Thomas Quick, el Hannibal Lecter de Suecia

Edith Sánchez·
31 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
29 Julio, 2020
Thomas Quick fue comparado con Hannibal Lecter porque confesó delitos que incluían canibalismo. Sin embargo, lo más asombroso de su historia lo encontramos en su desenlace.

Con más frecuendia de la esperada, la realidad supera la ficción. Hay historias que sorprenden y fascinan. Por alguna razón, el ser humano siente especial atracción por aquellas historias que involucran a asesinos en serie que han sido capaces de las mayores atrocidades que nos podamos imaginar.

Thomas Quick se dio a conocer como un asesino que practicaba el canibalismo, por ello, fue apodado como el Hannibal Lecter sueco. Sin embargo, su historia escondía un trasfondo todavía más enigmático e intrigante que los propios crímenes que había confesado…

Thomas Quick pensativo

Thomas Quick, sus inicios

La historia de Thomas Quick se divide en tres partes. En la primera, su nombre era Sture Ragnar Bergwall, un hombre nacido en Suecia en el seno de una familia profundamente religiosa y con valores insobornables. Corría el año 1950.

Bergwall se convirtió en la “oveja negra de la familia. Para comenzar, era homosexual, algo absolutamente inaceptable para sus padres porque contrastaba con sus valores profundamente religiosos. No solo lo consideraban un pecado, sino un crimen. Por ello, este hombre creció reprimiendo sus inclinaciones sexuales.

“El delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca”.

-Víctor Ruiz Iriarte-

Durante su adolescencia, comenzó a beber alcohol y a consumir drogas. También empezó a molestar a los niños y hasta estuvo implicado en un caso de abuso sexual cuando tenía 19 años. Siempre quería hacerse notar porque, de alguna manera, sentía que era invisible para su familia.

Acciones audaces

Cuando Sture Ragnar Bergwall tenía 41 años, en 1991, entró a un banco disfrazado de Papá Noel y trató de atracarlo. Únicamente llevaba un cuchillo, pero estaba desesperado por conseguir dinero para comprar drogas. El asalto se frustró y fue detenido por la policía, que lo llevó a prisión.

Durante la investigación, el hombre involucró al que por aquel entonces era su mejor amigo, y este también fue llevado a prisión. Debido a esto, todos sus conocidos le dieron la espalda y Bergwall se quedó prácticamente solo en el mundo. Además, pidió de forma voluntaria ser trasladado a una prisión psiquiátrica, deseo que le fue concedido.

¿Por qué lo hizo? Al parecer, consideró que allí le sería más fácil obtener psicoactivos similares a los que usaba normalmente. En el psiquiátrico, entró en contacto con un grupo de profesionales liderado por Margit Norell, una famosa psicoterapeuta que estudiaba la mente criminal.

Thomas Quick, un nuevo personaje

Cuando Bergwall entró al psiquiátrico, comenzó a escribirse la segunda parte de su historia. De un momento a otro comenzó a hablar acerca de los crímenes que había cometido, los cuales aparentemente no recordó hasta que llegó al hospital y comenzó la psicoterapia.

Dijo que había cometido su primer asesinato a los 14 años y que su víctima había sido un joven llamado Thomas Blomgren. Señaló que, desde entonces, había adoptado el nombre de Thomas, en homenaje a quien había violado y asesinado. Posteriormente, había comenzado a usar el apellido Quick, que era el de su madre, dándose a conocer como Thomas Quick.

En total llegó a confesar la autoría de 38 asesinatos. Varios de ellos incluían violaciones, descuartizamientos, mutilaciones y canibalismo. Los psiquiatras estaban aterrados y a la vez fascinados con la historia de Thomas Quick. Era el prototipo perfecto del asesino en serie y una gran oportunidad para avanzar en sus investigaciones.

El Hannibal Lecter de Suecia

Cuando la prensa se enteró del caso, hubo páginas enteras dedicadas a Quick. Nadie podía creer que un ser tan malvado hubiera pasado desapercibido por tantos años. La gente estaba horrorizada y comenzaron a llamaron el Hannibal Lecter de Suecia, en recuerdo del personaje de la película El silencio de los corderos.

Thomas Quick seguía entregando detalles y pormenores de sus crímenes. La policía se involucró en el caso y el hombre cooperó informando acerca de los lugares en los que había enterrado a sus víctimas, pero los agentes no encontraban nada cuando iban allí. Se llegó a pensar que, en medio de su evidente trastorno mental, jugaba con ellos.

Durante el juicio que se le siguió, Thomas Quick habló de una niña asesinada en 1988. Dijo que le había fracturado el cráneo con una piedra y señaló el lugar de los hechos. Cuando la policía fue allí, encontró un pedazo de hueso. Por fin había una prueba. Por este crimen y otros siete, finalmente, fue condenado.

Thomas Quick

Un final inesperado

La tercera parte de esta historia es la más interesante y sorprendente. Todo comenzó cuando los periodistas Hannes Råstam y Jenny Küttim iniciaron una investigación del caso. Había piezas sueltas, algunas piezas del rompecabezas que parecían no encajar del todo con los relatos de Quick. Además, los padres de una de las víctimas rechazaban la versión de que Thomas Quick había matado a su hijo; pues habían identificado a otro sospechoso desde hacía tiempo.

En otras historias sucedía lo mismo: existían vacíos que no terminaban de completarse y nada parecía cobrar sentido. Los periodistas examinaron el caso con máximo detalle y, finalmente, concluyeron que no existía ni una sola prueba que incriminara a Quick. El famoso trozo de hueso humano no era más que un pedazo de madera y plástico.

Los reporteros visitaron a Thomas Quick en varias oportunidades y, tras insistirle, el hombre confesó que lo había inventado todo. Engañó a los psiquiatras y a los policías porque así obtenía más atención, privilegios y también más psicoactivos. Este caso es uno de los más grandes errores judiciales del Estado sueco, que finalmente exculpó a Quick.

En definitiva, se trata de un caso que todavía causa asombro y que, por supuesto, se ha llevado al cine. Todavía hoy nos preguntamos cómo alguien pudo adueñarse de crímenes tan atroces y, de hecho, obtener beneficio de ellos.

Oiharbide, M. H., Lasa, N. B., & Manterola, A. G. THOMAS QUICK: CASO DE CONSTRUCCIÓN DE UN ASESINO EN SERIE.