autodestructiva que la sumió en las garras de la compulsión hacia la comida.

Aprende a quererte más allá de lo que la sociedad diga tu cuerpo

Actualmente, Roxane Gay es una importante escritora, columnista, profesora universitaria y feminista estadounidense. Ha aprendido a valorar su cuerpo tal y cómo es. Ahora sabe quererse más allá de lo que la sociedad o los medios de comunicación dicen de su cuerpo.

“He sido capaz de admitir que me gusto, a pesar del fastidio de sospechar que no debería gustarme”.

-Roxane Gay-

Persona abrazando un corazón

En su libro Hambre, memorias de mi cuerpo rompe su silencio y anima al resto de mujeres a hacerlo. Roxane nos enseña cómo ha dejado de odiarse porque ha aprendido que aquello que sucedió no fue culpa suya. Ha aprendido a quererse tal y cómo es . La comida ya no domina su vida, sino que es ella misma la que la dirige sin dejar que su pasado sea el que marque su paso.

Roxane es una “sobreviviente” no se considera una víctima. Contando su verdad, su vivencia y su relación con el cuerpo no busca la lástima. Busca que el silencio que nos imponemos cuando violan nuestro cuerpo se rompa y nos enseña a querernos más allá de nuestro aspecto. Nos enseña que, aunque hayan pasado muchas cosas en nuestra vida, somos nosotras las que decidimos cómo vivirla, no somos culpables ni responsables ante una violación y el odio hacia nosotras mismas nunca es la salida.