Si no nace, siembra: la construcción del carácter

07 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Fátima Servián Franco
El suelo, por rico que sea, no puede dar fruto si no se cultiva. De la misma manera, la mente sin cultivo tampoco puede producir. Nuestro cerebro es nuestro jardín y es probable que lo que sembremos sea lo que cosechemos.

Desde Aristóteles hasta la filosofía actual, la idea de que el carácter hay que forjarlo ha estado latente. No siempre tenemos cualidades innatas o elegimos la mejor opción para nosotros mismos o para los demás. En realidad, solo un entrenamiento potencia nuestras habilidades. Si no nace en ti, siembra. Nuestro carácter, o al menos buena parte de él, es el resultado de nuestra conducta.

El escritor y periodista Alphonse Karr decía que todo hombre tiene tres variedades de carácter: el que realmente tiene, el que aparenta y el que cree tener.

Una parte importante de nuestro carácter viene definida por cómo reaccionamos ante las diferentes situaciones. Es también la forma de expresar esta manera de reaccionar, señalando que se posee un perfil determinado, característica o inclinación.

El carácter, como concepto psicológico, se ha relacionado más con la psicología filosófica derivada de Teofrasto, la caracterología francesa de los siglos XVII y XVIII, desligándose de la psicología científica. Personajes literarios como Cervantes o Voltaire se han revelado como excelentes caracterizadores en las descripciones de sus personajes (Dolcet i Serra, 2006).

Sus herederos psicológicos han sido los psicoanalistas. La teoría del desarrollo de la personalidad de Freud es una buena prueba de ello. Los neoanalistas, como Adler, Jung y Stern mantienen el término carácter, el cual tenderá a ser sustituido por el término rasgo a partir de Allport (Andrés-Pueyo, 1995).

“Estoy hablando de la virtud ética, pues ésta se refiere a las pasiones y las acciones, y en ellas hay exceso, defecto y término medio”.

-Aristóteles-

Mujer mirando hacia adelante

Si no hay siembra, no hay cosecha

Sembrar y cosechar son términos simbólicos que usamos para referirnos a determinados pensamientos, actos y hábitos que formamos con nuestra mente. Con cada acto sembramos una semilla, aunque es posible que no la veamos.

Nuestro carácter puede ser un símil de nuestro destino, ya que de él dependerá este último. El carácter forma parte de un proceso, está en nuestra manera de relacionarnos y en los fenómenos internos de nuestra mente. En este sentido, su constitución y dinámica es sensible al medio.

Ernest Kretschmer afirmó que el carácter resulta del conjunto de las características biológicas fundamentales basadas en los sustratos anatómico-fisiológicos de la constitución individual y de las características que se desarrollan bajo la influencia del ambiente y de especiales experiencias individuales.

La cosecha de nuestro carácter comienza con una siembra cuidadosa. Somos al mismo tiempo fáciles y difíciles, agradables y ásperos, buenos y malos….elegir lo que sembramos es elegir lo que fortalecemos en nuestro carácter.

La naturaleza misma no distingue entre qué semilla recibe. Crece cualquier semilla que se siembra. Así es como funciona la mente. Tenemos que tener en cuenta las semillas (pensamientos, actos, hábitos) que sembramos hoy, ya que se convertirán en el cultivo que cosechemos.

“No juzgues cada día por la cosecha que cosechas, sino por las semillas que siembras”.

-Robert Louis Stevenson-

Mujer caminando en el campo

¿Por qué intentamos cosechar lo que nunca sembramos?

Antes de que el éxito aparezca en la vida de cualquier persona, es seguro que se encontrará con muchas frustraciones temporales, y tal vez con algún fracaso. Cuando la frustración se adueña de nosotros, parece que lo más fácil que podemos hacer es abandonar.

Algunas frustraciones nacen de lo que se siente cuando lo quieres todo pero no estás dispuesto a hacer lo suficiente para conseguirlo. Ahora es el momento de la semilla, hoy son las horas de trabajo, y mañana puede que llegue la cosecha. Estos factores, parece ser, están alterados. Aun así, debemos preparar el terreno, plantar la semilla, cultivar y regar si esperas cosechar la cosecha. En ese orden.

Nuestro trabajo no es la cosecha, nuestro trabajo es la semilla. Quizás por esto, a veces, nos equivocamos en intentar controlar la cosecha, cuando solo podemos focalizarnos en las semillas. Cosechar lo que deseamos no es fácil, el proceso puede ser amargo y requiere de nuestro sacrificio y elección. En tiempo de siembra, nos toca aprender y en tiempo de cosecha, enseñar y complacernos.

“Parte de la frustración del hombre se debe a que se ha acostumbrado a esperar que el lenguaje y el pensamiento ofrezcan explicaciones que no pueden darle”.

-Alan Watts-

Andrés-Pueyo, A. (1995). Personalitat i diferències individuals. Psicologia de la personalitat. Barcelona: UOC. Dolcet i Serra, J. (2006). Carácter y temperamento: similitudes y diferencias entre los módelos de personalidad de 7 y 5 factores (el TCI-R versus el NEO-FFI-y el ZKPQ-50-CC) (Doctoral dissertation, Universitat de Lleida). Martínez, A. I. (2002). Temperamento, carácter; personalidad. Una aproxímacíon a su concepto e interacción. Revista complutense de educación13(2), 617. Reich, W., & Fabricant, L. (1986). Análisis del carácter. Paidós.