Sueño REM y sueño profundo: ¿cuáles son las diferencias?

Parecen lo mismo y, de hecho, hasta los confundimos. Sin embargo, sueño REM y sueño profundo aparecen en etapas diferentes, y uno de ellos, es más trascendente para nuestra salud que el otro. ¡Descúbrelo!
Sueño REM y sueño profundo: ¿cuáles son las diferencias?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 18 junio, 2022

Sueño REM y sueño profundo cumplen un papel fundamental para nuestro bienestar físico y psicológico. Sin embargo, es común confundirlos e incluso pensar que aparecen en el mismo estrato del sueño. Nada más lejos de la realidad. Difieren en múltiples aspectos y son tan singulares en sus propósitos y características, que merece la pena sumergirnos en sus respectivos universos.

De este modo, algo que suele señalarse es que, mientras el primero es pura armonía al sincronizarse con el resto de ondas cerebrales, el REM es irregular y puede incluso no aparecer si tomamos alcohol o ciertos fármacos. Así, y mientras uno favorece procesos como el crecimiento o la reparación de tejidos, el otro nos abre la puerta al mundo de los sueños.

Puesto que casi un tercio de nuestras vidas durmiendo, resulta más que necesario saber qué hace nuestro cerebro durante ese tiempo. No importa que no tengamos el control sobre cada proceso que se sucede durante esas horas. Comprenderlo y, sobre todo, favorecer un descanso reparador es decisivo para sentirnos bien, ser productivos, aprender, recordar, etc.

“El sueño es la cadena de oro que une la salud y nuestros cuerpos”. 

-Thomas Dekker-

niña pasando por las etapas de Sueño REM y sueño profundo
Aunque pases diez horas en la cama, si no consigues pasar un 13 % de ese tiempo en sueño profundo, al despertar te sentirás agotado.

Diferencias entre el sueño REM y sueño profundo

Nuestro descanso se divide en dos etapas: sueño NO REM, donde pasamos el 75 % del tiempo y sueño REM, que ocupa poco más del 25 %. Nos adentramos en esa arquitectura onírica con la primera, iniciando una pequeña fase de transición en la cual vagamos en esa frágil línea entre la vigilia y el sueño en la que es muy fácil despertarse.

Poco a poco, navegamos hacia esa segunda etapa, en la cual, nuestras ondas cerebrales se enlentecen y la temperatura corporal baja. Es en la tercera fase cuando nos acercamos, por fin, al umbral del sueño profundo. Es un periodo que dura entre 15 y 30 minutos en el que nuestros músculos están del todo relajados.  Las constantes vitales descienden dentro de la regularidad y resulta muy difícil que nos despierten.

A partir de este momento, y si nuestro descanso es sostenido, comenzaremos ya las etapas más decisivas del sueño. Conozcamos las diferencias entre el sueño REM y sueño profundo.

Cada uno aparece en una etapa diferente

El sueño profundo aparece en la cuarta etapa, la cual es conocida también como “la etapa de curación”. Es un momento clave de nuestro descanso, ya que es cuando nuestro cerebro lleva a cabo tareas de decisiva importancia. Se reparan tejidos, se restaura la energía celular al eliminarse compuestos, se inicia el trabajo de muchas de nuestras hormonas y se asientan los aprendizajes.

El sueño REM se inicia aproximadamente unos 90 minutos después habernos quedado dormidos. Se le llama también sueño paradógico porque el cerebro parece estar despierto, a diferencia del cuerpo, que permanece profundamente relajado. Asimismo, una característica nuclear de esta etapa es la aparición de los sueños.

La fase del sueño profundo es clave para limpiar el sistema linfático y eliminar las placas de beta-amiloide y las proteínas  asociadas con la enfermedad de Alzheimer.

Las ondas cerebrales también difieren

Lo señalábamos al inicio, una de las diferencias entre sueño REM y sueño profundo está en las ondas cerebrales. Mientras en este último hay una sincronización absoluta, el sueño REM se caracteriza por unas ondas cerebrales de menor amplitud y elevada frecuencia, muy parecidas a las que tenemos cuando estamos despiertos.  

Es en esa fase REM cuando se eleva tanto la presión arterial, el ritmo cardíaco y la respiración. Además, nuestros ojos se mueven rápidamente, sin necesidad de que estemos soñando o no…

Puedes vivir sin sueño REM, pero no sin el sueño profundo

¿Cómo sueles despertarte por la mañana? ¿Descansado y en forma o más bien agotado y sin muchas fuerzas? La calidad del descanso nocturno depende de si has podido pasar al menos un 13 % del tiempo en el sueño profundo. En caso de no ser así, pueden suceder varias cosas como las siguientes:

  • Mayor riesgo de desarrollar diabetes y enfermedades cardiovasculares.
  • Riesgo de sufrir alteraciones en la salud mental: estrés, ansiedad, depresión.
  • El hipocampo, esa región vinculada a la memoria, evidencia fallos. Nos cuesta asentar información nueva.
  • No tener un adecuado sueño profundo se traduce en cansancio y en dificultad para mantener la atención. Algo que afecta seriamente a nuestra calidad de vida.

Ahora bien, ¿y qué ocurre con el sueño REM? ¿Qué pasa si no alcanzamos esta fase? La investigación nos dice que la privación del sueño REM en humanos durante semanas, tiene pocos efectos. Es más, es interesante saber que las personas que toman antidepresivos ven restringido su sueño REM.

Trabajos de investigación como los realizados en el Centro de Investigación del Sueño de Surrey, Reino Unido, inciden en que este hecho se tolera bastante bien. Es decir, mientras la falta de sueño profundo tiene unos efectos altamente nocivos, no sucede lo mismo con el sueño REM.

El sueño REM estimula el sistema nervioso central: nos ayuda a prepararnos para el despertar.

Cerebro iluminado de azul representando las etapas de sueño REM y sueño profundo
Dentro de las diferentes fases del sueño, el sueño profundo es la etapa más decisiva para nuestra salud.

Sueño REM y sueño profundo: ¿cómo cuidar de ellos?

Un ciclo de sueño dura aproximadamente 90 minutos y lo normal y saludable, es tener entre cuatro a seis ciclos por noche. Ya sabemos que sueño REM y sueño profundo no son lo mismo, pero nuestro bienestar general depende sobre todo de tener el primero. También de disfrutar de un adecuado equilibrio entre todas esas etapas de la arquitectura del sueño.

Por tanto… ¿Qué podemos hacer para cuidar de que cada fase se cumpla y tengamos un buen sueño profundo? Estas serían algunas claves:

  • Mantener unas rutinas firmes: acostarnos y despertarnos a las mismas horas.
  • Evitar la exposición a los aparatos electrónicos dos horas antes de acostarnos.
  • Relajarnos con una ducha caliente antes de dormir.
  • Evitar los carbohidratos por la noche (dulces, arroz, pasta…)
  • Los expertos en higiene del sueño nos recuerdan que la temperatura ideal para dormir oscila entre los 18 y los 21º.

Para concluir, no descuidemos nunca el buen descanso nocturno. Dormir bien nos permite vivir mejor.

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