Tener ansiedad sin motivo, ¿es normal?

05 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Leticia Aguilar Iborra
¿Has sentido alguna vez ansiedad sin poder encontrar un hecho o fenómeno que la justificase? En este artículo vamos a explicar por qué podemos ser presas de esta experiencia tan desconcertante.

La ansiedad sin un motivo que la justifique es uno de los problemas más frecuentes por los que la población demanda especialistas en psicología. Es normal que en determinadas ocasiones el ambiente active el organismo para hacer frente a la situación. Sin embargo, hay ocasiones en las que no se identifican los factores causales de esta activación.

Las personas con ansiedad invierten tiempo y capacidad de análisis en intentar encontrar una explicación razonable para esta reacción del organismo, más cuando en una primera inspección no la han encontrado. Una incertidumbre que pasa a ser un altavoz para la propia ansiedad. Entonces, tener ansiedad sin motivo, ¿es normal?

“En nuestra sociedad, los individuos gastan millones de dólares al año para librarse de la ansiedad. El coste de las visitas a los médicos de atención primaria y la utilización de los servicios de salud, en general, por personas con trastornos de ansiedad es el doble de quienes no muestran tales trastornos, aún en el caso de que estos últimos presenten enfermedades orgánicas”.

-Barlow (2002)-

Mujer con ansiedad y dolor de cabeza

Características de la ansiedad

La ansiedad puede considerarse un estado de ánimo orientado al futuro, acompañándose de otras emociones como el miedo, la preocupación, etc. Estas características de la ansiedad hacen que el individuo experimente una serie de síntomas como los siguientes:

  • Aumento de la tensión muscular.
  • Micción frecuente.
  • Sensación de sequedad en la boca.
  • Sensación de mareo o vértigo.
  • Aceleración del ritmo cardíaco.
  • Presión en el pecho.
  • Dificultad para respirar.
  • Nudo en la garganta.
  • Sudoración excesiva.
  • Sensación de falta de control.
  • Etc.

Estos síntomas son los que dan forma en el plano físico a eso que conocemos como ansiedad. Uno de los fenómenos que el organismo comparte con otros animales es el de la activación por vías muy rápidas ante la percepción de peligro -activación del sistema nervioso simpático-. Por ejemplo:

“Imagina que abres la puerta de tu casa y te encuentras a un tigre hambriento. Lógicamente, tu primera respuesta va a ser el cerrar la puerta cuanto antes para ponerte a salvo. Es decir, tu sistema de activación ha generado una alarma en el organismo, la cual ha producido una respuesta de huida (ponernos a salvo)”.

La diferencia entre los animales y los seres humanos es que estos últimos han derivado la lógica de solución de problemas a sensaciones internas que son calificadas como peligrosas -dicho de otra manera, podemos tener la percepción de peligro, además de por la percepción de una amenaza, por cómo se está comportando nuestro cuerpo-. En ellas, entra la posibilidad de evaluar a emociones, pensamientos y sensaciones como peligrosos por ser desagradables. De ahí, deriva el tener ansiedad sin motivo.

Una manera lógica de resolver determinados problemas implica la realización de acciones a expensas de solucionar aquello que es motivo de problema. Sin embargo, hay ocasiones en las que esta lógica no funciona. Un ejemplo:

“Si no te gusta el color de una pared, la solución puede estar más o menos en tu mano: compras un color nuevo, haces una prueba de cómo quedaría en la pared y, si te gusta, pasas a pintar la pared entera. Si experimentas sensaciones de ansiedad, ¿qué estrategia llevarías a cabo?, ¿cuánto tiempo funciona?, ¿qué ocurre después?”.

Entonces, tener ansiedad sin motivo, ¿es normal o no?

La ansiedad algunas veces puede ser adaptativa: controla los problemas. No obstante, el exceso de miedo o ansiedad puede obstaculizar una acción efectiva. Cuando la ansiedad se convierte en patológica, ocurre que los individuos tienden a asociar las sensaciones desagradables con estados anormales, por no mencionar las situaciones y en los periodos del día en los que la ansiedad ocurre.

Esta asociación con circunstancias en las que la ansiedad ha ocurrido previamente, implica que se tenga la sensación de que la ansiedad aparezca sin motivo. Es más, no solo va a ocurrir en las mismas circunstancias asociadas, sino también en aquellas que compartan semejanzas de estímulos.

La paradoja de tener ansiedad sin motivo: ¿qué sucede entonces?

Los intentos de solución pueden convertirse en el problema si estos resultan infructuosos para controlar los estados de ansiedad. Esto implica la entrada en una espiral en la que los intentos de controlar la ansiedad quedan anclados en mismamente la ansiedad, formando parte del problema. Puede explicarse esto con el siguiente ejercicio:

“Ten en mente ahora mismo unos deliciosos bollitos de canela. Imagina su textura, su color, su olor recién salido del horno, su sabor…, concéntrate unos segundos en los bollitos de canela, ¿lo tienes?

Ahora bien, intenta eliminar esos bollitos de canela de tu mente. Cuando se te venga la imagen de los bollitos de canela, piensa en su lugar en un Ferrari… sigue así durante unos 30 segundos.

Ahora, haz el siguiente juego de los contrarios:

BLANCO –>

NOCHE –>

DULCE –>

FERRARI –>

Hombre con crisis de ansiedad

Tener ansiedad sin motivo es normal, son los intentos de control los que la convierten en un problema

Igual que has terminado asociando Ferrari con bollitos de canela, lo mismo ocurre con las situaciones que quedan asociadas a la ansiedad. Esta es una de las raciones por las que podemos tener la sensación de que la ansiedad ocurre sin motivo.

Un día estás en la playa contemplando una puesta de sol, disfrutando del momento, y en cuestión de segundos la mente puede recordarte que ahora mismo no estás experimentando ansiedad (un pensamiento que de manera paradójica puede hacer que tu sistema nervioso simpático se active).

Parece que ocurre sin motivo. Sin embargo, el cuerpo tiene memoria para las experiencias vitales (un flujo de recuerdos que no tiene que pasar necesariamente por la consciencia). Además, esas experiencias no pueden eliminarse al igual que un pájaro no puede desaprender a volar.

Lo importante es reconocer cuándo aparece el estado de ansiedad, conocer los síntomas que son característicos en uno mismo y, una vez aparecen, ser conscientes de lo que realizamos para su control y los costes que está teniendo en la vida. En cualquier caso, la opción de acudir a un especialista siempre será buena, en especial, si la ansiedad es constante e impide llevar las responsabilidades diarias.

Akiskal, H. S. (1985). Anxiety: definition, relationship to depression and proposal for an integrative model. In A. H. Tuma & J. D. Maser (Eds.), Anxiety and the anxiety disorders. Hillsdale, NJ: Lawrence Erlbaum Associates. Ayuso, J. L. (1988). Trastornos de angustia. Barcelona: Ediciones Martínez Roca Miguel-Tobal, J. J. (1996). La ansiedad. Madrid: Santillana Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés - SEAS (ed.). «Ansiedad normal y ansiedad patológica - ¿Las diferencias individuales en la reacción de ansiedad ante una misma situación indican patología?»