Ser demasiado confiados, ¿de verdad es un error confiar en los demás?

20 abril, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
A veces podemos ser demasiado confiados, es cierto. Sin embargo, confiar no siempre es un error, el fallo está en quien nos hace creer lo que no es, en quien miente y manipula expresamente. La confianza es un bien preciado que algunas personas osan mancillar.

A veces, hay quien nos acusa de ser demasiado confiados. Sin embargo, ¿se nos puede sancionar y etiquetar de ‘ingenuos’ por depositar nuestra confianza en alguien? La verdad es que no en todos los casos. Porque ofrecer confianza y esperar recibirla no es un error. El fallo está en quien miente, en quien juega con corazones ajenos y tergiversa las esencias del respeto.

Decía Lao-Tse que aquellos que no confíen lo suficiente no serán dignos de confianza. De algún modo, tanto si lo queremos como si no, las personas estamos «obligadas» a confiar en los demás para convivir. En caso contrario, habitaríamos en entornos caracterizados por la angustia permanente. De no ser así, nadie se atrevería, por ejemplo, a coger el volante de un coche, a subir a cualquier transporte público o a dejar a los niños en las escuelas al cargo del personal del centro.

Nuestra cultura y nuestra civilización basa gran parte de su esencia social y sus dinámicas en el principio de la confianza. La damos por sentada a diario para poder convivir, para poder reducir la sensación de miedo e incertidumbre en nuestras relaciones; porque confiar, al fin y al cabo, es ese acto de fe que practicamos a diario con los ojos cerrados, pero con el corazón receptivo.

Por eso, en ocasiones, nos puede doler enormemente cuando alguien nos acusa de ser demasiado confiados tras pasar por una mala experiencia. Cuando nos dicen algo así, al sufrimiento por la propia decepción vivida se le añade la duda de ¿habremos pecado quizá de ingenuidad en este caso? ¿Deberíamos haber tenido cierta malicia y haber sido más prudentes?…

«Debes confiar y creer en la gente, de lo contrario la vida se torna imposible».

-Anton Chekhov-

Pareja enfadada que sufre el peso de ser demasiado confiados

Ser demasiado confiados, el poder de las emociones

Podríamos decir que la palabra ‘confianza’ es una de las más bellas que existen. Este término no solo define nuestra capacidad para crear conexiones basadas en la seguridad y el afecto pleno en los demás. Asimismo, en ella hay también un principio que nos impulsa a la acción, a una acción en la que no existe el miedo, desde la que nos nos atrevemos a relacionarnos sin una sensación de inquietud o recelo.

Ahora bien, hay un dato que puede llamarnos la atención. Tal y como nos señala el psicólogo Joe Bavonese, del Relationship Institute en Royal Oak, Michigan, las personas nos hemos vuelto en los últimos diez años mucho más desconfiadas.

Un factor que explica esto son los avances de las nuevas tecnologías. Gracias a ellas tenemos acceso un gran número de información y también nos ofrece la posibilidad de conocer a mucha más gente. Sin embargo, ninguna de esas dimensiones nos son fiables al 100%.

Asimismo, parece que vivir en un presente tan arraigado a la incertidumbre (económica, social, política, etc.) también afecta a nuestras relaciones. Somos quizá, un poco más cautos, un poco más exigentes. Aún así, siguen abundado los que algunos etiquetan como demasiado confiados. Pero… ¿cómo son esas personas que en ocasiones pecan de un exceso de confianza en los demás?

La confianza afectiva (o emocional) y la confianza cognitiva

Cuando las personas construimos lazos de confianza lo hacemos a través de dos dimensiones muy concretas:

  • En primer lugar está confianza afectiva, la cual, se nutre principalmente del plano emocional. Es cuando sentimos que esa o esas personas son dignas de confianza porque así nos lo dice nuestro corazón, porque nos sentimos bien junto a ellas, porque las emociones que nos hacen sentir son para nosotros la mejor valía.
  • La confianza cognitiva. En este caso, a la dimensión emocional se le añaden los juicios, los pensamientos y las creencias. En este caso, las personas llevamos a cabo una serie de valoraciones que nos convencen de un modo quizá más práctico y objetivo de por qué esas personas son de fiar.

Así, tal y como nos explican en un estudio llevado a cabo por Jennifer Dunn, de la Universidad de California, cuando somos demasiado confiados, quizás nos dejamos llevar en exceso por el plano emocional. Nuestros juicios no siempre se ajustan a la realidad y nos limitamos, posiblemente, a escuchar a nuestras emociones sin ser capaces en ocasiones de ver o apreciar otros indicios más concretos.

Hoja en forma de corazón para representar el dolor por ser demasiado confiados

Confiar en los demás nunca será un error, pero ¿cuándo sí lo es?

Confiar en los demás nunca será un error por nuestra parte. No podemos olvidar que nuestro cerebro es un órgano puramente social diseñado para conectar, para establecer relaciones y garantizar así nuestra supervivencia. La confianza es un principio básico en el ser humano y por ello, experimentar una decepción, una traición o el latigazo de una mentira se vive a menudo como algo traumático.

Por tanto, teniendo claro este aspecto, ¿en qué situaciones SÍ se nos puede criticar por ser demasiado confiados? Estos serían algunos ejemplos.

Cuando no tenemos en cuenta experiencias pasadas

Puede que alguien nos falle una vez o incluso dos veces. Ahora bien, si tras varias decepciones, agravios, malos ratos y amarguras, seguimos depositando nuestra confianza en esa persona, el error es nuestro.

La experiencia es siempre la mejor consejera. Por tanto, nadie puede recriminarse a sí mismo haberse equivocado una vez. Vivir también es caerse, también es tropezar y dejar nuestro corazón en las manos erróneas. Ahora bien, tras esas situaciones hay que hacer un adecuado acto de introspección y obtener un buen aprendizaje. Tropezar una y otra vez con la misma piedra no es bueno para nadie.

Cuando olvidamos que en las relaciones sí debemos ser exigentes

Ser demasiado confiados implica en ocasiones, exponernos a que nos hagan un daño innecesario. Nunca está de más aplicar un grado de excelencia en materia relacional y atrevernos a ser exquisitos sibaritas a la hora de elegir amigos y parejas afectivas.

Por ello, es necesario recordar cuáles son los tres principios indiscutibles de la confianza. Esos que nadie debe vulnerar:

  • Confianza es saber que somos merecedores de recibir apoyo y ayuda cuando lo necesitemos o solicitemos.
  • Confianza es poder compartir confidencias sin ser juzgados ni traicionados.
  • Por último, confianza es saber que no vamos a ser dañados en ningún sentido por parte de la persona en quien depositamos esa confianza.
Amigos para representar el beneficio de Desear que los demás sean felices

Para concluir, todos necesitamos poder confiar en alguien. Sin ese soporte cotidiano, la vida se hace dura y pierde impulso… Por tanto, procuremos ser buenos proveedores de esta dimensión con los demás, pero también prudentes a la hora de elegir en qué bolsillos depositar este bien tan preciado.

  • Dunn, J. R., & Schweitzer, M. E. (2005). Feeling and believing: The influence of emotion on trust. Journal of Personality and Social Psychology88(5), 736–748. https://doi.org/10.1037/0022-3514.88.5.736
  • Rempel, J. K., Holmes, J. G., & Zanna, M. P. (1985). Trust in Close Relationships. Journal of Personality and Social Psychology49(1), 95–112. https://doi.org/10.1037/0022-3514.49.1.95