El termómetro de las emociones

El termómetro de las emociones es una herramienta que te permitirá trabajar con los más pequeños la identificación, expresión y regulación emocional. ¡Te contamos cómo usarla y por qué es tan útil!
El termómetro de las emociones
Laura Ruiz Mitjana

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana el 22 mayo, 2021.

Última actualización: 22 mayo, 2021

Entender las emociones desde bien pequeños resulta imprescindible para entender cómo somos, qué estamos sintiendo y cómo nos podemos autorregular. Una herramienta para trabajar estos aspectos tan importantes en la infancia es el termómetro de las emociones.

En este artículo te contamos en qué consiste, cómo utilizarlo y por qué puede beneficiar a los más pequeños. Como veremos, se trata de una herramienta que podemos personalizar con ellos y que nos permitirá trabajar aspectos como la identificación de emociones y la regulación emocional.

El termómetro de las emociones: ¿qué es?

El termómetro de las emociones o termómetro emocional es una actividad muy útil para trabajar las emociones, ya sea con niños o adolescentes. No obstante, se utiliza sobre todo con niños y con personas con discapacidad intelectual.

Se trata de una escala visual que gradúa la intensidad de nuestras emociones y que se apoya en imágenes, dibujos, fotografías o emoticonos. Podemos personalizarlo a nuestro gusto y adaptarlo a la edad o al colectivo con el que queramos trabajar.

Psicóloga con niña en terapia

¿Para qué sirve?

Se trata de una herramienta muy útil en terapia infantil o en educación infantil. Puede resultar muy útil para aquellos niños a los que les cuesta definir cómo se sienten y cuantificar la intensidad de sus emociones.

Así, permite identificar, etiquetar y expresar emociones, por un lado. Por el otro, nos ayuda a graduar la intensidad de las emociones que siente el niño, hasta llegar al punto de “no retorno” (enfado), en una escala de 1 a 5, normalmente. Cada número es una emoción.

Escala de emociones: del 1 al 5

De esta forma la escala incluye, normalmente, cinco emociones. La primera es una cara feliz y la última una cara enfadada. Entre medio, emociones intermedias o más “neutras” o leves, que van de un estado emocional (alegría/felicidad) a otro (enfado).

La idea es identificar en qué punto se encuentra el niño y enseñarle estrategias para gestionar la ira. Para tener una idea orientativa, podemos incluir las siguientes emociones (a escoger), en una escala de menos a más intensidad:

  • Felicidad / alegría.
  • Aburrimiento / duda / ligera inquietud.
  • Molestia (inicio del enfado).
  • Rabia
  • Ira, enfado (mayor intensidad) (el “punto de no retorno”).

¿Quién se beneficia especialmente de esta herramienta?

Aunque es una herramienta beneficiosa para todo tipo de personas, lo cierto es que está pensada sobre todo para niños pequeños. Se sabe que los apoyos visuales y las imágenes son de gran ayuda para los niños, especialmente cuando no saben expresar ciertas situaciones o emociones o cuando tienen dificultades para gestionar la ira.

Por otro lado, el termómetro de las emociones puede resultar especialmente beneficioso para aquellas personas que no pueden comunicarse de forma verbal (por ejemplo, las personas con una discapacidad intelectual o con un trastorno del espectro del autismo).

Los niños que tienen dificultades para hablar de emociones, ya sea a la hora de identificarlas, etiquetarlas, etc., también se pueden beneficiar mucho de esta herramienta. En el caso de los adolescentes con características similares también puede resultar interesante utilizarla.

Tipos de termómetro de las emociones

Esta es una herramienta creativa, que se puede diseñar a través de plantillas o imágenes de internet. Pero el toque final lo daremos nosotros, que podremos adaptar la técnica a nuestros intereses.

Existen diferentes tipos de termómetro de las emociones. Podemos encontrar, por ejemplo, termómetros diversos según si utilizan:

  • Fotografías.
  • Imágenes.
  • Dibujos.
  • Emoticonos.
  • Caras reales.
  • Etc.

¿Cómo utilizar el termómetro de las emociones?

Existen un par de pasos imprescindibles que nos pueden ayudar a sacarle el máximo beneficio a esta herramienta. Así, resulta fundamental realizar estas dos pequeñas acciones:

Comenta cada imagen o dibujo con el niño

Una vez tengas diseñado tu termómetro de las emociones, pregúntale al niño qué ve en cada imagen, dibujo o emoticono que hayas seleccionado. El objetivo es que etiquete y describa, con sus propias palabras (y con ayuda si la necesita), cada emoción o estado.

Madre e hija con dibujos

Decidid el “plan de acción contra la ira”

La última emoción del termómetro de emociones, la más “caliente”, es la ira, la rabia o el enfado. Otro paso importante a la hora de utilizar esta herramienta con el niño es decidir juntos qué estrategias podrá utilizar en caso de llegar a ese estado de enfado.

Es importante hacerle saber que es lícito y válido sentir ira o rabia, pero que la manera para expresar esa rabia tiene que ser adecuada. Las estrategias a utilizar son múltiples. Algunas ideas son:

  • Respirar de forma profunda.
  • Contar hasta 10.
  • Cambiar de lugar / ir a la habitación a estar solo.
  • Escribir lo que le ocurre.
  • Practicar la técnica de la tortuga.
  • Cambiar de juego (en caso de que está jugando con algún compañero).

El termómetro de las emociones puede convertirse en una herramienta divertida para los niños. Puedes probar a que sean ellos mismos quienes la diseñen, ya que así se sentirán parte del proceso.

Por ejemplo, la pueden decorar a su manera o utilizar fotografías de su propia cara expresando diferentes emociones. Así, durante la creación de la misma podemos aprovechar también para trabajar otros aspectos emocionales y otras habilidades.

¿Crees que el termómetro de las emociones puede resultar útil? ¿Cómo lo trabajarías tú? Las ideas propuestas son orientativas, aunque cada uno deberá adaptar la técnica a sus niños y a sus necesidades.

“Al igual que los niños, las emociones sanan cuando son escuchadas y validadas”.

-Jill Bolte Taylor-

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  • Salguero, M. J. C. (2011). Importancia de la inteligencia emocional como contribución al desarrollo integral de los niños/as de educación infantil. Pedagogía magna, (11): 178-188.