Tengo depresión, ¿y ahora qué?

20 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
La depresión, además de acarrear una serie de síntomas característicos, también puede dejar a las personas desoladas o dubitativas sobre qué hacer. En este artículo nos centramos en esos puntos en los que se apoya el propio trastorno para afianzarse y crecer.

Siendo España el cuarto país con más casos de depresión de Europa según la OMS, no es de extrañar que todos conozcamos a una persona con depresión. En este sentido, cuando una persona comienza a sentirse mal, no solo son relevantes los síntomas propios de la afección en cuestión —en este caso los síntomas depresivos—, sino también el desasosiego que el conocimiento del diagnóstico puede causar.

Por otro lado, tanto si se ha recibido un diagnóstico como si no, las personas que comienzan a tener síntomas depresivos pueden asustarse ante sus conductas, cogniciones y reacciones. En este artículo presentamos claves que pueden ayudarnos a comenzar nuestra batalla contra la depresión y salir victoriosos. 

Mujer preocupada con miedos

La depresión no es ni una enfermedad ni incurable

Lo más importante para hacer frente a un trastorno depresivo es saber que necesitamos que la persona quiera salir de ella. Su disciplina va a tener que ser mayor que la de tomar uno u otro medicamento y esperar.

Los psicofármacos, en ciertos casos, pueden ser muy útiles si se combinan con una terapia psicológica, pero ahí está la clave. La terapia, si decidimos acudir a ella, puede ser la herramienta más potente que tengamos para comenzar a sentirnos mejor y alejarnos de la desesperación, tristeza o apatía. Por ello, la terapia es también un mensaje esperanzador para aquellas personas con depresión, puesto que funciona.

Desde diferentes corrientes psicológicas, se plantean opciones que han sido validadas científicamente, probadas experimentalmente y que se postulan como eficaces para tratar la depresión. Desde la activación conductual que propone la terapia de aceptación y compromiso o la terapia racional emotiva de Ellis de la cognitivo-conductual existen herramientas que útiles.

Por ello, aunque no lo sintamos como tal, es importante saber que se puede salir del bucle depresivo y que no se tiene por qué hacer solo: el psicólogo conoce las herramientas y será un trabajo de ambos.

Las ganas se crean, no aparecen solas

Uno de los síntomas más notables de la depresión es el abandono de las actividades con motivación intrínseca. Actividades que antes gustaban son dejadas de lado sin ser sustituidas, de manera que la persona va perdiendo poco a poco esas fuentes de emociones positivas.

La ausencia de motivación o deseo es un factor importante: anestesia la iniciativa y pone a prueba la voluntad. La persona con depresión se siente sin fuerzas y por eso intenta economizar lo máximo posible. No obstante, siendo esto herencia del modelo de pensamiento en el que se nos ha educado, lo cierto es que las ganas se pueden generar. Que estas no existan, no quiere decir que aquello que hagamos no deba ser hecho.

Si una persona ha perdido las ganas por pasear con su perro todas las mañanas, es importante tener en cuenta que determinadas actividades se pueden seguir haciendo «sin ganas», precisamente para generar «ganas». Seguramente, después de ese paseo nos sintamos mejor; un estado de ánimo que arrastraremos a la siguiente actividad, que pasará a costarnos menos.

Nuestra mente no siempre protege nuestros intereses

Las personas con depresión pueden notar como sus pensamientos han cambiado. Estos pueden ser más duros, más desesperanzadores o más tristes. Pueden inundar nuestro diálogo de locuciones que nos hacen mucho daño.

Sin un tratamiento —por ejemplo, un trabajo de reestructuración cognitiva— es complicado darse cuenta de que esos pensamientos están ahí, pero sobre todo de desarticularlos y quitarles validez. Como eso sería algo a tratar en terapia —algo que se recomienda encarecidamente iniciar—, no se espera que la persona con depresión sepa hacerlo sola. De hecho, no tiene por qué.

Hasta que ese trabajo sea realizado, es muy importante mantenerlos a raya. No hay que creer todo aquello que diga nuestra cabeza, aunque parezca que tiene razón. Pensamientos como “no le importo a nadie”, “no valgo para nada”, “no puedo seguir” son pensamientos irracionales que no hacen más que minar nuestro autoconcepto.

Como muchas veces no podemos evitarlos, es de vital importancia contar con estrategias que nos permitan ignorarlos. En este sentido, funcionan muy bien las estrategias distractoras guidas por la actividad.

Ayudar sin saber como ayudar

Uno de los factores más importantes para el tratamiento de la depresión es tener un círculo social denso y valioso de apoyo. La parte negativa es que es la propia depresión la que suele erosionar este círculo de apoyo, de manera que en muchas personas vemos como, a medida que se sumergen más y más en la depresión, este reduce su área.

En muchas ocasiones, las personas intentan ayudar. Prueban y no ven reflejo en el otro, de manera que terminan abandonando. Ya no disfrutan de su compañía, se siente impotentes al no saber cómo ayudar, por lo que se terminan retirando.

Por eso es tan importante que si formamos parte de este círculo de una persona con depresión, nos mantengamos en nuestro lugar. La intervención, igual que la evaluación, la tiene que dirigir un profesional.

Mujer apoyando a hombre que piensa en el suicidio

La terapia psicológica como opción inicial y principal

Algunas veces da pereza. A veces da miedo. Algunas veces faltan las ganas o no se “cree en la psicología”. De una forma o de otra, la depresión conforma un estado anímico general y persistente del que se puede salir.

Aunque hay veces que existe una remisión espontánea, lo cierto es que hay personas que pueden convivir con una depresión muchísimos años. Otras, toda su vida. Esto no significa que esa depresión no pueda ser trabajada, pero que quizás nunca ha sido confrontada con una intervención dirigida, adaptada y especializada.

Aunque son ejemplos muy diferentes, no podemos esperar curar una leucemia sin ir al médico; podemos esperar a ir al dermatólogo si la mancha en nuestra piel crece, pero en este caso el tiempo que dejemos correr jugará en nuestra contra. Lo mismo ocurre con los trastornos psicológicos.

Por ello, aunque pensemos que no estamos tan mal como para ir a terapia, que no merece la pena o que no va a servir nada, es mejor prevenir que curar, y trabajarla a tiempo para que la depresión no se convierta en una bola de nieve.

Si los recursos personales lo permiten, la terapia puede ser el primer paso para vencer la depresión y comenzar un trabajo bien orientado por personas que se han formado para poder ayudar en estos casos. Se trata de dirigir esas fuerzas que todavía no se ha llevado la depresión hacia lugares que nos devuelvan el control y al sensación de bienestar.

  • Ayuso Mateos JL. [Depression: a priority in public health]. Med Clin (Barc) 2004; 123, 5:181-6.