Según la ciencia, los niños perciben estímulos que los adultos no ven

Los niños ven el mundo de una manera más amplia y rica que los adultos. Nuestras prisas, atención selectiva y escasa curiosidad nos ponen en desventaja frente a la mirada infantil.
Según la ciencia, los niños perciben estímulos que los adultos no ven
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 25 octubre, 2021.

Última actualización: 25 octubre, 2021

Los niños perciben estímulos que los adultos no ven: aspectos, matices y singularidades que, por nuestras prisas o atención selectiva no vemos.

La ciencia ha demostrado en una investigación dos cosas. La primera es que los pequeños tienen virtudes que muchos perdemos con la edad. La segunda es que el mundo a través de la mirada infantil es más rico y prodigioso.

Es muy común caer en la infravaloración de la percepción de nuestros hijos, alumnos o niños en general. Vemos en ellos a personas muy jóvenes con un gran potencial, es cierto. Pero a veces nosotros mismos los limitamos al dar por sentado que procesan el mundo aún de manera inmadura e incluso limitada.

No es así. Es posible que en todo lo que se refiere a procesos cognitivos tengan por delante muchas cosas que aprender y que desarrollar. Sin embargo, en materia perceptiva, los niños de 4 o 5 años suelen ser extraordinarios…

“A los niños se les debe enseñar cómo pensar, no qué pensar”. 

-Margaret Mead-

Niña con los ojos cerrados representando que los los niños perciben estímulos que los adultos no ven

¿Por qué los niños y los adultos no ven lo mismo?

Todos sabemos que los niños disponen de virtudes que por su edad e inocencia los hacen únicos. Solo ellos son capaces de ver el mundo de una manera tan innovadora y desafiante a la vez. Todo atrae su atención y todo es motivo de preguntas. La realidad es un escenario infinito de experimentación y que intentar comprender.

Decía Vladimir Nabokov que la curiosidad es básicamente insubordinación en su forma más pura. Los niños disfrutan de su “insubordinación” hasta que el adulto le pone límites y le dice cómo pensar, cómo entender las cosas y responder a ellas. Porque, de algún modo, al crecer acabamos disolviéndonos en esas directrices de pensamiento que nos han impuesto, se apaga la curiosidad insaciable y nos volvemos algo más precedibles y metódicos.

De este modo, si decimos que los niños perciben estímulos que no ven, alguien podría pensar que disponen tal vez de facultades extraordinarias. Aún más, que ven entidades y singularidades que a nosotros se nos escapan. No va por aquí la cosa. Porque en realidad, lo que ellos perciben también lo veríamos nosotros si fuéramos capaces de atender el mundo de otra manera.

El mundo infantil y su atención extendida

En el 2017, la Universidad Estatal de Ohio realizó una investigación que se publicó en la revista Association for Psychological Science. En este trabajo buscaban comprender cómo se diferenciaba la atención de los adultos de la atención infantil. Algo que pudo descubrirse es que los niños de entre 4 y 5 años superan a los adultos en el recuerdo de la información irrelevante.

Es decir, cuando se les pedía a los dos grupos que recordaran una serie de elementos en particular, los adultos eran más hábiles en la evocación de esos estímulos concretos y puntuales. Es decir, la atención selectiva del adulto es superior a la de los niños. Sin embargo, los pequeños eran capaces de recordar aspectos y detalles que las personas mayores ni tan solo habían detectado.

Por ejemplo, si le pedimos a un niño y a un adulto que recuerden una lámina con una serie de caracteres, la persona mayor recordará un mayor número de ítems. Los primeros, por su parte, evocarán cómo era la persona que le administró la prueba, qué camiseta llevaba o qué se veía por la ventana en ese momento.

Los adultos demuestran mayor habilidad en la atención selectiva. Los niños se definen por una atención extendida, más amplia y menos concreta.

La mirada curiosa de los niños

Es evidente que los niños perciben estímulos que los adultos no ven y esto se explica por su curiosidad innata. Ahora bien, es interesante saber que esa mirada ávida de información y definida por una atención menos concreta y más extensa se explica por algo muy concreto. El principio de curiosidad responde a la supervivencia.

A menudo, solemos decir aquello de que la curiosidad mató algo, cuando lo cierto es que lo hizo más sabio. Una investigación del departamento de ciencias cerebrales y cognitivas de la Universidad de Rochester recuerda algo esencial.

La curiosidad es un elemento básico de la cognición. Gracias a ella, se impulsa el avance de una sociedad en absolutamente todos los ámbitos: médico, social, tecnológico, etc. Si el niño de 5 años percibe más cosas que los adultos esto se debe a que es parte inherente de su desarrollo.

Poco a poco, lograrán ignorar las distracciones para centrarse en lo importante y ser así más eficientes. Sin embargo, sería adecuado que no se perdiera ese potencial por seguir apreciando determinados detalles del entorno. La mirada curiosa nunca debería perder ese impulso que define a la infancia.

Niños disfrazados de piratas en un barco de cartón representando que los niños perciben estímulos que los adultos no ven

Desconexión digital para conectar a los niños a su entorno

Las nuevas tecnologías pueden ser un recurso excepcional para los niños. Sin embargo, es necesario hacer un buen uso de las mismas. Por ejemplo, no es bueno que concentren todo su tiempo de ocio en las pantallas. No es recomendable exponerlos tampoco desde edades tempranas a estos dispositivos.

Promovamos, en la medida de lo posible, la interacción del niño con su entorno y con sus iguales. Procuremos que exploren, se relacionen y descubran el mundo con los cinco sentidos y no solo a través de la vista y ese dedo que se mueve por el móvil o la tablet. Dejemos que corran, que se ensucien, que hagan inventos, naves espaciales de cartón y columpios en los árboles.

Es cierto que los niños perciben estímulos que los adultos no ven, pero llegará un momento en que, de estar expuestos de manera continuada a las pantallas, sus niveles de atención serán deficitarios y su sentido de la curiosidad mínimo. Procuremos que esto no ocurra.

La mente curiosa necesita estímulos de todos los tipos para sobrevivir, así que no pongamos límites a sus miradas.

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