Simone Weil, una filósofa apasionante

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Albert Camus dijo al leer su obra que Simone Weil era la mente más brillante de su tiempo. No obstante, Simone Weil sigue siendo una figura desconcertante dentro la de la filosofía moderna que buscó su propia explicación de la moral humana.
 

La filósofa francesa Simone Weil es una figura desconcertante en la filosofía moderna, pues su pensamiento resulto, en cierta medida,»inoportuno». Llegó a la filosofía en el periodo de entreguerras, en un momento de radicalismo político, fenomenología y existencialismo emergentes.

Los filósofos de su tiempo, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, vieron las cosas en términos de la libertad radical del individuo para elegir sus valores en un mundo sin Dios. En cambio, Simone Weil tomó un camino diferente.

Su preocupación no era perfeccionarse a sí misma creando valores a partir de una supuesta libertad absoluta, sino hacer frente a la existencia real de otras personas y atenderla. Partiendo de esta premisa, podemos entender con mayor claridad tanto su vida como su obra.

Se considera a Weil una filósofa moral en una tradición que atraviesa desde Platón hasta Kant. Weill tomó la moral con seriedad, con un compromiso absoluto, ajena a aquellos filósofos tentados por el escepticismo o por el deseo de encontrar un fundamento racional sobre el que descansar con la seguridad que te da, en ocasiones, no creer en nada.

 

Simone Weil

Datos biográficos de Simone Weil

Simone Weil nació en París el 3 de febrero de 1909, siendo la segunda de los dos hijos de un matrimonio judio secular y agnóstico. Su padre era médico y su hermano, André Weil, se convertiría en uno de los más renombrados matemáticos del siglo XX.

Las incesante actividad intelectual era algo característico en la familia. Ya a los 14 años, la joven Simone Weil tendría una crisis personal y de desempeño académico frente a las habilidades de su hermano, que consideraba muy superiores.

La sensibilidad moral y filosófica era su identidad y se mostró de varias maneras. De esta manera, Weil dejó clara su posición cuando, a la edad de 5 años, se negó a aceptar un collar como regalo debido a la ostentación y al lujo innecesario que suponía.

Al año siguiente, se negó a comer más azúcar que la asignada a las tropas francesas mientras luchaban contra los alemanes en la guerra. Así, en ocasiones, a través de pequeños actos, creamos una moral individual inconfundible, tal y como ocurre con Simone Weil.

 

Educación

Fue educada en varias escuelas y por tutores privados antes de asistir al Lycée Henry-IV como alumna del mayor maestro de filosofía de la época, Émile Chartier («Alain»).

En 1928, en su segundo intento, obtuvo la admisión a la École Normale Supérieure, superando a Simone de Beauvoir en el examen de filosofía y lógica general.

Estudió filosofía allí, graduándose en 1931 con un diploma de estudios superiores sobre la base de su tesis Ciencia y perfección en Descartes. El mismo año, aprobó el examen del servicio civil francés (la agregación) y fue nombrada para una escuela secundaria de niñas en el centro regional Le Puy, donde enseñó hasta 1936.

Activismo político, exilio y fallecimiento

Simone Weil realizó actividades sindicales y comunistas en Alemania y luchó en el lado republicano en la Guerra Civil española. Después de quemarse el pie en un accidente con una olla llena de aceite caliente, dejó España y pasó un tiempo en Portugal. Se trasladó luego a Italia, donde experimentó lo que ella denominaría como «experiencias místicas».

El estallido de la Segunda Guerra Mundial lo vio en París y la invasión alemana la vivió en Marsella. Estuvo publicando ensayos y haciendo lo que pudo en aquellos años. A menudo, judíos como ella buscaban escapar de  Francia por la amenaza nazi.

 

En 1942, acompañó a sus padres a Marruecos y, posteriormente, a Nueva York. Decidida a contribuir a la causa de la Francia libre regresó a Europa y se instaló en Londres.

Falleció como consecuencia de la tuberculosis la noche del 24 de agosto de 1943 y, aunque no estaba bautizada, fue enterrada en la sección católica del cementerio de Bybrook en Ashford (Kent).

Obras de Simone Weil

Los escritos de Weil, recopilados ahora en 20 volúmenes, se produjeron en tan solo 15 años. Buena parte de ellos fueron publicados póstumamente.

La mayor parte del trabajo publicado en su vida fue en forma de ensayo breve para pequeñas revistas políticas y literarias, dirigidas a audiencias particulares. Tales escritos conforman, únicamente, una pequeña parte de su trabajo recopilado.

Durante su corta vida, fue conocida como escritora política de la izquierda, una marxista poco ortodoxa y crítica. Su trabajo más importante en este género (aunque no publicado hasta 1955) fue Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social (1934).

Alrededor de 1935 y, especialmente, después de su primera experiencia mística en 1937, sus escritos tomaron lo que muchos creían que era una nueva dirección religiosa. Estos ensayos, cuadernos y cartas se los confió al teólogo católico laico Gustave Thibon en 1942 cuando huyó de Francia.

 

Con la ayuda editorial del consultor espiritual de Weil, las selecciones de estos escritos hicieron que fuera ampliamente conocida en el mundo angloamericano.

El esfuerzo serio para una publicación completa de todos los escritos de Weil fue, en gran medida, gracias a Albert Camus, el encargado de redescubrirla. Mientras era editor en Gallimard, Camus leyó su obra y se refirió a ella como «la única gran mente de nuestro tiempo». En 1988, la editorial Gallimard, motivada por Camus, publicó los textos de Weil.

Libros apilados sobre una mesa

Aportaciones y legado

Weil no tuvo tiempo para las preocupaciones filosóficas tradicionales sobre la moral y la vida ética. Sin embargo, había otro sentido en el que Weil estaba preocupada por encontrar una base para la moralidad. ¿Sobre qué base natural surgió y se desarrolló la capacidad humana para atender el sufrimiento y la aflicción de otras personas?.

Para Weil, el punto crucial fue que los seres humanos, primitivamente y todas las cosas en igualdad de condiciones, reaccionaron de manera diferente a las «cosas» que a otros seres humanos y que fue debido a un cierto «poder» básico o fundamental.

 

El fundamento de nuestro deber de tratar a los demás no como un medio, sino como un fin en sí mismo, no surgió por «la ley moral. Este sentimiento nació de nuestra primitiva y recíproca experiencia en el mundo.

A pesar de toda experiencia de crímenes cometidos, sufridos y presenciados, somos buenos y no malos porque toda esa moral viene implícitamente dada como personas.

En esta «expectativa indomable», la moralidad entra en el mundo de la fuerza y ​​la necesidad. Es donde lo sobrenatural y el mundo natural se entremezclan con lo sagrado de la obligación impersonal de satisfacer las necesidades humanas. Una visión única y fascinante de las personas que vale la pena leer en los tiempos que vivimos.