¿Te has preguntado «cómo estás realmente»?

26 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Te has preguntado hoy cómo te encuentras emocionalmente? ¿Te sientes ilusionado, triste, enfadado, tal vez? Sondearnos, saber cómo están nuestras emociones y conectar con las propias necesidades también es un valioso ejercicio de salud mental.

¿Cuánto tiempo hace que no te preguntas: «cómo estás realmente»? A menudo, las personas somos hábiles expertas en dejar pasar el tiempo mientras seguimos respirando a través de esa gruesa armadura que nos protege del mundo. Aparentamos ser criaturas invencibles, esforzándonos por no atender ni escuchar demasiado a ese ser interno que pide ayuda y que sufre.

Somos esa sociedad que se saluda con un «cómo estás» sin esperar respuesta del otro. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo atrevernos? Esa frase sirve como mera introducción a una conversación, así que hay que ser lo más asépticos posible y evitar a toda costa hablar de lo que duele, describir esas emociones y sentimientos que se arremolinan en nuestro interior.

Desarrollar esa valiosa capacidad de mirar hacia adentro y expresarlo después no es tarea fácil. Ayuda sin duda haber sido criado y educado con afecto, a través de esas miradas y esos rostros que sabían conectar con nosotros para saber qué nos ocurría y validar cada experiencia interna. Sentirnos libres para comunicar emociones desde niños y compartirlas genera un gran beneficio.

Sin embargo, esta habilidad no abunda en nuestros contextos sociales. Si hay algo que aprendemos de manera temprana es que «siempre hay que estar bien». Porque cuando uno regala sonrisas, ánimos y alegría, gusta más y la comunicación y las relaciones parecen más fáciles. Así que al final nos acostumbramos a sonreír a la fuerza, a aparentar normalidad olvidándonos del autocuidado emocional.

Chico preguntándose «cómo estás realmente»

«¿Cómo estás realmente?», la pregunta que deberías hacerte de manera regular

Lo problemático de hacer preguntas es que, a menudo, hallamos respuestas inesperadas. Aun así, pocos ejercicios son tan básicos y necesarios para el ser humano como preguntar y preguntarse, como cuestionar y cuestionarse. En materia de bienestar psicológico es imprescindible sondearnos de manera frecuente para identificar nuestro auténtico estado.

Al fin y al cabo, si nos preocupamos por el estado de nuestra piel o salud bucal, ¿por qué no hacer lo mismo en el área emocional? Preguntarte «¿cómo estás realmente?» no te hace perder tiempo, te hace ganar en fortaleza, en salud, en higiene mental. Aunque formular esa cuestión no deja de ser fácil, lo verdaderamente complejo viene después. Porque saber contestar implica dominar varias dimensiones. Las analizamos.

La valentía de dejar caer las defensas psicológicas

Cuando llevamos mucho tiempo descuidándonos, aparentando ser fuertes por los demás y solventes para poder llegar a todos nuestros objetivos cotidianos, cuesta bastante tomar contacto con nuestro auténtico ser. Por término medio, alzamos a su alrededor infinitas barreras y defensas psicológicas.

Por ejemplo, hacemos uso de la negación, ese truco mental casi infalible en el cual nos decimos cosas como «a mí no me causó ningún dolor terminar con esa amistad de toda la vida». Aplicamos también la racionalización: por ejemplo, «si me siento un poco más desanimado estos días es porque no me alimento muy bien y porque en el trabajo tenemos más presión».

Usamos también la protección, que no es otra cosa que el autoengaño, que el arte de quitar hierro o reprimir eso que nos duele, preocupa o molesta. Si de verdad deseamos tomar conciencia de cómo nos sentimos, hay que dejar caer todas esas barreras, esos mecanismos que nos impiden ver qué hay detrás.

Saber nombrar las emociones, el lenguaje de la vida

Las emociones son el auténtico idioma de la vida. Saber poner nombre a cada sensación, a cada realidad interna que experimenta el cuerpo y que invade nuestra mente, es clave de bienestar. Matthew Lieberman, profesor de psicología en la Universidad de California, nos indica que la forma en que etiquetemos esos estados de ánimo nos va a afectar. Por tanto, hay que hacerlo bien, ser competentes.

Por ejemplo, cuando te preguntes «cómo estás realmente» puede que te respondas «estoy triste». Sin embargo, a menudo detrás de la tristeza lo que hay es todo un crisol de emociones que desgranar: enfado, ira, frustración, decepción, miedo…

Tal y como nos explica el propio doctor Lieberman en un estudio, limitarnos a una sola o hacerlo de manera errónea, nos hará tomar decisiones poco útiles. Saber desgranar una a una todo ese cúmulo de realidades internas y etiquetarlas, nos permitirá tomar contacto con nuestras auténticas necesidades y actuar en consecuencia.

Pareja sentada hablando sobre «cómo estás realmente»

Deja que alguien adecuado te pregunte «cómo estás realmente»

A muchos no nos resulta fácil la tarea del autocuidado emocional. Por eso, a veces, es adecuado contar con alguien que nos entienda, que sea capaz de escuchar sin juzgar, de facilitar el diálogo que enhebra con las emociones, que las permite fluir sin miedos… Dejar que alguien adecuado te pregunte «cómo estás realmente» también está bien.

De hecho, es hasta recomendable cuando sentimos ese embotamiento mental en el que todo pesa y todo preocupa en exceso. Son esos instantes en que uno es consciente de que algo no va bien pero no sabe realmente qué es. En estas situaciones siempre es acertado contactar con un buen profesional. 

Sondearnos, establecer conversaciones con nosotros mismos, hallar mecanismos para liberar pensamientos y sentimientos es un ejercicio de salud mental en el que deberíamos emplear tiempos y esfuerzos. Saber cómo estamos es el único modo de darnos de lo que necesitamos, de convencernos para realizar esos cambios que revertirán en el propio bienestar. Tengámoslo en cuenta.

  • Lieberman, M (2007) Putting Feelings Into Words: Affect Labeling Disrupts Amygdala Activity in Response to Affective Stimuli. 2007 May;18(5):421-8. doi: 10.1111/j.1467-9280.2007.01916.x.