Terapias de choque: beneficios y riesgos

Edith Sánchez · 26 diciembre, 2017

La etiqueta de terapias de choque engloba a distintas terapias que son muy diferentes entre sí. Lo que tienen en común, como el nombre anuncia, es que producen un impacto fuerte. Hablamos de un estímulo que debe ser capaz de inducir un cambio en la persona expuesta al mismo.

Al parecer, fueron los antiguos griegos quienes primero experimentaron con las terapias de choque. Se sabe que le aplicaban algo de ese estilo a quienes presentaban un elevado estado de agitación. Hay referencias de que tal ansiedad se trataba induciendo ahogos. De ahí se estableció el cuestionable principio de que una experiencia emocional fuerte es capaz de borrar otra anterior problemática.

El temor agudiza los sentidos. La ansiedad los paraliza”.

-Kurk Goldstein-

Las terapias de choque propiamente vienen de la psiquiatría. Primero se instituyeron las terapias de choque insulínico y con cardiazol. Aparentemente, la administración de una sobredosis de esas sustancias causaba mejoras en los síntomas de los pacientes mentales. Más adelante se introdujeron los electrochoques, un tipo de tratamiento altamente controvertido, pero que aún se utiliza en la actualidad.

Con el tiempo han ido apareciendo diferentes técnicas que se llaman a sí mismas terapias de choque. Implican desde caminar sobre brasas ardiendo hasta el anuncio público y a rostro descubierto de los fallos individuales. En todos los casos el principio es el mismo. Esto es, exponer al paciente a una experiencia emocional muy intensa para provocar cambios en su conducta.

Algo de historia sobre las terapias de choque

No es fácil evaluar la pertinencia y la eficacia de las terapias de choque. Es claro que cuando una persona se somete a una experiencia que raya en lo traumático, obviamente tiene que cambiar. La pregunta es si ese cambio realmente resuelve el problema que se quiere corregir o si, en caso de hacerlo, ese cambio es duradero.

Mujer con psicosis

Hay varios aspectos controvertidos en la historia de las terapias de choque. Comenzaron a usarse formalmente para tratar las enfermedades mentales en el Siglo XVI. Los datos que apoyan su eficacia no resultan muy confiables, ya que esta información nunca se sistematizó ni se trató de forma estrictamente científica.

Más adelante, Ugo Cerletti, un neurólogo italiano, hizo una curiosa observación. Detectó que a los cerdos les aplicaban electricidad para que fueran más dóciles antes de llevarlos al matadero. Ahí tuvo la idea de que una práctica similar podría ser aplicada a los humanos. Así nacieron los electrochoques.

Beneficios y riesgos de las terapias de choque

Las terapias de choque clásicas siguen existiendo y también siguen causando controversias. Para muchos, lo que hacen es inducir un daño cerebral. Con ello, algunos estados de agitación psicótica desaparecen. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, por no decir en todas, el precio es demasiado alto.

Existen casos documentados en los que estas terapias de choque han provocado lesiones permanentes o paros cardio-respiratorios. En otras palabras, pueden llevar a la muerte. También hay referencias de personas que han quedado en estado vegetativo después de estos procedimientos.

Los electrochoques se siguen utilizando principalmente para casos de depresión profunda. Hay un buen número de personas en el mundo que aseguran haberse visto beneficiadas por estos procedimientos. Es posible que esto sea así. También es probable que un paciente asuma dichos tratamientos como un severo castigo y por ello inhiba ciertas conductas que los médicos no desean que presente. En cualquier caso, la polémica está servida.

mujer en las terapias de choque

Las terapias de choque y la psicología

Ahora bien, hay una forma de terapias de choque que son mucho más inofensivas. Las utilizan los psicólogos principalmente para tratar las fobias. De lo que se trata en este caso es de exponer al paciente, de forma directa, a sus propios miedos. Se le presiona para que lo haga, pero al mismo tiempo se le acompaña.

Quienes han sido tratados con este tipo de terapia refieren que llegan a experimentar una verdadera agonía antes de exponerse al miedo que los atormenta. Sin embargo, cuando lo logran y no escapan, ocurre todo lo contrario. Se llenan de bienestar y de gran confianza en sí mismos. Por lo general, si hablamos de terapia de choque -también existe la exposición progresiva-, solo es necesario que lo hagan una vez para que la fobia desaparezca.

Ir al psicólogo

Como en todo lo humano, también en este caso no se puede decir la última palabra. En la psicología no hay nada que pueda considerarse como verdad absoluta. Cada persona es un mundo. Lo que es beneficioso para alguien, podría ser desastroso para otra persona. Así que ni las terapias de choque ni otro tipo de tratamientos deben decidirse sin que de manera previa se haya realizado una evaluación profunda del caso que se pretende tratar.