The White Lotus: ¿a qué se debe el éxito de esta serie?

Sarcástica, inteligente y hasta operística. "The White Lotus" es una serie que no deja indiferente a nadie, hasta el punto de que es muy fácil detestar a más de algún personaje. Aunque todos son el reflejo de esos recovecos más burdos y oscuros del ser humano. 
The White Lotus: ¿a qué se debe el éxito de esta serie?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 25 diciembre, 2022

Si Agatha Christie fuera ahora una milenial adicta a las series, hubiera disfrutado del último éxito de HBO. Ese en el que unos ricachones pasan sus vacaciones en idílicos resorts. En esta producción televisiva se aglutinan muchas de esas pinceladas que la célebre escritora nos regaló. Es un reflejo mismo de la propia sociedad y, cómo no, siempre acontece alguna trágica muerte inesperada.

Es cierto, The white lotus tiene mucho de operístico, es una producción que muchos adoran y que unos pocos no soportan por sus personajes llevados a menudo al límite de la superficialidad. Sin embargo, en esto mismo consisten las sátiras, en ser un reflejo a menudo exagerado e incómodo de tropos reales que todos sabemos reconocer.

Su guionista, Mark White, tiene una escritura inmaculada y rara vez da puntada sin hilo. Sabe arrancarnos risas y repulsas, fascinación y hasta desprecio. Puede ir de lo poético a lo hilarante en solo un par de segundos. Estamos ante una serie con numerosos premios Emmy y que tanto la audiencia como la propia crítica han encumbrado.

Sin embargo… ¿A qué se debe esa fascinación?

“Todos nos entretenemos mientras el mundo arde”.

-The white lotus, segunda temporada-

escena de The White Lotus
En The White Lotus no hay ni héroes ni villanos, son personajes que aglutinan luces y sombras, de ahí nuestro interés.

The White Lotus: a todos nos gusta mirar

The white lotus cuenta con dos temporadas y el argumento casi siempre es el mismo: las vacaciones de un grupo de millonarios. La primera se desarrolló en un resort de Hawái. En ella, fuimos testigos de la impronta de esa alta sociedad blanca dominada, inconscientemente, por el clasismo y hasta por el imperialismo. Todo ello trazó una serie de microhistorias que terminaron en drama.

En esta segunda temporada viajamos hasta la exuberante Sicilia, donde la cadena hotelera cuenta también con otro distinguido hotel. En esta ocasión, el foco argumental se sitúa en la anatomía de la sexualidad y las relaciones afectivas en todas sus formas. El modo en que se abordan los claroscuros de los vínculos humanos resulta tan revulsivo, como divertido a la vez. Aunque la incomodidad es ese eterno leivmotiv, que nos acompaña en cada personaje, en cada historia y situación.

Vidas mimadas que observamos con morbosidad

The white lotus alimenta una de las pulsiones humanas más poderosas: la curiosidad. A la mayoría de la gente le fascina poner la mirada en la cerradura para saber cómo viven los ricos. El dinero no solo les otorga poder, sino que les permite ocupar espacios que para la mayoría son inaccesibles. Como telespectadores, nos convertimos de pronto en mirones de sus intimidades y sus dramas.

En el momento en que esa cortina se descorre para nosotros, somos testigos de situaciones y vivencias de lo más burdas. Uno de los personajes más destacables y paradójicos es Tanya McQuoid. Es una mujer de mediana edad que heredó la fortuna de su padre y que arrastra consigo tantos traumas como ceros tiene su cuenta corriente.

Estrambótica, despistada, malcriada, manipulable y trágica, solo parece tener una necesidad en la vida: ser amada. A lo largo de las dos temporadas la vemos cometer hechos despreciables, tomar malas decisiones y ser el ejemplo más vívido de la superficialidad. Y a pesar de ello se convierte, con diferencia, en uno de los personajes favoritos del público.

Los ricos también lloran y son infelices

La serie de Mark White satisface una de esas preguntas que siempre nos hacemos: ¿cómo sería nuestra vida si el dinero no fuera un problema? Lo primero que descubrimos con The White Lotus es que el dinero no da la felicidad, sino que nos deja con parte de los problemas de siempre.

Ejemplo de ello es el campo del amor. Si hay algo que sabemos sobre las vacaciones es que son un periodo clásico para que surjan los problemas con las relaciones. En esta segunda temporada conocemos a dos parejas jóvenes que han decidido (a regañadientes) compartir juntas esos días en el resort de Sicilia.

Con esos cuatro personajes se desvela, capa a capa, el peso de las infelicidades, la sexualidad, la desconfianza y la complejidad moral. Es importante señalar que en esta serie todos los personajes nos resultan héroes y villanos a la vez. Ninguno es ejemplo de virtud, pero a pesar de esos recovecos de oscuridad, es fácil empatizar (o al menos comprender) a cada uno de ellos.

The White Lotus nos invita a la comparación social. Vemos las vidas de los millonarios para descubrir que compartimos con ellos unos mismos dramas y necesidades.

escena de The White Lotus
Aunque todos los personajes de The White Lotus son cuestionables, todas sus historias nos resuenan.

Personajes que, a pesar de todo, sobreviven

En The White Lotus el desastre y el caos se perciben a cada instante. A menudo anticipamos roturas de relaciones que, al final, no suceden. Atisbamos desastres y posibles muertes que, no llegan a materializarse. Cuando la mayoría de los protagonistas dejan el resort lo hacen un poco mejor de como llegaron. Hay aprendizajes y descubrimientos que se llevan en la maleta.

Asimismo, más allá de esos personajes superricos, están los menos afortunados que intentan obtener beneficios de los primeros. En esta segunda temporada conocemos también a dos jóvenes scorts, Lucía y Mia, que salen victoriosas tras llevar a cabo un sutil, pero hábil engaño. Sin embargo, quienes trataron de embaucar a Tanya McQuoid, no salen tan bien parados.

Porque, como hemos señalado al inicio, a Agatha Christie le fascinaría esta serie. Aunque la mayoría de protagonistas sobreviven y vuelven a sus ostentosas, pero vacías existencias, siempre hay una muerte.

El drama es esa mancha que, como en la vida, enturbia la belleza de todo escenario idílico recordándonos, no solo lo fútiles que somos las personas. También la propia muerte es producto de los más irónicos de los azares…

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