Sintiendo el mundo desde el corazón de otras personas - La Mente es Maravillosa

Sintiendo el mundo desde el corazón de otras personas

Paula Aroca 14 septiembre, 2014 en Emociones 0 compartidos
Tres chicas juntas

¿Qué es la empatía? ¿Se trata acaso de una habilidad extraordinaria, de un lujo que no muchas personas poseen?

La empatía es esa capacidad de ponerse en el lugar del otro y sentir lo que está sintiendo, es mucho más que una cualidad socialmente agradable.

De hecho, es tan esencial, que si nuestras madres no hubieran sentido algún grado de empatía por nuestro sufrimiento cuando sentíamos hambre, dolor, o necesidad de ser mimados, simplemente no estaríamos aquí.

Madre con hijo observando a los pescadores

¿Sabes “leer” a los demás?

Para poder “leer” las emociones del otro, es necesario vivenciar esas emociones en carne propia. Esto nos permite estar bajo la misma piel y sentir la alegría, el placer, el miedo, la frustración o el dolor ajenos, observando la expresión facial, la postura, el tono de voz, etc.

Aunque la capacidad de ser empáticos está determinada en parte por nuestros genes, la misma se puede desarrollar haciendo esfuerzos deliberados y constantes en “sintonizarnos” con los demás.

No obstante, los grados de empatía que sentimos varían, y es obvio que tenemos limitaciones, por lo que no es factible experimentar con todas las personas y con la misma intensidad las emociones ajenas.

Así, mientras más cercana sea la persona a nosotros, como un familiar o un amigo de la infancia, nuestro nivel de empatía será mayor.

Pero también es innegable que los gestos de genuina empatía hacia extraños conmueven profundamente, y tienen un poder transformador que puede hacer verdaderos milagros en este mundo maltrecho.

Sociedad insensible

Desde un punto de vista poco alentador, muchos creen que en la actualidad vivimos en una sociedad demasiado centrada en sí misma, egoísta, hedonista y altamente competitiva.

Esta inflación del yo es proporcional a la devaluación de los demás. Así lo corrobora una investigación realizada en la Universidad de Michigan, según la cual la empatía de los estudiantes universitarios disminuyó en un 40% entre el 2000 y el 2010.

Obviamente, es más fácil y cómodo no involucrarnos con el sufrimiento ajeno, porque hacerlo implica dejar de lado nuestros propios asuntos e invertir tiempo y esfuerzo para dedicárselo al otro.

Sin embargo, el egoísmo no es beneficioso más allá de esta inmediata comodidad. Querámoslo o no, somos seres frágiles por naturaleza, por lo que estaremos necesitados muchas veces a lo largo de la vida.

Pero más allá de los aspectos prácticos, la empatía no es sólo necesaria para sobrevivir, sino también para ser realmente felices.

¿Por qué? Porque no hay ningún placer ni bien material que pueda sustituir ese profundo anhelo del ser humano hacia valores supremos como la bondad, la compasión o la solidaridad.

Parafraseando al famoso comercial: “Para todo lo demás existen las tarjetas de crédito”, porque los valores humanos sencillamente no tienen precio…

Cuatro amigas abrazandose

Empatía y física cuántica

La empatía trasciende el campo de la psicología, y ya la física cuántica ha logrado comprender su rol desde el punto de vista cosmológico.

Esta rama de la física sostiene que la separación es una ilusión y, por lo tanto, todo lo que afecta a una parte afecta al resto.

Veamos la siguiente reflexión que el físico Hans Peter Dürr hace al respecto:

El sufrimiento del mundo, no importa dónde se produzca, me afecta también a mí, porque mi propio sufrimiento no está separado de aquél.

Por eso en realidad la compasión, o el ponernos en el lugar del otro no tiene nada que ver con el altruismo, se trata de un dolor que yo siento directamente porque me doy cuenta de que es realmente igual al mío.

Si le sucede algo al pulgar de mi pie no digo que tengo una compasión altruista con él, me duele a mí mismo aunque el dedo esté muy lejos de mi cabeza. De esta forma prácticamente estamos unidos con todo.”

Es necesario, pues, que la cultura del egoísmo dé un giro hacia la dirección correcta, que es saber que somos miembros de un mismo cuerpo, en vez de islas con tristes náufragos. 
Imágenes cortesía de Claudiatremblay,

Paula Aroca

Ver perfil »
Te puede gustar