La jaula del amor o las relaciones de sobreprotección

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 7 enero, 2016
Valeria Sabater · 7 junio, 2014

Seguro que conoces el caso de algún conocido o es posible que tú mismo lo hayas vivido alguna vez: existen relaciones que aparentemente parecen ayudar a crecer, pero que ahogan. Las relaciones de sobreprotección son una jaula del amor donde se ejerce siempre una especie de arma de doble filo.

Por una lado está ese amor sincero y profundo por la otra persona: una pareja, un hijo… Por el otro, se encuentra esa otra dimensión más compleja, donde se confunde el amor casi con la dominación y el control sobre la otra persona.

En las relaciones de sobreprotección o jaulas del amor, la dominación que se ejerce es encubierta, donde lo que se pretende no solo es cuidar, sino también dominar y proteger al otro hasta la exasperación… Hasta no dejar espacio, hasta no permitir la autonomía, e incluso la maduración de la persona en caso de ser un niño.

La necesidad de protección en el ser humano

Hermanos que protegen a sus hermanos más pequeños, parejas que protegen a sus compañeros/as, padres o madres que hacen lo mismo con sus hijos, abuelos que sobreprotegen a los nietos… Dar todo por quien se ama y tratar de protegerlo es algo en principio natural y lógico, pero que debe tener sus límites.

En ocasiones, esta sobreprotección va causando en la persona protegida cierta sensación de inseguridad, a la vez que dependencia absoluta. En lugar de aportar felicidad por esta nube cálida y confortable que desplegamos alrededor de la persona querida, para que no se haga daño y esté a salvo de todo mal, lo que hacemos es anularla.

En una relación de sobreprotección o jaula de amor, enclavamos a la persona en un espacio determinado y levantamos unas rejas a su alrededor para que se acomode y, sencillamente, vea el mundo de lejos.

Madre e hija abrazadas

¿Son los protectores realmente mejor personas por cuidar de este modo a las personas queridas?, ¿son salvadores? En absoluto. Amar no es controlar, querer no es llevar hasta el extremo la sensación de protección, también es aprender a dejar espacio, a fomentar la libertad y sobre todo, a confiar.

Las trampas de la jaula del amor o sobreprotección

Debemos tenerlo claro: la sobreprotección es una patología del amor. Hago esto por ti porque nadie más puede hacerlo. Y porque en realidad, tú tampoco serías capaz de cuidar de ti mismo. Lo que hacemos con esta actitud es convertir a esa persona querida, a ese hijo, a esa pareja… en una auténtica víctima.

Estamos modelando personas que no podrán verse a sí mismas capaces de enfrentarse al mundo con autonomía y seguridad. Cualquier paso dado en solitario, les va a causar incertidumbre al no tener tras de sí a esa figura protectora y dominante que hace las cosas por ella.

Educar para crecer, educar en responsabilidad

Si es un hijo al que estamos sobreprotegiendo, hemos de tener clara una cosa: para educar a personas sanas y felices, debemos saber educar en responsabilidad. Nadie aprende a ser responsable si no se le da una oportunidad, si no se le ofrece espacio y la opción de tomar decisiones por sí mismos.

Como padres, como madres o incluso como abuelos, cuidaremos de nuestros niños con todo nuestro aliento, evitándole daños y problemas siempre que nos sea posible. Eso lo tenemos claro. Pero el cariño también exige confianza. La confianza para que los niños den sus propios pasos en soledad y se caigan de vez en cuando. Les dejaremos que cometan errores para que adquieran su propio aprendizaje, para que adquieran su propia madurez desarrollando su autoconfianza y evitar someterlos a la jaula del amor.

Si lo hacemos por ellos, si le decimos “papá lo hará por ti porque sabe lo que necesitas”, entonces lo que estaremos fomentando es la inseguridad. Nuestro fin es aportarles raíces, pero también alas para encontrar su camino siendo personas hábiles y capaces. Niños que han aprendido a ser adultos venciendo sus miedos y adquiriendo sus responsabilidades.

Niño saltando en una cuerda al lado de la luna

No por ofrecer oportunidades y abrir la reja de nuestra jaula del amor, van a estrellarse o a ser infelices. No podemos programar sus vidas, sino permitirle todas las posibilidades de aprendizaje posibles con las que pueda adquirir conocimiento existencial.

Los niños sobreprotegidos o demasiado consentidos en el presente, se convierten el día de mañana en  adultos vulnerables y, a menudo, despóticos y agresivos. Son seres dependientes incapaces de conseguir por sí solos aquello que necesitan. Debemos tenerlo en cuenta.