Tener actitud: ¿qué es?

Edith Sánchez · 29 diciembre, 2018
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 26 diciembre, 2018
Cuando se habla de tener actitud, en realidad se está hablando de tener determinado tipo de actitud. Más que un imperativo, esto podría ser un norte. Algunas actitudes nos facilitan la vida.

La expresión “tener actitud” se ha popularizado, sobre todo, cuando se habla de buen desempeño y logros. Aunque se asume que dicha expresión tiene un significado claro, es posible que no sea así para muchas personas.  Al fin y al cabo, la palabra “actitud” tiene un significado muy amplio. No obstante, todos tenemos una actitud, cualquiera que esta sea.

Ahora bien, ¿qué es actitud? El diccionario la define comoun estado de ánimo que se expresa de una cierta manera”. También le da otra acepción: “postura” y anota que esto se aplica tanto a personas como animales.

Pocas cosas en el mundo son tan poderosas como la positividad. Una sonrisa. Una palabra de optimismo y esperanza. Un tú puedes hacerlo cuando las cosas van mal”.

-Richard De Vos-

Diccionarios más especializados señalan que se trata de una “disposición nerviosa y mental”, que es resultado de las experiencias previas y que determina la forma de responder a cada acontecimiento de las personas responden. Como vemos, el significado de tener actitud no está nada claro, al igual que tampoco cómo cultivarla. Profundicemos. 

Tener actitud a secas

Existen cientos de definiciones para la palabra actitud. Quizás una de las más afortunadas y concretas es la de Solomon Asch: “Las actitudes son disposiciones duraderas formadas por la experiencia anterior. En ella, la palabra clave es “disposición” o inclinación.

Tal disposición es, en principio, cognitiva, afectiva y conductual. Esto quiere decir que involucra aspectos racionales y emocionales, que se traducen en acción. A esto habría que agregar que en la disposición o actitud, influyen también elementos inconscientes. Estos pueden coincidir con los factores conscientes, o no.

Entonces, en síntesis, la actitud es esa predisposición que tenemos hacia las personas, las situaciones y las cosas. En ese sentido, todos tenemos una o varias actitudes. No es posible ir por la vida sin actitud. Entonces ¿por qué se supone que tener actitud es una virtud propia solo de algunos?

Chico pensando mirando por la ventana

Los tipos de actitud

Cuando se habla de tener actitud, en realidad se está hablando de tener un tipo de actitud específica. No obstante, es conveniente mencionar que existen muchos tipos de actitudes y varias de ellas pueden estar en una misma persona, simultáneamente. De hecho, también es posible que dos diferentes actitudes coexistan, frente a un mismo objeto o situación.

Las actitudes se pueden clasificar en varios grupos: en términos afectivos, de acción, de motivación, de relación con los demás y de valoración de estímulos. Veamos esta clasificación con más detalle:

  • Actitud en términos afectivos. Puede ser positiva, negativa, o neutra. Positiva, si predominan emociones de aceptación frente a algo o alguien; negativa, cuando ocurre lo contrario. Y neutra, si no hay predominio de ningún afecto.
  • Actitudes de acción. Puede ser proactiva o reactiva. En el primer caso predomina la iniciativa y tendencia a actuar autónomamente. En el segundo, la pasividad y el conformismo.
  • Actitudes asociadas a la motivación. Se refiere a la intención con la que se actúa. Comprende las actitudes interesadas, cuando hay un objetivo individual a alcanzar; o altruistas, cuando se busca el bien colectivo.
  • De relación con los demás. Define el tipo de interacción que se establece con los otros. Esta puede ser: manipuladora, colaborativa, pasiva, agresiva, asertiva y permisiva.
  • De valoración de estímulos. Tiene que ver con la forma habitual de responder a los estímulos, tanto internos como externos. Puede ser racional o emotiva, según predomine la razón o las emociones.

Hombre caminando hacia una meta siguiendo la regla Goldilocks

La actitud como meta

Todos construimos nuestras actitudes hacia el mundo y hacia nosotros mismos, según nuestras experiencias previas. Por supuesto, lo ideal es que seamos positivos, proactivos, altruistas, colaborativos y racionales. A todo ese coctel, casi perfecto, es a lo que muchos llaman: tener actitud.

En realidad, no siempre es posible reunir todas esas actitudes loables. Tampoco se consigue mantener esa excelente disposición, en todas las situaciones y bajo todas las circunstancias. Sería razonable ver eso de tener actitud, como un propósito y un norte, no como una obligación constante.

Ahora bien, ¿en qué nos ayuda eso de tener actitud? Las actitudes que corresponden a esa expresión nos conducen a tener una vida más fluida. Contribuyen a evitar la aparición de conflictos y/o de obstáculos. También facilitan y enriquecen la relación con los demás y nos permiten cultivar la resiliencia. Por eso es bueno tenerlas en la mira.

Naranjo, C. (1990). La vieja y novísima Gestalt: actitud y práctica de un experiencialismo ateórico. Cuatro Vientos.