Sophie Germain, biografía de una mente prodigiosa

Edith Sánchez · 26 agosto, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 26 agosto, 2019
Lo más llamativo de Sophie Germain fue la pasión y la perseverancia con la que se consagró al estudio de las matemáticas. Enfrentó a su familia y a toda la sociedad para poder dedicarse a una actividad en la que muy pocas mujeres habían incursionado hasta entonces.

Sophie Germain es, probablemente, la intelectual femenina más importante en la historia de Francia. Se le considera un genio de las matemáticas, aunque en su época jamás se le concedió esa categoría, pese a que demostró con creces su inteligencia. Solo hasta después de su muerte comenzaron a rendírsele los honores que merecía.

Lo más interesante de Sophie Germain no es solo su inteligencia superior, sino principalmente la fortaleza de su carácter. Se enfrentó contra todos los convencionalismos de su época y utilizó todas las herramientas a su alcance para hacer lo que más amaba: investigación matemática.

El Álgebra no es más que Geometría y la Geometría no es más que Álgebra abstracta”.

-Sophie Germain-

Básicamente, no tuvo vida personal. No se casó, ni tuvo hijos y no se sabe que haya cultivado una afición distinta a los números. Hizo grandes aportes a la física y a las matemáticas.

A ella se le deben importantes contribuciones a la teoría de los números, así como a la resolución de la Ecuación de Fermat y a la teoría de la elasticidad.

Números

Sophie Germain, una niña testaruda

Sophie Germain nació el 1 de abril de 1776, en Francia. Provenía de una familia burguesa, amante de la ciencia y la cultura.

Era apenas una jovencita cuando estalló la Revolución Francesa. La convulsión social hizo que sus padres decidieran confinarla en la casa, con pocas posibilidades de salir. Como en su hogar había una amplia biblioteca, ella comenzó a aprovecharla.

A los 13 años, leyó la Historia de las Matemáticas de Jean-Baptiste Montucla. La fascinó el episodio que hablaba de Arquímedes y su profunda concentración en los temas matemáticos. Ella también quería experimentar esa abstracción del mundo, enfocada en un asunto intelectual. Por eso, siguió con el Tratado de aritmética de Étienne Bezout.

Cuando su familia descubrió la inclinación de Sophie Germain por los libros, quiso erradicar esa costumbre, que se consideraba indeseable. Le quitaron la luz y la calefacción para persuadirla de dejar esos estudios. Solo consiguieron obsesionarla aún más con el asunto. Como quería leer a Newton y a Euler, se vio obligada a aprender por sí sola griego y latín.

Una correspondencia enriquecedora

Sophie Germain fue una autodidacta brillante. A los 18 años, tuvo acceso a unos apuntes de clase del profesor Joseph-Louis Lagrange, quien enseñaba en la Escuela Politécnica de París. Era un manjar que ella no quería desaprovechar. Luego de estudiar concienzudamente los apuntes, tomó una decisión temeraria: comunicarse con el profesor.

Sabía que por su condición de mujer no iba a ser tomada en serio. Entonces aprovechó la ausencia de un viejo alumno del profesor Lagrange y le escribió usando su nombre: Monsieur Antoine-August LeBlanc. Así comenzó un fructífero intercambio de correspondencia.

El académico quedó impresionado por sus conocimientos y decidió pedirle una entrevista. Sophie Germain tuvo grandes dudas, pero al final se decidió y le reveló su identidad. Para ese entonces el profesor ya estaba tan interesado en sus planteamientos, que decidió ignorar el hecho de que fuera mujer y se convirtió en su mentor.

Libreta con apuntes de matemáticas

Gauss y el recuerdo de Arquímedes

Más adelante, Sophie Germain tuvo acceso a la obra de Carl Gauss. Quedó maravillada y acudió de nuevo a la astucia de hacerse pasar por un hombre, para establecer correspondencia con el afamado genio. Gauss también encontró en ella una mente brillante y respondía con gran entusiasmo a sus mensajes.

Por aquel entonces comenzaba la invasión napoleónica a Prusia. Sophie Germain temió que Gauss saliera mal librado de la aventura militar que libraba en el país donde este genio habitaba.

Por eso, habló con uno de los generales de Napoleón, que era amigo de su familia, y le rogó que protegiera a Gauss de los daños. El militar así lo hizo. Cuando este se lo comunicó a Gauss, él quedó sorprendido. Jamás había oído hablar de la dama que lo estaba protegiendo con tanto celo.

Germain se vio obligada a explicarle la situación. Gauss quedó más impresionado aún y se deshizo en halagos hacia ella. De hecho, algunos años después propuso que se le concediera un doctorado Honoris Causa en la Universidad de Gotinga, pero su propuesta fue rechazada.

Con todo, Sophie Germain se hizo un camino sola. En 1816, ganó el concurso de la Academia Francesa de las Ciencias y eso la convirtió en la primera mujer que formaba parte de esa institución. También comenzó a figurar como una gran matemática.

La muerte la sorprendió en 1831. Tiempo después se reconoció su trabajo. Hoy en día, una calle de Francia y un premio anual en ciencias llevan su nombre.

  • Dalmédico, A. D. (1992). Sophie Germain. Investigación y ciencia, (185), 70-75.