Sacrificarse por los demás: ¿vale la pena?

06 Diciembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Te has sacrificado por alguien alguna vez? Suele decirse que todo sacrificio por amor nos reclama dejar alguna cosa atrás, cuando amar nunca debería ser sinónimo de pérdida, sino de ganancia... Reflexionamos sobre ello.

Sacrificarse por los demás. ¿Lo has hecho alguna vez? Solemos tener una visión elevada de quienes son capaces de renunciar a lo que les es importante por algo que en un momento dado tiene para ellos mayor valor. Dejar el trabajo por los hijos, abandonar nuestro país y familia por una nueva pareja, dejar nuestro estilo de vida por labores humanitarias… Podríamos dar múltiples ejemplos sobre esta realidad.

Sin embargo, todos ellos tienen un mismo componente: la pérdida. Supone ante todo la confrontación de dos valores y la elección de uno de ellos, uno por el que apostamos con mayor convicción porque pensamos que es más relevante, más decisivo o incluso satisfactorio. Asimismo, hay un hecho interesante al respecto de este tema.

Desde un punto de vista psicológico, sabemos que el autosacrificio es algo que siempre ha formado parte del ser humano, pero no siempre revierte en bienestar o en satisfacción. Es muy posible que en un momento dado le veamos un sentido y una finalidad. Sin embargo, siempre llega un instante en el que la persona experimenta cierta sensación de pérdida, carencia e incluso de arrepentimiento.

Lo analizamos.

Chica con cabeza recostada preguntándose si vale la pena sacrificarse por los demás

Sacrificarse por los demás: ¿cuándo está justificado?

El acto de sacrificarse por los demás siempre nos llama la atención. Y lo hace por un hecho muy concreto. Solemos tener una visión algo pesimista del ser humano, lo concebimos casi como alguien más tendente al egoísmo que al altruismo, al interés personal que a la compasión. Sin embargo, la realidad es otra: si hemos sobrevivido como especie es gracias a nuestro sentido de grupo y cooperación.

Así, estudios como los realizados por la doctora Mary McGrath de la Universidad de Yale, por ejemplo, nos indican que esa colaboración vivenciada en nuestro pasado evolutivo hace que, en cierto modo, sigamos sintiendo que renunciar a algo por alguien tiene sentido y utilidad.  Sacrificarse por los demás es algo que en realidad hemos hecho siempre.

Lo hacen los padres por sus hijos. Nos sacrificamos por el trabajo y también por las personas que queremos. Hay, eso sí, quien evidencia cierto complejo de mártir y lo hace prácticamente durante todo su vida. Otros en cambio jamás darán el paso hacia este acto de cesión e incluso de renuncia.

El campo de la psicología lleva décadas estudiando este hecho y hay un aspecto muy concreto en el que se suele incidir. Debemos aprender a calibrar sobre qué dimensiones, circunstancias y personas vamos a realizar ese sacrificio. No todas las situaciones son propicias para dar dar este paso y no todos los que forman parte de nuestra vida merecen que demos este salto por ellos. Lo analizamos.

Renunciar sí, pero por algo que nos ofrece un sentido

Un sacrificio no debe convertirnos en víctimas ni dejarnos suspendidos en una balanza desequilibrada. No hay que sacrificar la vida por alguien sino renunciar a algo específico para ganar algo más grande que nos ofrezca sentido. Podemos, por ejemplo, dejar nuestra ciudad y hasta nuestro país por alguien a quien amamos porque lo que se abre ante nosotros es una etapa más feliz.

Sacrificarse por los demás tiene sentido si al dejar algo por alguien, nuestra realidad mejora o bien hallamos un mayor sentido a nuestra existencia. Esto último es relevante porque a menudo puede darse el hecho de que ese sacrificio sea impuesto y no elegido.

Como curiosidad, estudios como los realizados en la Universidad de Ontario (Canadá) nos hablan de un hecho destacable. Cultural y socialmente, en el ámbito de las relaciones afectivas es la mujer la quien siempre se ha visto obligada a realizar los mayores sacrificios (cuidado de los hijos, de personas mayores y dependientes). De algún modo, el peso de los roles de género se han visto afectados por esta realidad.

No es solo por ti, también es por mí

Sacrificarse por los demás es a veces una necesidad. Aquí entran sobre todo esas personas con el síndrome del caballero blanco, hombres y mujeres que necesitan salvar a los demás e incluso hacer grandes renuncias por el bien de otros. Así, estudios como los realizados en el Instituto de Ciencias del cerebro y la cognición de Cambridge nos hablan de una teoría interesante.

Hay figuras que necesitan volcarse y sacrificarse por otros llevados por un altruismo casi doloroso y hasta egoísta, porque con ello a lo que aspiran es a reducir su propia angustia. Si yo me siento insatisfecho o mal conmigo mismo por algo concreto, puedo elegir renunciar a todo por alguien como ejercicio catártico.

Existe, como vemos, diferentes tipos de autosacrificio, pero en los extremos estarían aquellos impuestos por la sociedad y los que uno mismo se impone a modo de penitencia.

pareja agarrada mano via tren pensando en sacrificarse por los demás

Sacrificarse por los demás, un viaje de errores y aciertos

En el viaje de la vida hay que apostar e incluso realizar grandes saltos de fe sin saber qué va a suceder. Todos nos hemos sacrificado por algo o alguien alguna vez y en ocasiones hasta nos hemos estrellado. Hicimos ese salto sin paracaídas y al final esa decisión arriesgada salió mal. Sin embargo, era lo que creíamos, estábamos convencidos de ello y carecíamos de la experiencia que tenemos ahora.

Por tanto no fue un error, fue solo una etapa más de la vida de la cual, aprendimos. Hacer sacrificios es algo común en nuestro día a día y donde más se hacen es en el territorio del amor. Renunciamos a cosas por la pareja, los hijos, la familia, por personas que nos son significativas. Y a veces, ese acto, nos recompensa. 

Reflexionemos y calibremos un poco mejor por quién y por qué realizamos estos pequeños o grandes actos de renuncia. Al fin y al cabo, a las personas nos guía más el altruismo que el egoísmo y esta es una dimensión que siempre nos preocupará y a la que siempre nos enfrentaremos.

  • FeldmanHall, O., Dalgleish, T., Evans, D., & Mobbs, D. (2015). Empathic concern drives costly altruism. NeuroImage105, 347–356. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2014.10.043
  • Mary C. McGrath, Alan S. Gerber. Evidencia experimental de un efecto de colaboración. Nature Human Behavior , 2019; DOI: 10.1038 / s41562-019-0530-9
  • Impett, E. A., & Gordon, A. M. (2008). For the good of others: Toward a positive psychology of sacrifice. In S. J. Lopez (Ed.), Praeger perspectives. Positive psychology: Exploring the best in people, Vol. 2. Capitalizing on emotional experiences (p. 79–100). Praeger Publishers/Greenwood Publishing Group.