Saroo, 25 años para volver a casa

Edith Sánchez·
04 Mayo, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
04 Mayo, 2020
Pese a lo avanzado de la tecnología y al control que permite, la pérdida de niños sigue siendo un problema importante. La historia de Saroo habla precisamente de esta problemática y muestra hasta dónde puede llegar.
 

La historia de Saroo parece sacada de la ficción; de hecho, se convirtió en una exitosa película llamada Lion. Lo más hermoso de todo es que, como sucede a veces en el cine, este joven tuvo que pasar por situaciones dramáticas y conmovedoras, pero todo terminó con un final feliz.

La impresionante aventura de Saroo comenzó en una pequeña ciudad de la India llamada Khandwa. En ese entonces el chico tenía 5 años y formaba parte de una familia muy humilde. El padre les había abandonado para irse con otra mujer; la madre, Ganesh, tenía que ganarse la vida como obrera de construcción, pero sus ingresos no alcanzaban para sostener a la familia.

En total eran tres hijos, contando a Saroo. El hijo mayor, Guddu, tenía 10 años y hacía pequeños trabajos para ayudar a su madre. Muchas veces lo contrataban para que barriera los vagones de los trenes. Luego estaba Saroo, que en repetidas ocasiones acompañaba a su hermano mayor en la faena; la menor era una niña que apenas empezaba a caminar.

Solo nos separamos para reencontrarnos”.

-John Gay-

El momento fatal de Saroo

Un día cualquiera, los dos hermanos salieron a trabajar barriendo vagones en la estación de tren en Burhanpur. La jornada fue extenuante y el pequeño Saroo estaba tan cansado que se sentó en uno de los bancos de la estación y se quedó dormido. Una siesta cambiaría su vida para siempre.

Cuando despertó, no vio a su hermano mayor por ninguna parte. Así que empezó a gritar su nombre, pero no aparecía. El chico vio un tren frente a la estación y sabiendo que su hermano Guddu barría los vagones, subió al vehículo para buscarlo. Guddu no estaba y nadie atendía a sus llamadas. El tren partió hacia Calcuta y la vida de Saroo se partió en dos.

 

Mientras tanto, en la casa, la madre esperaba la llegada de sus dos hijos, pero nunca volvieron. Por su cuenta, ella comenzó a indagar, en sus ratos libres, qué había sucedido. Pasaron dos meses y entonces se enteró de que Guddu, el hijo mayor, había sido encontrado muerto. Estaba en un carril y un tren partió su cuerpo en dos.

Una pesadilla en Calcuta

Saroo llegó a Calcuta 14 horas después de subir al tren, ni siquiera sabía hablar bien y tampoco conocía el nombre de la ciudad en donde vivía. Por eso, cuando arribó en la estación de llegada, quiso tomar un tren de vuelta, pero fue imposible. Se quedó en esa estación, durmiendo entre cartones y comiendo sobras de la basura.

Había una pandilla que raptaba menores de la calle y quisieron secuestrarle. Él corrió tanto como pudo y logró escapar, pero ya no quiso volver a la estación.

Los recuerdos de esos días son de hambre y angustia. No queda muy claro cómo ocurrió, pero lo cierto es que un adolescente terminó llevándolo a una comisaría. De allí lo remitieron a un orfanato en el que imperaban normas muy rígidas.

Intentaron encontrar a su familia, pero fue imposible. Tiempo después entró en un programa de adopciones y tuvo la buena suerte de que una familia australiana quiso hacerse cargo de él junto a otro niño de la India, que también carecía de recursos. Su vida cambió por completo cuando viajó a Tasmania con sus nuevos padres.

Saroo
 

El regreso a casa

Saroo, de todos modos, no podía olvidar ese pasado que había dejado atrás. Aún recordaba a su hermano mayor, a su madre y a la hermana menor.

Cuando estaba en la universidad, un grupo de amigos y su novia decidieron ayudarle para que encontrara un dato crucial: la ciudad de donde provenía. Hicieron los cálculos de las ciudades que estaban a 14 horas de Calcuta y comenzaron a indagar por Google Earth.

Pasaron otros cinco años hasta que un día Saroo vio en la pantalla una torre de agua que le resultó familiar. Exploró los lugares cercanos y algo en sus recuerdos comenzaron a activarse. Después, reconoció un camino y un puente. Dice que saltó de alegría en ese momento, porque entonces tuvo la certeza de que allí estaba su origen.

Lo siguiente fue viajar a su pequeño poblado y comenzar a buscar. Por intuición llegó a su casa materna, pero ya nadie vivía allí. Aunque había olvidado su idioma originario, logró reunir información y por fin un día llegó a la puerta del lugar donde vivía su madre.

Ella lo observó unos minutos y luego lo reconoció. Saroo dice que ese reencuentro, después de 25 años, fue el momento más feliz de su vida.

Poco después se enteró de que su nombre no era “Saroo”, sino “Sheru”; no sabía pronunciarlo cuando era pequeño y por eso adoptó ese nuevo nombre. El nombre “Sheru” significa ‘león’. Un año más tarde volvió al lugar con su madre adoptiva y completó ese ciclo de cabos sueltos y de abrazos esperados, para siempre.

 
Somavía, J. (2000). “Los niños perdidos. UNICEF: El desarrollo de las Naciones. Ginebra: UNICEF, 27-30.