Son personas mayores, no bebés

Paula Murillo · 30 mayo, 2017

El envejecimiento es un proceso natural. Todos estamos transitando en este mismo momento por él, ya que comenzamos ese viaje desde el momento en que nacemos. Las personas mayores cada vez están más presentes, gracias a la mejora en calidad de vida y a los rápidos avances médicos. Esto genera que surjan nuevos estudios y profesionales enfocados a encontrar el mejor camino para alargar nuestras etapas vitales en lo que a salud se refiere.

En este punto parece recomendable entender el envejecimiento como un proceso activo. Cada vez somos más conscientes de la importancia de la prevención y del rendimiento que genera un trabajo activo integrado, en el que se trabaje cuerpo y mente. Así, contamos con los medios para entender la vejez como un proceso que trasciende la degeneración física.

Por otro lado, si bien es cierto que en algunas personas mayores podemos identificar comportamientos infantiles, están lejos de ser niños. De hecho, la suma de sus experiencias es mayor que la nuestra y sus procesos mentales, aunque en ocasiones tengan manifestaciones parecidas, distan mucho de ser los que se dan en la infancia.

“Las expectativas adversas que existen hoy sobre la vejez, casi siempre están basadas en la ignorancia o en premisas falsas”

-Luis Rojas Marcos-

¿De dónde vienes?…. Manzanas traigo

Uno de los principales problemas con el que se encuentran las personas mayores es el estilo que empleamos para comunicarnos con ellas. ¿Alguna vez has pensado en el tono en el que te diriges a tu abuelo/a o padre o madre? ¿Les oyes o les escuchas? Tal vez por un sentimiento de protección o de muestra de amor nos dirijamos a ellos con demasiada condescendencia o atendamos a lo que dicen esperando el mismo discurso de siempre… y por lo tanto, desconectando a mitad de la primera frase.

Hija con su madre dando un paseo

Esta falta de atención y el procesado automático, que nuestro cerebro realiza para ahorrar energía, no siempre genera buenos resultados. De hecho puede producir una deshumanización de la persona mayor e imposibilitar que se formen espacios comunes.

“En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos”

-Marie Von Ebner Eschenbach”

En otras ocasiones la falta de paciencia, tiempo o interés hacia sus temas hace que hablemos en tonos y formas que no se corresponden con la persona adulta que tenemos delante. A veces tenemos ideas fijas en la cabeza sobre asuntos para comentar con ellos y no contamos con la respuesta u opinión previa que manifiesta. En no pocas ocasiones también decidimos por ellos, sin preguntarles.

En los diálogos que mantengamos con ellas es bueno estimular, apoyar y motivar para potenciar su sentido de utilidad y pertenencia, así como la sensación de control. Con ello les ayudaremos a que conserven en la medida de lo posible su autonomía, y con ello su identidad e intimidad.

Vulnerables sí, pero no son niños

Existe una expresión popular que asemeja a las personas mayores con los niños. De hecho puede que compartan ciertos comportamientos, caprichos o dependencias. Incluso muchas de sus cabezonerías o acciones tienen un sentido parecido al de los adolescentes: defender su independencia. Por otro lado, no es menos cierto que existen ciertos rasgos de personalidad que se hacen más profundos con el tiempo, al igual que las arrugas en el rostro.

“Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes”

-William Shakespeare-

Pero hay algo fundamental que los diferencia. La historia vital, el bagaje, la experiencia, la memoria emocional… todo ello marca la desigualdad. Si conservan la capacidad de juicio y una percepción razonable de la realidad podrán expresarse y podrán decidir, de hecho es bueno que lo hagan.

No nos escudemos en que son personas mayores para organizarles su día a día en función del nuestro. Ellos normalmente pueden y saben más que lo que les concedemos. Tal vez lo hagan de otro modo, tal vez nos cuestionen y nos incomoden, pero si les damos el espacio y la paciencia podremos encontrar el espacio común que les sitúe también en el mundo.

Por otro lado, si compartimos con ellos nuestras inquietudes, por mucho que su discurso en ocasiones sea predecible, contribuiremos a enriquecer su mundo y supliremos en parte esa dificultad de movimiento físico, desplazándonos con ellos de manera mental por lugares nuevos.

Nuevas formas de envejecer

Según la OMS entre el 2015 y el 2050 el 22% de la población tendrá más de 65 años. Por tanto, la salud emocional y los cuidados físicos cobran especial importancia en los años futuros. El plan comienza por trabajar la promoción de su salud mental y física. Si ellos quisieran participar en la sociedad de diversas formas, ¿por qué impedírselo? ¿por qué no animarles a participar en voluntariados o programas de acercamiento a otros grupos de edad?

“El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza”

-André Maurois-

Personas mayores en columpio

Por otro lado, muchas personas mayores llegan a una edad cansadas de asumir responsabilidades. Han criado a unos hijos, han trabajado durante muchos años y han sido el motor de la parte más pequeña y de la parte más mayor de la sociedad. Han cargado con el cuidado de mayores y pequeños.

Ahora que son mayores, es justo que les devolvamos esa cuidado. Pero no el cuidado del que trata con niños, sino un cuidado del que trata con personas que tienen unos miedos y unas inquietudes propias. Un cuidado que pasa por abrirles las puertas de la participación y considerar y respetar que quieran pasar por ellas o no.

Un cuidado que pasa por planteares retos que estén a su alcance, que les generen emociones positivas y la posibilidad de ponerle punto y final a un legado que haríamos bien en disfrutar. Por ellos, por nosotros y por el ejemplo que tenemos la posibilidad de brindarles a quienes en un futuro nos tendrán que cuidar.