Sentir culpa por descansar

Sentir culpa por descansar es una conducta irracional. Si bien existen fuertes mandatos del entorno para que se trabaje sin tregua, también hay buenas razones para valorar y preservar el descanso.
Sentir culpa por descansar
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 22 mayo, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 22 mayo, 2021

Última actualización: 22 mayo, 2021

Vivimos una época marcada por la rapidez, la hiperproductividad y la obsesión por ser exitosos. Adherirnos a estos esquemas, de manera consciente o no, involucra someternos a estar estresados. Bajo presión y con la idea de que no importa cuánto hagamos, nunca va a ser suficiente, fácilmente se llega a sentir culpa por descansar.

Esta forma de pensar es una distorsión de la realidad. Además, esa es justamente la razón por la que se instala la intranquilidad cuando no se acatan los mandatos de la productividad. En el fondo, pensar así solo confirma un discurso impuesto que termina normalizándose al sentir culpa por descansar.

El impulso de cada persona para trabajar de más es único. Hacer demasiado puede adormecer las emociones de cada adicto al trabajo de diferente manera. A veces el trabajo extra disminuye la depresión, la ira, la envidia o la sexualidad”.

-Arlie Russell Hochschild-

Hombre trabajando

Sentir culpa por descansar, ¿a qué se debe?

Expresiones como “el tiempo es oro”, “optimizar el tiempo”, “no perder tiempo”, entre muchas otras, no tienen nada de inocentes. Apuntan a un discurso que busca mantenerse valiéndose de todas las herramientas a su alcance para conseguirlo. Así que, desde cierto punto de vista, lo “normal” es sentir culpa por descansar.

Esto se debe a que hay mandato internalizado: que el tiempo siempre debe “aprovecharse haciendo algo útil”. Por fortuna, también hoy en día comienza a reconocerse que esa productividad a ultranza no es lo más adecuado.

Una persona siente culpa por descansar cuando cree que está trasgrediendo una norma “sagrada”. Hay que pensar que las reglas son legítimas cuando contribuyen al bienestar. En caso contrario, lo que opera es una obediencia ciega y autodestructiva, que es necesario replantear.

Así mismo, no es raro que se trabaje de más para poner un velo sobre otros aspectos de la vida. Si otras dimensiones no funcionan bien, estar ocupados todo el tiempo ayuda a eludir un cara a cara con aspectos incómodos de la existencia.

El peso del entorno

Lo que en una cultura puede ser considerado una falta, en otra no. Lo mismo sucede con el contexto social, político o familiar. Para decirlo de otra forma, una norma es solo un punto de vista respecto a algo, pero no es el único ni necesariamente el mejor.

De ahí la necesidad de ser críticos frente a la norma, profundizar en su sentido, su necesidad y su valor. En la actualidad, se conoce como ocio creativo a toda actividad motivada por un interés personal de crecer al margen del ámbito laboral.

Sin embargo, en la Grecia Antigua consistía en el tiempo empleado, especialmente por filósofos para reflexionar en torno de los temas importantes de la vida. Estos incluían aspectos relacionados con la sociedad, el arte, la salud o la política entre otros.

De otro lado, está demostrado hasta la saciedad que cuando alguien responsable hace uso de su libertad se obtienen los mejores resultados. En otras palabras, lo ideal es actuar con autonomía y no por el condicionamiento de miedos o prejuicios.

Sentir culpa por descansar, en la mayoría de los casos, expresa un condicionamiento extremo.

Un círculo vicioso que se multiplica

La Organización Mundial de la Salud clasificó al estrés como una verdadera epidemia del presente siglo. Esto se puede explicar, en parte, porque la idea de estar permanentemente ocupados se convirtió en una conducta obsesiva. Consideramos erróneamente que seremos mejores si aplicamos esta regla.

Algunas personas no solo se exigen a un nivel irracional, sino que esperan que los demás también lo hagan. A esto se suma el hecho de que hasta la forma de descansar se ha estandarizado y reglamentado. Es buena idea hacer un alto y darse la oportunidad de estar solos, aburrirse y realizar actividades simples e incluso inútiles del todo.

De lo contrario, este comportamiento compulsivo tarde o temprano lleva a un sentimiento de infelicidad y a un estrés continuo. Algunos estudios muestran que más de 70 % de las personas renuncian a socializar en físico porque prefieren estar haciendo algo “productivo”.

Mujer concentrada en el ordenador pensando

Dejar de sentir culpa por descansar

La frenética carrera por alcanzar la “perfección” hace olvidar que el descanso es necesario para preservar la salud física y mental. Se llega a sentir culpa por descansar debido a que prima el fetiche asociado con ganar dinero incluso durante el tiempo libre.

Los expertos señalan que el descanso es una condición previa de la creatividad y necesaria para ser realmente productivos. Adicionalmente, exaltan las bondades de practicar la meditación y la de entrar en contacto con entornos naturales.

Una pausa alejados de la pantalla acerca a una realidad más genuina. Una siesta o un rato de meditación permite acceder a una nueva forma de observar el mundo y estar en él. Cuando una persona se obliga a seguir trabajando de largo para no sentir culpa por descansar, su rendimiento disminuye.

Si no se descansa lo suficiente, sobreviene el agotamiento, como resultado de rebasar los límites razonables. Descansar es una necesidad biológica y psicológica para poder realizar cualquier actividad y es la única manera de equilibrar las cargas que conlleva el día a día.

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  • Castañeda Aguilera, E. (2010). Adicción al trabajo (workaholism): Patología psicosocial del siglo XXI. Salud de los Trabajadores, 18(1), 57-66.